¿Sabía que puede invertir en palta o arándano sin ser agricultor? Así funciona el nuevo modelo agroexportador que gana terreno en Perú

Las agroexportaciones peruanas superaron los US$1.330 millones solo en enero de 2026, impulsadas por productos como la palta y nuevos cultivos emergentes, según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego

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palta hass peruana
Los proyectos agrícolas peruanos ofrecen contratos renovables de hasta 15 años, donde la empresa gestiona la producción y el inversor recibe rendimientos.

Invertir en agroexportación ya no es solo para grandes empresas. En los últimos años, un nuevo modelo ha comenzado a atraer a personas que buscan alternativas para multiplicar sus ingresos: se trata de la adquisición o arriendo de terrenos agrícolas para que una empresa especializada los cultive, exporte la producción y reparta las utilidades con el inversionista.

Uno de sus mayores atractivos son los márgenes de ganancia: en algunos proyectos, como los que cultivan pitahaya, quienes participan pueden recuperar entre el 70% y el 75% de su inversión inicial en el primer año productivo y empezar a percibir utilidades líquidas a partir del tercer año.

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Según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), el sector agroexportador peruano alcanzó más de US$1.330 millones en enero de 2026, con un crecimiento interanual de 8,4%. Productos como la palta y cultivos emergentes como la pitahaya lideran el impulso de esta tendencia, que suma cada vez más actores y se diversifica hacia nuevos mercados.

Cómo opera el modelo: del terreno a la exportación

De acuerdo con Diego Pajuelo, gerente de Megaproyecto Pachamama, el funcionamiento es sencillo y busca democratizar el acceso a la agroexportación.

Empresas privadas adquieren grandes extensiones de tierra agrícola en la costa o sierra peruanas -antes estudian el clima y buscan potenciales compradores en el exterior- y las dividen en lotes de diferentes tamaños, que pueden ir desde 1.000 hasta 3.000 metros cuadrados.

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pitahaya
El esquema de inversión agrícola garantiza al inversor el derecho sobre el terreno, incluso si la empresa operadora deja de funcionar, según los contratos.

Por ejemplo, estos lotes pueden ofrecerse a inversionistas con montos iniciales que rondan los 80.000 - 100.000 soles por 1.000 metros cuadrados, aunque la cifra puede variar según el proyecto y la zona.

El pago se suele estructurar en dos partes, explica Pajuelo: la mitad o una parte se abona al inicio y el saldo se descuenta, año a año, de las utilidades que se logran con la venta de las cosechas en el extranjero.

El experto explica que el atractivo de este modelo está en que el inversionista no necesita tener experiencia agrícola ni involucrarse en la gestión del campo.

Y es que la empresa operadora asume el trabajo integral: desde la preparación del terreno y la siembra, hasta la contratación de personal, manejo técnico, cosecha, certificaciones y exportación.

Qué se cultiva y cómo se eligen los productos

El segmento en el que juega Pachamama, explica, es dinámico y permite trabajar con cultivos de alta demanda internacional como pitahaya, palta, arándano, maracuyá y tara, entre otros.

La elección depende de la viabilidad técnica del terreno, la demanda de los mercados de destino y la posibilidad de obtener certificaciones fitosanitarias.

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Los cultivos elegidos para agroexportación dependen de la viabilidad técnica, la demanda internacional y las certificaciones fitosanitarias.

Algunos proyectos, como los de pitahaya, ofrecen incluso esquemas de pago flexibles, donde parte de la inversión inicial puede financiarse y pagarse con las futuras cosechas.

Pajuelo destaca que la pitahaya tiene un mercado creciente en Europa y Asia, mientras que la palta hass es uno de los productos más estables y consolidados en la canasta exportadora peruana.

Además, la diversidad de cultivos permite además mitigar los riesgos que pueden surgir por la variabilidad de precios internacionales o problemas sanitarios.

Plazos y márgenes: cómo y cuándo se recupera la inversión

El modelo promete rendimientos superiores a los de otras alternativas tradicionales. El inversionista suele recuperar entre el 70% y 75% de su inversión inicial tras la primera cosecha, y el resto durante el segundo año.

A partir del tercer año, las utilidades que recibe el inversionista ya son líquidas, es decir, descontados todos los gastos operativos, administrativos, logísticos e impuestos.

El contrato habitual es de 15 años, renovable. Durante ese tiempo, la empresa se encarga de toda la gestión agrícola y comercial. El inversionista recibe informes y rendimientos según lo estipulado, sin necesidad de participar en el trabajo de campo.

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Con todo, el sector agroexportador enfrenta riesgos por la solvencia de la empresa gestora, fluctuaciones de precios internacionales y factores climáticos.

Cláusulas de seguridad y riesgos a considerar

Uno de los puntos que más consultan quienes evalúan este modelo es la seguridad del negocio. Los contratos suelen incluir la formalización del derecho de uso o de propiedad del terreno, la obligación de la empresa operadora de gestionar el cultivo y la liquidación transparente de utilidades.

Si la empresa quebrara o dejara de operar, el inversionista mantiene su derecho sobre el terreno y puede buscar a otra compañía que continúe el trabajo agrícola y exportador.

No obstante, la mayoría de estos esquemas no opera bajo un fideicomiso, por lo que la continuidad depende de la solvencia y la reputación de la empresa gestora.

Entre los riesgos figuran las fluctuaciones de precios en los mercados internacionales, problemas climáticos, cambios en la demanda global o restricciones fitosanitarias.

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El portafolio exportador incluye pitahaya, palta hass, arándano, maracuyá y tara, dirigidos a mercados de Europa y Asia.

Una opción en expansión y con futuro

Este modelo de inversión agrícola-inmobiliaria todavía es reciente en Perú, pero su potencial es grande, según explica el titular de Megaproyecto Pachamama.

La expansión de megaproyectos de irrigación como Olmos, Chavimochic, Majes o Chinecas podría abrir más espacio para estos esquemas, facilitando la entrada de nuevos inversionistas y diversificando la oferta exportable.

La experiencia de empresas como Pachamama muestra que, con una gestión profesional y contratos claros, la agroexportación puede abrir oportunidades de rentabilidad para quienes buscan alternativas a las inversiones tradicionales, siempre con la recomendación de analizar cuidadosamente cada propuesta y conocer los riesgos antes de comprometer su capital.