La estrategia que Keiko Fujimori deberá tener este 7 de junio y definir el balotaje en las Elecciones de Perú

El rechazo a la candidata de Fuerza Popular bajó de 59% a 48% en tres semanas, su mejor registro en años, según Ipsos Perú y el reto lo tiene ahora en una nueva segunda vuelta con la izquierda

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Ilustración en acuarela de Keiko Fujimori de frente, con camisa blanca y micrófono, sobre un fondo blanco con manchas rojas y negras y texto político.
Una representación en acuarela de Keiko Fujimori, líder política peruana, se muestra con un micrófono y los lemas de su campaña electoral como "La Fuerza del Orden", reflejando su imagen pública. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El antivoto a Keiko Fujimori cayó once puntos en tres semanas y se situó por primera vez por debajo del 50%, según la encuesta de la firma de estadísticas Ipsos Perú publicada el 24 de abril. El porcentaje de peruanos que afirma que definitivamente no votaría por ella bajó de 59% el 2 de abril a 48% el 24 de abril, su mejor registro desde que compite en segunda vuelta. Sin embargo, el dato no es un salvoconducto: en 2011, 2016 y 2021, un antivoto estructuralmente alto fue el factor que, en cada ocasión, inclinó el resultado en su contra.

El presidente de Ipsos Perú, Alfredo Torres, analizó los datos en una entrevista en RPP Noticias y subrayó que este punto de partida es el más favorable que Fujimori ha tenido en un balotaje. “Con Pedro Castillo arrancó varios puntos atrás. A lo largo de la campaña lo alcanzó y terminó en un virtual empate que se definió por muy pocos miles de votos”, recordó. “Desde ese punto de vista, Keiko Fujimori está partiendo hoy día un poco mejor”.

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La encuesta, elaborada entre el 23 y el 24 de abril, midió la intención de voto en dos escenarios posibles de segunda vuelta: Fujimori frente al candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, y Fujimori frente al candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga. Los resultados revelan un panorama fragmentado y una geografía del voto marcadamente dividida entre Lima y el interior del país.

Pintura en acuarela de Keiko Fujimori, de perfil, mirando hacia arriba con una leve sonrisa y su mano derecha cerca de la barbilla, con tonos marrones y ocres.
Una pintura en acuarela de Keiko Fujimori la muestra con una expresión pensativa y una ligera sonrisa, con la mano cerca de la barbilla. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Empate técnico con Sánchez, geografía adversa en el sur

En el escenario considerado más probable por Ipsos, una segunda vuelta entre Fujimori y Sánchez, ambos candidatos obtienen 38% de intención de voto, con un 17% que optaría por el voto en blanco o viciado. Torres explicó la lógica de transferencia del electorado: si los dos candidatos representan posiciones ideológicas opuestas, los votantes de López Aliaga migrarían de forma natural hacia Fujimori. “Independientemente incluso de lo que él diga, va a votar por Fujimori. Eso es bastante sencillo”, señaló.

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La comparación con 2021 es elocuente. En aquel proceso, Ipsos registró una intención de voto de 31% para Fujimori frente a Pedro Castillo, con una desventaja de 11 puntos. Frente a Sánchez, candidato con un perfil ideológico de bases similares al de Castillo, esa brecha ha desaparecido: ambos empatan en 38%. En paralelo, el segmento que “definitivamente votaría por ella” creció del 20% al 24% entre 2021 y 2026, según la misma encuestadora.

Pese a la mejora, Torres advirtió que Fuerza Popular enfrenta una geografía electoral adversa fuera de Lima. “Gana fuerte en Lima, pero en el interior del país la tiene difícil. En el norte y el oriente el voto está partido; en el sur y las zonas andinas estaría perdiendo”, detalló.

La periodista Mavila Huertas señaló que esa fractura no es solo información táctica para los candidatos, sino una señal de que el próximo gobierno gobernará un país profundamente dividido. Torres coincidió y apuntó a las fallas del Estado como causa estructural: “Cuando no hay elementos para estudiar en las escuelas, a veces no hay ni baños, o no hay medicinas en las postas médicas, es un tema de eficiencia y gestión, no necesariamente de izquierdas y derechas”.

Acuarela de Keiko Fujimori a la izquierda y Roberto Sánchez a la derecha, ambos sonriendo y saludando, con la bandera de Perú de fondo.
Ilustración acuarela de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez sonriendo y saludando, candidatos a la segunda vuelta presidencial de Perú, con la bandera peruana de fondo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una historia de derrota que se mide en décimas

El antivoto fujimorista no es un fenómeno nuevo ni accidental. Tiene raíces en la memoria colectiva del gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción, y ha sido el elemento aglutinador que, en cada segunda vuelta, reunió electorados ideológicamente opuestos bajo una sola consigna: impedir que Keiko llegue al poder.

En 2011, Ollanta Humala recibió el apoyo de Mario Vargas Llosa y del expresidente Alejandro Toledo, y venció con 51,49% frente al 48,51% de Fujimori. En 2016, Pedro Pablo Kuczynski ganó con 50,12% contra 49,88%, diferencia de apenas 42.000 votos, después de que la líder del Frente Amplio, Verónica Mendoza, llamó a votar por él como “mal menor”.

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En 2021, Pedro Castillo se impuso por 0,25 puntos porcentuales —el margen más estrecho de la historia electoral peruana reciente— en una segunda vuelta que Fujimori cuestionó durante semanas sin aportar pruebas de fraude.

Tres veces, el mismo patrón: Fujimori lidera la primera vuelta, llega al balotaje como favorita en las encuestas y pierde porque el antivoto activa una coalición de circunstancia que la supera por márgenes mínimos.

La estrategia del tono y el riesgo de la posverdad

Torres atribuyó la caída del antivoto, en parte, al contraste con la actitud pública de López Aliaga durante la campaña. “Ella se ha mostrado mucho más serena, más prudente, más conciliadora. La gente la está viendo ahora con otros ojos”, indicó. “Esa es la estrategia que viene desarrollando y que podría continuar en la segunda vuelta con el objetivo de reducir más su antivoto”.

La misma encuesta de Ipsos registra que el antivoto de Sánchez subió de 39% a 44% en el mismo periodo, lo que abre un margen de maniobra para Fujimori si logra consolidar la imagen moderada que proyectó en la primera vuelta. El 10% del electorado, según Ipsos, podría definir su voto en la última semana antes del 7 de junio.

En ese contexto, Torres también respondió a las acusaciones de López Aliaga, quien llegó a afirmar que Ipsos Perú forma parte del Foro de São Paulo o del grupo de Puebla. En su artículo Lodo político, publicado en Perú21, Torres calificó esas declaraciones como parte de una estrategia deliberada de manipulación informativa. “Se conoce como la estrategia de la posverdad: producir una serie de mentiras que parezcan verosímiles y confundir a la ciudadanía para ganar argumentos a favor de una cierta narrativa”, explicó. “No es una estrategia inventada en el Perú. La aplican generalmente líderes de perfil autoritario”.