Pasó el Día del niño y este año, como nunca, recibí cantidad de mensajes de felicitaciones: "Feliz día, tengas la edad que tengas", "Felicidades a nuestro niño interior", "Que nunca pierdas la frescura"… ¡¿Qué?! ¿Acaso no tienen un pibito/pibita por ahí dando vueltas al que desearle felicidades? ¿O será que cualquier día comercial tiene que alimentar el WhatsApp? Suelo tener pibes cerca y creo que la niñez es tan preciosa como coherente consigo misma.

Entre las características típicas de los chicos/as diría que:

xSuponen que la tierra gira en torno suyo.

xCreen fervientemente en lo que le dicen las personas más allegadas y, si se esfuerzan (porque también se frustran muy rápido), es en busca del aplauso de sus padres o maestros.

xSon espontáneos y no miden consecuencias.xY juegan mucho, mucho. Ok, lo de jugar es algo que no tiene edad y si a eso se refiere mantener el niño vivo, vamos con eso.

Pero, si traduzco las otras premisas: xCreer que los aplausos, deditos para arriba y corazones de la gente que te rodea es suponer que estás haciendo las cosas bien, ¿no es autoengaño? xEl sin filtro de un chico ¿no puede ser falta de
empatía en un adulto? XSentirse el centro del mundo, ¿no es un tremendo dolor de ovarios? Y no me van a decir que no conocen gente así.

Hace larguísimo tiempo que venimos rindiendo culto a parecer chico/as o, cuanto menos, menores de lo que somos. Cuando cumplís años, el halago máximo es "no parecés". La canción favorita de cumpleaños termina en "que cumplas para atrás" y los números redondos se celebran con bombos y platillos, pero también con cargadas infaltables del lado de los amigos y resignación por parte nuestra. No estoy en condiciones de afirmar que a mí no me pase lo mismo, me cuesta identificarme
con los años que tengo. Pero al menos hoy lo pongo en
duda.

Hasta vale pensar por qué las "ganas de hacer" están asociadas sólo a lo joven, ¿acaso se sulfatan como las pilas? Conozco a más de un adulto mayor dedicado a cambiar su porción del mundo, tantos como péndex que no se movilizan por nada. Y viceversa. ¿Será posible que las ganas y los ideales no estén anotados en un calendario, sino que crezcan si se los alimenta? Decir en automático nos lleva a repetir el mismo cantito viejo (y digo "viejo", sin culpa, por el desgaste).

Me van a dar la razón cuando les pregunte si escucharon esta frase: "A una mujer no se le pregunta la edad". Miren, por mí no me la pregunten, que me la suelo olvidar. Pero ¿acaso la edad es la lotería que hay un número premiado y el resto no sirve para nada? Si ya no somos niños que creemos en el Ratón Pérez, ¿por qué seguimos comprando el cuento de que está mal parecer lo que somos?

Veo mujeres divinas con canas al viento. Arrugadas, más bonitas que estiradas. Que no buscan confundirse con sus hijas adolescentes. Definitivamente, supongo que prefieren ser felicitadas por sus logros y no por el Día del niño o por parecer péndex. Hoy aspiro a ser así de grande y de linda y, si me sale, dejar al niño en su sitio y sacar a relucir la mejor versión de mujer que llevo adentro.

por Mariana Weschler
Facebook.com/marianaweschler

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