Nacho Vegas llega a Buenos Aires con su aura de mito del rock indie español

El comprometido cantautor asturiano presenta su nuevo ‘Vidas semipreciosas’ este viernes en Teatro Vorterix. “Hay muchísima música y muy poco tiempo en esta vida”, afirma

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Nacho Vegas portada
Nacho Vegas es uno de los referentes del rock indie español desde los años 90 por su lírica poética y compromiso social

Nacho Vegas es uno de los autores clave del rock indie español, de los años 90 para acá. Nacido en Gijón, Asturias, es una referencia de calidad poética en España y América Latina por una obra que combina lo íntimo y lo social, siempre con un marcado compromiso político. Con más de dos décadas de trayectoria, formó parte de bandas como Eliminator Jr. y Manta Ray antes de iniciar una sólida obra solista, a partir de la cual se lo vincula con figuras del tipo Nick Drave o . Ahora llega a Buenos Aires para presentar Vidas semipreciosas, su más reciente disco, este viernes 1 de mayo en el Teatro Vorterix.

La música de Nacho Vegas se nutre de folk, pop y rock. Se le ha llegado a describir como el Wild Oldham asturiano o el "Bob Dylan de Gijón“, e incluso lo han comparado con Nick Drake. Y su nuevo álbum es un compendio de canciones que exploran los afectos, la política y la vinculación con la tierra natal, e incluye interludios con testimonios de figuras ligadas a la izquierda y al antifascismo, un tema candente en su país y el mundo.

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En conversación con Infobae Cultura, dialogó sobre algunas cuestiones centrales que marcan su obra, la conexión literaria de sus canciones y por supuesto, el violento pasado y agitado presente de su país.

Nacho Vegas - Vidas semipreciosas
El nuevo disco de Nacho Vegas explora afectos, política y raíces, con testimonios antifascistas y de izquierda

—¿Qué relación encontras entre las influencias de tu adolescencia (has mencionado a The Housemartins y a Violeta Parra), y tu formación musical y sentimental?

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—Las cosas que te dejan una huella tan indeleble como son las que te vienen en la juventud, esas primeras cosas que te impactan tanto. Esas bandas de las que... A mí me pasó con los Housemartins, a los trece años creo que era cuando tuvieron su éxito “Caravan of Love” y era un grupo que me llegó de alguna manera. Me emocionaba de una manera diferente y fue un poco mi puerta de entrada también gracias a una serie de radios piratas, radios libres en aquel momento, que emitían desde aquí, desde Gijón, mi ciudad, y que programaban música independiente británica. Los Housemartins tuvieron éxito y por eso fue fácil llegar hasta ellos, pero a partir de ahí empecé a encontrar otras bandas que me emocionaban profundamente. Fue ese momento iniciático en el que descubres no solo el pop con esas influencias de pop vocal tan precioso, sino el sentido del humor en sus letras, el marxismo de sus letras... Había una educación política, musical, emocional, que me llegó.

A Violeta Parra llegué un poco más tarde. Recuerdo cuando se escuchaba la música en los viajes en coche, con las casetes: cada uno grababa sus recopilaciones y las escuchábamos atentamente en esos viajes larguísimos que hacíamos. La primera vez que la escuché fue en un coche y me sorprendió mucho esa prosodia tan particular, esa manera, ese ritmo, ese fraseo que tenía ella. Profundicé más en su obra un poco más tarde y llegué incluso a conocer a Isabel Parra, a Tito Parra en Chile, que fue para mí un momento maravilloso. Fueron dos momentos diferentes: la primera influencia de los Housemartins cuando era muy jovencito y después vas abriendo tu mirada y librándote de prejuicios, encontrando música que te emocione. Hay muchísima música y muy poco tiempo en esta vida.

Nacho Vegas
Influencias clave como The Housemartins y Violeta Parra, marcaron la educación musical, política y sentimental de Nacho Vegas

—¿Cómo escuchas música hoy en día y qué lugar ocupan los distintos formatos en tu vida?

—Hay veces que nos levantamos con un ánimo particular, que nos pide escuchar ciertas cosas. Puse el ejemplo del jazz y la música clásica como alguien que pretendía estar de vuelta de todo lo que es la música popular, pero el jazz también fue una música absolutamente popular y despreciada por la gente más académica. Ahora está mucho más permeada en la música popular. Hoy depende de cómo me despierte. Escucho música a través de las plataformas, pero también sigo comprando vinilos. Conservo todos mis CDs porque crecí escuchando muchos, fue esa época en la que dejaron de fabricar muchos vinilos y el CD se impuso como formato hegemónico: una estafa de la industria, un formato tan barato vendiéndolo tan caro... Pero la música grabada digitalmente suena mejor suena en CD. Le tengo cierto cariño. Escuchar los vinilos, cuando puedes pasarte una tarde poniéndolos, leyendo las letras, es algo especial.

Hace poco me pasó con Phil Ochs, uno de mis autores favoritos. Sientes la necesidad de recuperarlo, de escuchar su música atentamente y descubres cosas que se te habían pasado por alto. Es bueno permitirse ese momento de pausa hoy, en el que todo va muy rápido y parece que hay que escuchar la música como si nada, con los algoritmos empujando a que todo esté en los primeros treinta segundos. Pero creo que podemos marcar nuestro ritmo, que lo importante es que la música siga siendo una parte central de nuestras vidas. Nos quieren vender que hubo una revolución en los hábitos de escucha, pero cuando la música es algo central en tu vida, sigues parándote a escuchar de forma activa, a ser alguien que se apropia de las canciones y las incorpora a su universo.

—¿Te sentís identificado con el término autoficción aplicado a tu obra y a tus canciones? ¿Creés que define lo que hacés?

—A mí personalmente me gusta el término aplicado a la música y a la canción. Cuando publicaba mis primeros discos, una pregunta muy recurrente era: “¿Tus canciones son autobiográficas?” Porque algunas se nutrían de experiencias personales y no tenía problema en mencionar cuestiones concretas con nombres propios. Yo siempre trataba de responder: la canción trascienda el mero hecho autobiográfico. No es como si le estuviera contando mi vida a un amigo en la barra de un bar. Tiene que ser algo que, aun partiendo de una realidad muy personal e íntima, se transforme en una verdad emocional. Tiene que haber una línea que separe esa realidad de esa verdad y, en esa línea, puedes recurrir a la ficción para llegar a contar esa verdad.

Ahora se puso de moda, creo que fue a partir del boom de la autoficción en la literatura. Mucha gente a la que se asocia al género lo rechaza, pero a mí me gusta. Si ese término hubiera estado hace veinticinco años en boca de todos, me hubiera gustado para definir mis canciones: son autoficción, no autobiográficas. Me gusta aplicado a las canciones. Entiendo ese debate en la literatura y muchas obras de autoficción me gustan. No es excluyente, parece que tienes que estar o con la novela decimonónica de personajes o con la autoficción, pero al final simplemente hay que dejar que las cosas nos toquen y estar abiertos a ello.

Nacho Vegas
Nacho Vegas revela su admiración por autores como Mary Oliver y Miguel Hernández

—¿La literatura ocupa un lugar central en tu vida? ¿Tenés tiempo para leer en esta época tan veloz y qué estás leyendo ahora?

—La literatura es algo muy importante en mi vida y es una influencia presente en mi obra. Tampoco me ha gustado cargar excesivamente las tintas en la influencia literaria, porque existe, pero a veces una frase escuchada en situaciones cotidianas puede ser el germen de una canción, igual que un verso de un poema. Tenemos que permitirnos ese tiempo que requiere la literatura, que no da lugar a una escucha pasiva como la música; hay que tomar un papel activo y pararse a leer. En este último disco está muy presente la obra de Mary Oliver, una poeta a la que conocí hace relativamente poco y que me ha fascinado. Su poética está presente en algunas canciones.

Justo ahora mismo estoy intentando acabar un prólogo para una edición que va a publicar Espasa de una edición ampliada de El rayo que no cesa, una de las obras principales de Miguel Hernández, un autor al que admiro mucho por su poesía amorosa, pero también por el compromiso de lo que escribió durante la Guerra Civil en España, militando en el Partido Comunista y en el bando republicano. Leerlo hoy te hace dar cuenta de la vigencia que tiene. Cosas escritas hace noventa años siguen siendo demasiado vigentes, por desgracia.

—Este año se cumplen noventa años de la Guerra Civil. ¿Creés que ese aniversario redondo removió algo en España y particularmente en tu tierra, Asturias?

—Es algo que sigue estando en la memoria, independientemente de que el aniversario sea redondo. Sigue habiendo un relato oficial que, por suerte, está encontrando una respuesta, ya desde hace unos años. Primero se intentó hablar de la Guerra Civil como una guerra fratricida en la que se cometieron atrocidades por ambos bandos. No, fue una guerra no contra nuestros propios compatriotas, fue una guerra contra el fascismo, que dio un golpe de Estado ilegal contra una república legítima.

Como dices, Asturias estuvo ya en los años previos: el ensayo para la represión antes de la Guerra Civil fue la represión a la revolución minera del 34, donde ya estaban ensayando el golpe posterior. Yo soy hijo de la “Transición”; nací en el 74, y en el 78 llegaron esos pactos, que fue una transición a la democracia y un pacto con el franquismo, en el que siguieron teniendo mucho poder los poderes fácticos relacionados con esa dictadura. A pesar de las leyes de memoria histórica, no se ha hecho justicia. Siguen habiendo muchos cadáveres en las cunetas, muchos muertos, y muy poco interés por parte de los sectores más reaccionarios, que tienen mucho poder, en no remover aquello que mostraría las vergüenzas de un país. Se revelarían verdades necesarias de contar. Queda camino por recorrer, sobre todo para que las nuevas generaciones no caigan en la trampa de ese relato mentiroso.

[Fotos: Eneko Caos; Jordi Santos]

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