
El país necesita muchas más personas invirtiendo tiempo en reflexionar y diagramar programas económicos para salir de la debacle, que en cómo defenderse frente a las crisis de deuda recurrentes. La discusión enriquece y sobre ella se pueden construir propuestas consensuadas y responsables.
Sin embargo, voy a ser enfático en que la dolarización no es un atajo “a la argentina” para resolver rápido los problemas estructurales que tenemos, sino que es un cambio de paradigma económico. Aquí los argumentos:
La inflación en la Argentina es un mal que no han podido resolver políticos ni militares. Desde la creación del Banco Central en 1935 a la fecha, el país tuvo sólo 8 años de inflación de un dígito porcentual, sacando la convertibilidad de los 90′. Es verdad que una nueva caja de conversión o dolarización acelerarían dramáticamente la baja de dicho índice. También es verdad que aplicar el modelo monetario peruano requiere de más de una década para bajarla a un dígito o que un programa similar al Plan Real de Brasil requiere de enormes esfuerzos y tiempo. Entonces, se podría afirmar correctamente que en la baja de la inflación la dolarización sería un atajo eficaz y contundente.
Pero bajar únicamente la inflación ¿llevará a tener una economía ordenada, próspera y atractiva para ser destino de inversiones? Es un no rotundo, ya que la Argentina no necesita únicamente bajar la inflación sino un cambio de régimen económico.
Hasta hace pocos meses la inflación era historia pasada en más de 180 economías del mundo. Por ende, es un error pensar que llevando adelante únicamente una reforma monetaria como la dolarización se van a resolver todos los problemas del país, ya que está inmerso en una economía poco flexible, absolutamente cerrada al mundo, muy regulada por el Estado, con leyes laborales arcaicas y con un régimen impositivo ineficiente e ineficaz. Es decir, reina el status-quo desde hace décadas. Es por ello, que todos estos problemas no se van a resolver como por arte de magia si no hay un programa económico detrás de un cambio de régimen monetario.
Algunas referencias
Las experiencias de otras economías pueden ser de gran valor para afrontar el desafío más grande de nuestra historia en materia económica. Utilizar la herramienta monetaria de la dolarización requiere de la templanza, disciplina y orden de una sociedad que está acostumbrada exactamente a todo lo contrario. Suelo llamar a la dolarización el “maestro exigente”, ya que la Argentina ha convivido con maestros complacientes en materia de política monetaria y fiscal. Cuando se analiza la historia fiscal, en 118 años sólo hemos tenido 8 años de superávit fiscal y en materia monetaria cada 29 años en promedio hemos cambiado la moneda por los descontroles de nuestro Banco Central.
Los 20 años de dolarización de Ecuador son un ejemplo de que la dolarización sola no alcanza y que las exigencias que plantea un régimen tan rígido son altas. Es verdad que Ecuador sólo sufrió una crisis económica en 2016 en el ciclo 2000-2019, que su economía se quintuplicó desde la llegada de la dolarización; la inflación es de las más bajas del mundo; el salario mínimo real alcanza a USD 600 (Argentina USD 140); la pobreza bajó del 36,7% de la oferta laboral en 2007 al 25% pre-pandemia, en 2019; la tasa de desempleo se redujo de 13% en 1999-2000 a 3,8%. De los 20 años de dolarización, 10 años gobernó el populista Rafael Correa, desordenando y consumiendo capital ecuatoriano futuro. Sin embargo, a pesar de haber logrado algunos resultados abultados en materia económica, al país le falta seguir implementando reformas profundas que dinamicen su economía.
Saliendo de los resultados económicos y analizando desde una visión institucional, lo interesante de este régimen y de la zona Euro es que tanto en Ecuador como en Italia, España, Estonia, Francia, Portugal y la zona mediterránea europea, la aplicación de reformas monetarias tan profundas como cambios de regímenes de moneda han logrado mantenerse en el tiempo, generando políticas de Estados y alejándose de la improvisación y los atajos.
Para concluir, los atajos forman parte de la cultura argentina. Lamentablemente, las crisis económicas recurrentes, la falta de una moneda creíble, el descontrol monetario e inflacionario, la falta de reglas claras, el desorden fiscal, han llevado a tener una dinámica operativa de inversión donde “sálvese quien pueda” ha sido el modo de operar y donde los atajos han sido los mejores aliados de esta decadencia.
A pesar de ello, si se quiere transformar la economía argentina no se debiera pensar más en atajos, hay que empezar a pensar en políticas de Estado que trasciendan en el tiempo. La dolarización será la primera de un cambio de paradigma económico.
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