
Con la reforma laboral ya aprobada y promulgada, el Gobierno nacional dio un paso decisivo hacia la reducción de derechos laborales. El proyecto se presentó como una respuesta “modernizadora” ante los problemas actuales del mercado de trabajo, pero dejó de lado una realidad que la Argentina atraviesa desde hace años: la transformación estructural del empleo y el crecimiento sostenido del trabajo independiente.
Hace más de una década que el empleo asalariado privado crece poco o directamente está estancado. En paralelo, entre 2020 y 2025 la cantidad de trabajadores independientes creció un 22%, llevando su participación al 23,7% del total de personas ocupadas. Hoy, ya suman cerca de 3,3 millones.
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En líneas generales, este creciente universo del trabajo independiente se caracteriza por menores protecciones, mayor inestabilidad y una fuerte heterogeneidad interna. Incluye a personas que desarrollan oficios, prestan servicios o trabajan en pequeños comercios y emprendimientos familiares. También a profesionales y microempresas con capacidad de inversión, así como a relaciones laborales tercerizadas o encubiertas. Conviven experiencias productivas consolidadas con unidades económicas que operan en condiciones de informalidad y con ingresos muy bajos.
Nuestros datos de financiamiento productivo de Provincia Microcréditos, empresa de inclusión financiera del Banco Provincia, revelan detalles poco conocidos sobre esta realidad diversa del mercado laboral.
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Entre 2024 y 2025, el 55% de los nuevos emprendimientos que recibieron financiamiento no provenía de una relación salarial reciente, mientras que solo el 10% surgía tras la pérdida de un empleo formal. Esto indica que, a diferencia de lo que se cree, una mayoría elige el trabajo independiente como primera opción y solo una pequeña proporción lo adopta como una forma de adaptarse frente a la caída del empleo asalariado.
Si miramos en detalle este grupo, se observa con nitidez que una porción significativa valora positivamente aspectos como la posibilidad de administrar sus tiempos, conciliar la actividad con la vida personal y familiar, tomar decisiones propias y sentirse realizado en su trabajo. También que, frente al progresivo deterioro del salario, destacan que en muchos casos sus ingresos son superiores.
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Al mismo tiempo, vemos otra realidad vinculada a este modelo económico que presiona muy fuertemente sobre el ingreso disponible de las familias: el 35% de las personas que accedieron al crédito combina trabajo asalariado con una actividad independiente. Este crecimiento del pluriempleo confirma que, frente a una pérdida de poder adquisitivo, muchos hogares recurren a estrategias laborales múltiples.
Una parte importante del debate público sobre las transformaciones del mundo laboral está hoy centrada en los trabajadores y trabajadoras de plataformas. Aunque comparte rasgos con la actividad independiente, como la autonomía horaria o el uso de capital propio, este tipo de trabajos presenta limitaciones importantes en cuanto a la capacidad de incidir en los precios o en las condiciones laborales, muchas veces determinadas por algoritmos opacos. Por eso, nos resulta más apropiado pensarlo como una subcategoría dentro de ese universo, con particularidades que requieren un abordaje normativo y político propio.
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Sobre este punto es importante tener en cuenta la dimensión cuantitativa: en la Provincia de Buenos Aires, se estima que hay más de 2 millones de trabajadores independientes, mientras que el universo de trabajadores de plataformas ronda los 80 mil. Esta diferencia de escala también sirve para orientar las prioridades del debate y las políticas públicas.
En este escenario, la respuesta del oficialismo se concentró en la quita de protecciones a trabajadores y trabajadoras, como si el principal obstáculo del empleo en Argentina fuera una supuesta rigidez. La evidencia muestra lo contrario. El desafío es más complejo que modificar un marco regulatorio. Se trata de reconocer que el trabajo independiente ya no es un fenómeno marginal ni transitorio, sino un componente central. Para atenderlo, se necesitan políticas integrales: financiamiento accesible y sostenible, incentivos a la registración, acompañamiento técnico y una protección social adecuada a las nuevas formas de inserción laboral.
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Desde la banca pública bonaerense, y en línea con la gestión del gobernador Axel Kicillof, asumimos el desafío de fortalecer el trabajo en todas sus formas y democratizar el acceso a los recursos productivos.
Uno de los caminos para salir de esta crisis no pasa por reemplazar la pérdida de salario con crédito, generando endeudamiento insostenible, sino por convertir el financiamiento en una herramienta que impulse la actividad económica y permita construir bases firmes para el desarrollo. Para esto, hay que empezar por reconocer la heterogeneidad del mercado laboral y generar más ingresos y más protecciones. Esa es, justamente, una de las grandes ausencias de esta reciente ley de reforma laboral.
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