
La idea de volver o no a la oficina en una etapa post pandemia es uno de los temas que hoy mantiene en vilo a los directorios de las organizaciones. Según un relevamiento realizado por Mercer, el 43% de las empresas definió no retornar al lugar de trabajo en el corto/mediano plazo y seguir trabajando 100% remoto. En la medida que no existan inmunidad de rebaño se busca que los colaboradores sigan trabajando de manera remota, para salvaguardar su salud y bienestar.
Sin embargo, también se percibe el deseo de los colaboradores de volver a la oficina, por la necesidad de conexión social y conectividad que define al ser humano. El Covid-19 amplificó el movimiento sísmico que estamos viviendo y todos los procesos se han acelerado. Uno de esos procesos es el autoconocimiento y el empezar a hacernos preguntas sobre nuestro propósito: si somos felices con nuestro trabajo o cómo queremos estar en bienestar.
A nivel mundial y local estamos viviendo esta pandemia como una crisis de salud, pero también humana. Nos enfrentó a un nuevo paradigma que estamos viviendo a nivel de lo físico y emocional, ya no solo verbalizando.
Ante este escenario que, aunque con sutiles diferencias, se replica a nivel mundial, comienza a asomar una tendencia por la que los empleados renuncian a sus trabajos sin tener otro empleo para emprender algo alineado a su propósito. Si bien en Estados Unidos esto ya es una realidad, en países como Argentina comenzamos a verlo con mayor frecuencia.
El contexto llevó a los colaboradores a reflexionar sobre si realmente estaban alienados con la cultura de la empresa, si lo que hacían los completaba como persona.
Los colaboradores más que nunca quieren estar en bienestar; equilibrar su vida laboral y su vida personal; y empiezan a entender que la vida es única, una sola, no una laboral y aparte otra personal. Entonces, muchos encontraron en el emprendedurismo una manera de salida laboral y, como ya no quieren volver a sus lugares de trabajo, dejan ese trabajo en relación de dependencia.
El futuro del trabajo va a demandar que seamos más ágiles, más flexibles, más vulnerables al error, y que tengamos capacidades para aprender y desaprender. Y esta situación no hace más que generar una escasez aún mayor de talento en un mundo que demanda más talento digital que todavía no se ha desarrollado.
Frente a esto, y teniendo en cuenta que las empresas están cada vez más “hackeadas” por la pandemia, por la flexibilidad, por cómo enfrentar la vuelta a un nuevo estadio que será híbrido, se enfrentan al desafío de reinventar los espacios de trabajo para seducir a aquellos colaboradores que no quieren volver a lo tradicional.
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