Inflamación, estrés y riesgo cardiovascular: lo que hoy preocupa a la cardiología preventiva

Especialistas advierten que la inflamación vascular silenciosa puede aumentar el riesgo cardiovascular aun en personas con colesterol relativamente controlado. Cómo influyen el estrés, la obesidad abdominal, el sueño y los antecedentes familiares en la salud del corazón

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Ilustración 3D de un torso humano semitransparente azul con depósitos de grasa parda activos, en tonos ámbar y naranja, y un sistema cardiovascular azul en el pecho y cuello.
Especialistas advierten que la inflamación vascular silenciosa puede aumentar el riesgo cardiovascular aun en personas con colesterol relativamente controlado

Durante años, en los consultorios de cardiología, la pregunta más frecuente fue casi siempre la misma: “Doctor, ¿cómo me dio el colesterol?”. Y durante mucho tiempo, gran parte de la prevención cardiovascular se centró únicamente en ese dato.

Con el paso de los años, en la práctica clínica empezamos a observar que muchas veces el problema no era solamente cuánto colesterol circulaba en sangre, sino qué estaba ocurriendo dentro de la pared de las arterias.

El colesterol continúa siendo uno de los grandes protagonistas de la enfermedad cardiovascular y sigue siendo fundamental controlarlo. Sin embargo, la cardiología comenzó a prestar cada vez más atención a la inflamación vascular crónica, uno de los focos que hoy más se estudian en prevención cardiovascular.La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo.

Según la Organización Mundial de la Salud, provoca entre 18 y 19,8 millones de fallecimientos por año. Y una parte importante de esos eventos ocurre en personas que muchas veces no tenían síntomas evidentes o no se percibían como pacientes de alto riesgo.

Hoy sabemos que el riesgo cardiovascular real es mucho más complejo y combina múltiples factores: presión arterial, tabaquismo, diabetes, antecedentes familiares, obesidad abdominal, sedentarismo, calidad del sueño, estrés crónico y alteraciones metabólicas.

En términos simples, el colesterol puede contribuir a formar placas dentro de las arterias. Pero la inflamación puede volver esas placas más inestables y peligrosas. Y una placa inestable es la que puede romperse y desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.

Con el tiempo, muchos especialistas comenzaron a observar que el daño cardiovascular no depende únicamente de un análisis aislado, sino de múltiples procesos que actúan durante años.

Centros especializados en prevención cardiovascular como Cleveland Clinic y Cleveland HeartLab vienen sosteniendo desde hace tiempo que el colesterol explica solamente una parte del riesgo cardiovascular y que la inflamación puede aportar una visión más completa sobre lo que ocurre dentro de las arterias.

En la práctica diaria, cada vez vemos más pacientes con análisis aparentemente aceptables que igualmente presentan múltiples factores inflamatorios y metabólicos acumulados durante años.Muchas veces, el paciente consulta recién cuando aparecen síntomas, hipertensión sostenida, falta de aire o cansancio físico. Pero el proceso vascular puede haber comenzado mucho tiempo antes.

Ilustración acuarelada de un corazón humano anatómico a la izquierda y un blíster con pastillas de estatinas ovaladas a la derecha, sobre fondo blanco.
El riesgo cardiovascular combina múltiples factores: presión arterial, tabaquismo, diabetes, antecedentes familiares, obesidad abdominal, sedentarismo, calidad del sueño, estrés crónico y alteraciones metabólicas.

El infarto no empieza el día que aparece el dolor en el pecho. Muchas veces comienza mucho antes, de manera silenciosa. En muchos casos, el problema no aparece de un día para otro, sino como consecuencia de años de presión alta, tabaquismo, estrés, sedentarismo y alteraciones metabólicas que van dañando silenciosamente las arterias.

Muchas personas conviven durante años con hipertensión arterial sin saberlo. Y cuando finalmente se diagnostica, el daño vascular puede llevar mucho tiempo evolucionando silenciosamente. La grasa abdominal ya no se interpreta solamente como un problema estético. Hoy sabemos que funciona como un tejido metabólicamente activo capaz de liberar sustancias inflamatorias que impactan sobre las arterias.

También cambió la mirada sobre el estrés. Dormir poco, vivir bajo tensión permanente, moverse menos y sostener hábitos poco saludables durante años tiene consecuencias biológicas reales sobre el corazón. Incluso personas delgadas o físicamente activas pueden presentar riesgo cardiovascular aumentado si existen antecedentes familiares, hipertensión, estrés sostenido o alteraciones metabólicas silenciosas.

Todavía muchas personas esperan tener síntomas para consultar. Sin embargo, gran parte del daño arterial puede avanzar durante años sin manifestaciones claras. Por eso, las sociedades científicas recomiendan que los controles cardiovasculares no empiecen después del problema, sino antes.

En adultos aparentemente sanos —especialmente después de los 40 años, o antes si existen antecedentes familiares de infarto, hipertensión, diabetes, tabaquismo u obesidad— una evaluación médica periódica puede ayudar a detectar factores de riesgo ocultos. Los antecedentes familiares tienen un papel especialmente importante. Personas cuyos padres o hermanos tuvieron enfermedad cardiovascular precoz pueden presentar mayor riesgo aun cuando no tengan síntomas evidentes.

Entre los controles básicos más utilizados para prevención cardiovascular se encuentran la medición de presión arterial, análisis de colesterol y glucosa, control de peso y perímetro abdominal, evaluación clínica general y electrocardiograma.

La cardiología preventiva trabaja cada vez más sobre la necesidad de evaluar el riesgo de cada paciente y detectar enfermedad cardiovascular antes de que aparezcan síntomas.

A partir de determinada edad —o según los resultados obtenidos, antecedentes, síntomas y perfil de riesgo— el médico puede complementar la evaluación con estudios como ecocardiograma, ergometría, Holter de arritmias, score de calcio coronario o estudios de perfusión miocárdica.

La necesidad de profundizar los estudios dependerá siempre de cada paciente, del examen clínico y de los hallazgos obtenidos en la consulta. En medicina cardiovascular no solo existen enfermedades, sino también pacientes con características, antecedentes y riesgos diferentes.

Muchas veces, una buena consulta médica, escuchar al paciente y comprender su historia clínica siguen siendo tan importantes como cualquier estudio complementario. Esa fue una de las grandes enseñanzas que predicaba el doctor René Favaloro y que continúa plenamente vigente en la medicina actual.

Ilustración de una cardióloga rubia señalando un modelo 3D del corazón en un monitor a un paciente anciano en una consulta médica.
Muchas enfermedades cardiovasculares requieren tratamientos sostenidos en el tiempo, aun cuando la persona se sienta bie. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos estudios no deben indicarse de manera indiscriminada, sino según edad, antecedentes y perfil cardiovascular individual.Otro problema frecuente que vemos en el consultorio ocurre cuando el paciente mejora, se estabiliza y decide abandonar los controles o suspender la medicación por cuenta propia.

Muchas veces el paciente dice: “Me sentía bien, por eso dejé la medicación”. Sin embargo, muchas enfermedades cardiovasculares requieren tratamientos sostenidos en el tiempo, aun cuando la persona se sienta bien. Interrumpir la medicación sin seguimiento médico puede volver a exponer al paciente a hipertensión, arritmias, insuficiencia cardíaca, infarto o accidente cerebrovascular.

La buena noticia es que gran parte del riesgo cardiovascular puede modificarse.Con el paso de los años, una de las recomendaciones que menos cambió en cardiología sigue siendo mantenerse físicamente activo. Muchas veces, caminar todos los días, moverse más y evitar el sedentarismo pueden tener un impacto enorme sobre la salud cardiovascular.

Bajar de peso cuando existe obesidad abdominal, dejar de fumar, controlar la presión arterial, mejorar la alimentación, dormir mejor y realizar actividad física regular tienen impacto concreto sobre la salud cardiovascular. Después de muchos años de consultorio, uno aprende que el corazón rara vez se enferma de un día para otro.

En general, el problema empieza mucho antes, en silencio. Por eso, controlar los factores de riesgo, sostener los tratamientos y consultar a tiempo sigue siendo una de las mejores formas de prevención.