El 18 de diciembre se cumplen 40 años del discurso de Deng Xiaoping en el Tercer Plenario del Partido Comunista conocido como las Cuatro Modernizaciones que marcó un cambio drástico de la política económica de China. La muerte de Mao Zedong en septiembre de 1976, la detención de la Banda de los Cuatro en octubre, el retorno de Deng Xiaoping al Gobierno y el establecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos terminaron por enterrar los desvaríos mesiánicos del liderazgo del Partido Comunista forjado durante más de 30 años de guerra contra el Gobierno de Chiang Kai shek y el Imperio de Japón.

Mao Zedong condujo al Partido Comunista a la victoria. Tuvo la audacia de enfrentarse a los asesores de la Unión Soviética que recomendaban una política de frente popular con el Kuomintang para expulsar a las potencias extranjeras. En su lugar planteó la guerra rural y al campesinado como ejes de la revolución, lo cual era considerado una herejía para los teóricos de la Internacional Comunista (Comintern).

Las primeras medidas del Gobierno después de la proclamación de la República el 1º de octubre de 1949 estuvieron dirigidas a estabilizar la economía y superar las pérdidas causadas durante la guerra civil. El Gobierno diseñó el Primer Plan Quinquenal al estilo de la Unión Soviética. Las empresas pasaron al control estatal y la tierra fue distribuida al campesinado pobre. El Gobierno alentó la colectivización para lograr un aumento de la producción. La lenta recuperación impulsó el lanzamiento de una reforma conocida como el Gran Salto Adelante que promovió la descentralización, el uso de mano de obra desocupada, las comunas y la producción de acero para alcanzar a Gran Bretaña. El caos causó 40 millones de muertes por hambrunas y persecuciones políticas.

Mao lanzó también en 1956 la campaña "Que florezcan cien flores" para alentar la crítica de los intelectuales y evitar la burocratización del partido. El partido no pudo tolerar la aparición de cuestionamientos y en pocos meses se inició la represión, la detención y el destierro de miles para restaurar el control político. Los fracasos sucesivos alcanzaron a la figura de Mao y activó una lucha política para tratar de encausar el país. Mao respondió nuevamente con la movilización bajo el eslogan Revolución Cultural, apelando a la creación de una nueva sociedad libre de las desviaciones revisionistas y capitalistas. Cientos de miles de personas fueron enviadas a centros de reeducación. El padre del actual presidente Xi Jinping, Xi Zhongxun, fue degradado en 1962 y perseguido durante la Revolución Cultural al igual que Deng Xiaoping en 1969 y 1975.

La República Popular atravesó otros 30 años convulsionada por las luchas políticas internas para organizarse y definir su orientación. La economía no pudo recuperarse y la producción en los años 70 estaba en los mismos niveles de 1957. La definitiva derrota del ala izquierdista permitió el giro de la política económica y la presentación de un plan para modernizar la agricultura, la industria, la defensa nacional y la ciencia y tecnología, y el comienzo de las inversiones externas. La apertura económica comenzó con el acuerdo comercial con los Estados Unidos el 15 de mayo de 1979. Todavía demandaría otros 20 años la finalización de un nuevo acuerdo. Bill Clinton firmó el Acta de Estados Unidos-China en septiembre de 2000 y George Bush normalizó en forma permanente las relaciones en diciembre 2001 allanando el camino para el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC). La política hacia China tuvo el sello del bipartidismo.

La dirección del Partido Comunista condujo los destinos del país como una continuación de la lucha armada aplicando los mismos criterios utilizados para lograr el apoyo popular y derrotar al ejército de Chiang Kai-shek. Habían luchado para lograr una sociedad igualitaria donde no existiera la pobreza y no estaban dispuestos a ceder aun a costa de millones de muertos. El paroxismo de esa creación teológica fue el Libro Rojo de Lin Biao, estudiado y reverenciado por los intelectuales europeos y latinoamericanos porque condenaba a la sociedad burguesa y hablaba del hombre nuevo. Cuando la estructura de poder comenzó a resquebrajarse y los avances de países vecinos eran evidentes, surgieron las posibilidades de una rectificación. Deng Xiaoping fue quizás el último líder de esa camada que pudo llegar a impulsar un cambio en la política económica para superar la parálisis y recuperar la confianza popular.

Deng, al igual que Zhou Enlai, Liu Shaoqi o Xi Zhongxun, trataron de aprender de la realidad para diseñar sus políticas. Terminaron con la fantasía de ajustar el mundo a la voluntad. Esas políticas evaluadas cuarenta años después son las que permitieron a China convertirse en la segunda potencia económica y sacar a 800 millones de la pobreza.

El autor es diplomático.