
“Yo creo que la anticipación se gana tiempo, y resulta más rentable, para todos”. Con esa idea clave, Lorena repasa su camino desde el interior bonaerense hacia el comercio exterior y cómo la coordinación entre proveedores, transportistas y depósitos fiscales define el resultado final de una importación, en un rubro donde ningún trámite es igual a otro.
¿Cómo fue tu recorrido hasta convertirte en despachante de aduana?
Trabajo hace más de quince años en comercio exterior y hace cuatro o cinco años me recibí de despachante. Empecé en una empresa que importaba productos de China, sin haber estudiado comercio exterior todavía: lo aprendí más de la práctica que de otra cosa.
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En ese momento trabajaba en conjunto con un despachante que no era de la zona, y la propia empresa me impulsó a formarme para poder ocupar ese rol. Cursé en el Instituto de Capacitación Aduanera y después rendí el examen en AFIP para obtener la matrícula.
¿Qué valor le encontrás a tener presencia física en el interior de la provincia?
Hoy coordino equipos de trabajo en distintas aduanas: Iguazú, Buenos Aires, Córdoba, Mercedes y Campana. Hay una necesidad real en las empresas del interior de contar con un despachante de la zona, porque la presencia física y la posibilidad de sentarse a resolver trámites cara a cara pesan mucho en la relación de confianza.
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Además del despachante ofrezco asesoría en comercio exterior, porque muchas empresas del interior recién empiezan a importar y no tienen un área de comex desarrollada. Necesitan acompañamiento en pagos, en la coordinación con el proveedor y en el embarque.
¿Con qué tipos de mercadería trabajás?
Empecé con el rubro automotriz: baterías y celdas de litio, repuestos para motos y bicicletas, todo lo eléctrico. Hoy ya trabajo con cualquier tipo de mercadería, porque la experiencia te permite anticipar qué trámite requiere cada producto.
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Por ejemplo, lo que lleva ácido sulfúrico por las baterías necesita gestiones previas específicas para que la mercadería no quede retenida. Antes una mercadería nueva generaba dudas; hoy cada producto tiene su propio circuito ya identificado.

¿Cómo se garantiza que una importación llegue en tiempo y forma?
El éxito de una operación no depende solamente del despachante, sino de una cadena de actores que tienen que cumplir su rol en tiempo y forma: depósito fiscal, terminal portuaria, transportistas. Eso fue lo que más me costó entender al principio, que no todo dependía de mí.
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La logística es fundamental porque hoy las empresas necesitan ser competitivas, y eso se logra también a través del costo del producto importado. Evitar demoras en terminal portuaria y que cada actor cumpla su parte es determinante para el resultado final.
¿Cuáles son las claves para coordinar de manera efectiva a todos esos actores?
Yo creo que la anticipación se gana tiempo, y resulta más rentable, digamos, para todos. Hablo directamente con el proveedor para saber cómo va a venir la mercadería: pido fotos de cómo queda ubicada en el contenedor, si viene en pallets o no, porque cada forma de despacho implica una regulación distinta.
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Incluso armé plantillas para que los proveedores completen la factura y el packing list de la manera que exige la reglamentación argentina. La comunicación con China es por escrito, con apoyo de traductores, y suele arrancar en el horario de la tarde acá, porque ahí empieza su jornada.
¿Qué lugar ocupa la inteligencia artificial en el trabajo de comercio exterior?
Probé consultarle a una inteligencia artificial la clasificación arancelaria de una mercadería cuya posición yo ya conocía, y me dio una clasificación distinta. Cuando le señalé las características reales del producto, terminó dándome la razón.
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Eso confirma que el comercio exterior sigue requiriendo coordinación y criterio humano: no es un sector que pueda resolverse solo con una consulta automática, por más que hoy existan menos restricciones operativas que antes.
¿La disponibilidad de transporte y servicios logísticos suele ser un problema?
En general lo manejamos bastante bien. Últimamente sí tenemos demoras con la carga que llega desde Brasil por la aduana de Iguazú, porque con los controles reforzados en la triple frontera queda muchísima carga retenida y eso retrasa la entrega a los clientes que están esperando su mercadería.
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Para las cargas que entran por Puerto de Buenos Aires encontramos un circuito que les sirve mucho a los clientes del interior: se hace un tránsito monitoreado hacia un depósito fiscal en Mercedes, sobre la ruta cinco. Así, si el importador no cuenta con los fondos para nacionalizar de inmediato, el almacenaje resulta mucho más económico.
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