
Agentes que gestionan pedidos solos y modelos que abren mercados en cualquier idioma: así describe Santiago el presente de la IA aplicada a la logística y el comercio exterior. Su ejemplo favorito tiene que ver con los gemelos digitales. “Sobre esa réplica digital se pueden correr simulaciones y armar distintos escenarios, desde el clima hasta el precio del combustible, para tomar decisiones más eficaces”. Una simulación, dice, vale más que mil suposiciones.
Fuiste pionero en el mundo del Bitcoin y las criptomonedas. ¿Qué tecnologías ves hoy con ese mismo potencial disruptivo?
Bitcoin fue la gran historia financiera del siglo XXI: repensó la moneda a partir de la tecnología y hoy funciona como instrumento de reserva de valor, tanto para individuos como, cada vez más, para gobiernos. La última gran ola es la inteligencia artificial generativa: los modelos tipo GPT transformaron por completo el desarrollo de software.
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Hoy casi nadie programa directamente; el código se produce asistido por IA, y esa es la aplicación que más me interesa, porque ahí se ve con más claridad la capacidad cognitiva real de cada modelo. A eso se suma el avance de los agentes de IA, capaces de tomar decisiones de forma autónoma y ejecutar procesos completos dentro de una empresa.
¿En qué actividades del sector logístico ves más potencial para aplicar agentes de inteligencia artificial?
Se habla mucho del uso de agentes en atención al cliente, pero ahí la escalabilidad todavía es costosa. En logística tiene más sentido: hay menos tickets que resolver que en un equipo de soporte técnico y, al mismo tiempo, un agente puede hacer un seguimiento muy eficaz de qué pasa con un pedido o con una entrega.
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Si la persona a cargo sabe usar un chat, puede interactuar con un agente que consulte si el pedido se entregó o que resuelva tareas burocráticas para registrar esa información en el sistema. Por eso creo que los agentes van a tener un rol importante no solo de cara al usuario, sino también en la burocracia interna de las empresas.
También hablaste de gemelos digitales aplicados a la trazabilidad. ¿Cómo te imaginás su funcionamiento en logística?
Los gemelos digitales se volvieron mucho más accesibles gracias a la IA: hoy, sin necesidad de programar directamente un sistema, se puede replicar el funcionamiento de una empresa simplemente planteándolo y colaborando con la inteligencia artificial.
Sobre esa réplica digital se pueden correr simulaciones y armar distintos escenarios, desde el clima hasta el precio del combustible, para tomar decisiones más eficaces. En logística me imagino algo similar: replicar los distintos medios de transporte y locaciones geográficas, y jugar con esas variables para mejorar la ejecución dentro de la compañía.
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Con la inteligencia artificial cada vez más presente en la atención al cliente y el análisis de datos, ¿qué lugar le queda a lo humano?
Probablemente ya cruzamos el umbral en el que la mayoría de nuestras conversaciones cotidianas son con algún modelo de IA y no con otra persona. Eso genera alarma en muchos, pero también hay que ver el vaso medio lleno: buena parte de las tareas burocráticas y repetitivas, que antes eran un obstáculo para pensar en lo estratégico, hoy se pueden delegar en la inteligencia artificial.
En tareas de configuración o de ingeniería, cuando la IA se hace cargo de esa “plomería”, uno queda como orquestador y puede plasmar una visión mucho más ambiciosa. Creo que en los próximos años vamos a ver subir la vara de calidad en toda la producción de software.
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Pensando en logística y comercio exterior, ¿cómo te imaginás esa democratización de la tecnología?
La inteligencia artificial va a permear fuerte en logística y comercio exterior. Un modelo de lenguaje es agnóstico al idioma: puede hablar mandarín, castellano o inglés, y eso habilita el día de mañana una vinculación más simple con otros mercados y culturas a los que antes acceder era más complejo y costoso.
Además, la IA se integra fácilmente con herramientas de chat que ya usamos todos los días, lo que la vuelve extremadamente adaptable. Tiene mucho potencial, aunque también su cuota de amenazas en términos de disrupción laboral. Las empresas que sepan adaptarse antes que el resto van a tener una ventaja competitiva importante.
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¿Qué reflexión te gustaría compartir con nuestro público?
La inteligencia artificial es la gran revolución industrial de nuestro tiempo y probablemente sea la protagonista de las próximas décadas, con impacto en lo profesional, lo económico y lo político. Argentina tiene un potencial inmenso: es un país con una economía del conocimiento fuerte, que ya construyó unicornios y se destacó a nivel mundial en ciertas industrias.
Gran parte de ese potencial puede desatarse con una mirada proactiva frente a estas tecnologías, en lugar de una mirada reactiva y temerosa. Ahí están muchas de las claves para que el país pegue un salto importante en las próximas décadas.
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