La tensión en Medio Oriente impulsa nuevas alternativas para el tránsito de buques

Emiratos Árabes Unidos evalúa desarrollar una nueva infraestructura portuaria sobre el golfo de Omán para reducir la dependencia de uno de los principales corredores del comercio internacional

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El proyecto contempla la construcción de un puerto multipropósito y una terminal de contenedores en las inmediaciones de Fujairah, sobre la costa oriental del país (Foto: Shutterstock)
El proyecto contempla la construcción de un puerto multipropósito y una terminal de contenedores en las inmediaciones de Fujairah, sobre la costa oriental del país (Foto: Shutterstock)

Las recientes tensiones en Medio Oriente comienzan a dejar una huella que podría perdurar mucho más allá del conflicto. Emiratos Árabes Unidos analiza el desarrollo de una nueva infraestructura portuaria sobre la costa del golfo de Omán para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos del mundo.

Más que un nuevo proyecto de inversión, la iniciativa refleja un cambio de fondo: la resiliencia logística gana terreno frente a la tradicional búsqueda de eficiencia en las cadenas de suministro.

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El proyecto contempla la construcción de un puerto multipropósito y una terminal de contenedores en las inmediaciones de Fujairah, sobre la costa oriental del país. La ubicación permitiría que los buques ingresen directamente desde el océano Índico sin necesidad de atravesar el estrecho de Ormuz, considerado uno de los principales cuellos de botella del comercio marítimo internacional.

Una nueva salida para evitar un corredor estratégico

El planteo surge después de que la reciente escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán volviera a poner bajo la lupa la vulnerabilidad de las cadenas logísticas que dependen de un único corredor marítimo. Aunque el tránsito por el estrecho continuó desarrollándose, la incertidumbre generada durante el conflicto evidenció el impacto que cualquier interrupción puede tener sobre el transporte marítimo, el abastecimiento y el comercio internacional.

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En ese contexto, la alternativa que se estudia consiste en utilizar la costa oriental de Emiratos Árabes Unidos como nueva puerta de entrada para los contenedores. Desde allí, las cargas podrían continuar su recorrido por carretera hacia Dubái, Abu Dabi y otros mercados del Golfo, reduciendo la exposición a posibles restricciones en el estrecho.

La propuesta todavía se encuentra en una etapa preliminar y no se definieron la estructura ni el esquema de financiamiento. Sin embargo, distintas fuentes estiman que la infraestructura podría estar operativa en aproximadamente un año y medio si el proyecto avanza.

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que no busca reemplazar completamente el transporte marítimo, sino complementarlo mediante un esquema multimodal (Foto: Shutterstock)
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que no busca reemplazar completamente el transporte marítimo, sino complementarlo mediante un esquema multimodal (Foto: Shutterstock)

La logística incorpora el riesgo geopolítico

Más allá del caso puntual, el proyecto refleja una tendencia cada vez más visible dentro de la logística internacional: la incorporación del riesgo geopolítico como un factor central en la planificación de las cadenas de suministro.

Durante los últimos años, acontecimientos como la pandemia, la crisis del mar Rojo, las restricciones en el Canal de Panamá y las tensiones en el estrecho de Ormuz llevaron a empresas, operadores logísticos y gobiernos a replantear la concentración de infraestructura crítica en pocos corredores comerciales.

Como resultado, conceptos como redundancia operativa, diversificación de rutas y planificación de escenarios comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante en las decisiones de inversión logística.

Del puerto al corredor multimodal

Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es que no busca reemplazar completamente el transporte marítimo, sino complementarlo mediante un esquema multimodal.

La propuesta prevé que los contenedores desembarquen sobre la costa del golfo de Omán y continúen por vía terrestre hacia los principales centros económicos del país. Este modelo permitiría mantener el abastecimiento aun frente a eventuales dificultades para atravesar el estrecho de Ormuz.

La estrategia responde a una lógica cada vez más extendida en el comercio internacional: distribuir los riesgos entre distintas rutas y modos de transporte para reducir la probabilidad de interrupciones que afecten la continuidad de las operaciones.

Un corredor clave para el comercio global

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico, convirtiéndose en uno de los pasos marítimos más importantes del planeta. Por allí circula una parte significativa del comercio mundial de hidrocarburos y un elevado volumen de mercancías transportadas en contenedores hacia Asia, Europa y África.

Esa posición estratégica explica que cualquier episodio de inestabilidad en la región tenga efectos inmediatos sobre la navegación, los seguros marítimos, la disponibilidad de buques y la planificación logística de exportadores e importadores.

Durante la reciente crisis regional, numerosos operadores debieron revisar itinerarios, reforzar protocolos de seguridad y evaluar rutas alternativas para minimizar posibles impactos sobre sus operaciones.

Una transformación que puede extenderse

La posible nueva infraestructura en Emiratos Árabes Unidos representa uno de los primeros proyectos que surge directamente como respuesta a los riesgos asociados a uno de los principales corredores marítimos del mundo. Sin embargo, difícilmente sea un caso aislado.

Especialistas del sector coinciden en que la infraestructura logística tenderá a evolucionar hacia redes más flexibles, con múltiples puntos de entrada y salida capaces de absorber contingencias sin comprometer el flujo del comercio.

En ese escenario, la competitividad ya no dependerá únicamente de contar con los puertos más grandes o las rutas más cortas. También estará vinculada con la capacidad de construir cadenas de suministro resilientes, preparadas para adaptarse rápidamente frente a eventos geopolíticos, climáticos o operativos que puedan alterar el comercio internacional.

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