
Durante el invierno, los animales enfrentan cambios significativos en su entorno. Las bajas temperaturas, la escasez de alimento y la reducción de horas de luz obligan a muchas especies a modificar sus rutinas y comportamientos para sobrevivir. Algunas optan por migrar hacia regiones más cálidas, mientras que otras recurren a estrategias como la hibernación o el almacenamiento de reservas energéticas.
El frío también representa un desafío para quienes permanecen activos durante la estación. Mamíferos, aves e insectos adoptan adaptaciones físicas y conductuales que les permiten soportar las condiciones adversas. El pelaje más denso, la acumulación de grasa y la búsqueda de refugios seguros son solo algunas de las respuestas que muestran los animales ante la llegada del frío. Estas estrategias revelan la capacidad de adaptación y la diversidad de respuestas ante el entorno invernal.
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Cómo enfrentan los animales las condiciones frías
Mientras que los humanos pueden recurrir a la calefacción o la ropa de abrigo, la fauna silvestre depende de adaptaciones fisiológicas y de comportamiento que les permiten enfrentar condiciones extremas. Este fenómeno, presente en especies de todos los continentes, revela una diversidad de mecanismos para resistir el frío, desde la migración y la hibernación hasta el desarrollo de pelajes especiales y la producción de compuestos anticongelantes.
En los hábitats más hostiles, donde las temperaturas pueden descender por debajo de los -40 °C, algunos mamíferos como el buey almizclero han desarrollado pelajes dobles: una capa externa de fibras largas protege de la nieve y la lluvia, mientras que una interna, fina y densa, actúa como aislante térmico. Otras especies, como la liebre de las nieves, mudan su pelaje marrón por uno blanco durante el invierno, lo que, además de brindarles calor, les permite camuflarse en la nieve y reducir el riesgo de ser detectadas por depredadores, según informa el Natural History Museum.
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En el caso de las aves, la migración es una de las respuestas más frecuentes a las bajas temperaturas. El colibrí garganta rubí, por ejemplo, pesa tanto como una moneda de un centavo, pero es capaz de cruzar el Golfo de México, más de 800 kilómetros en un solo día, de acuerdo con National Geographic y la Sociedad Nacional Audubon.
Algunas aves, como el pingüino emperador, optan por una estrategia opuesta: resisten el invierno agrupándose en colonias que pueden reunir cientos o miles de individuos. Los que se encuentran en el centro alcanzan temperaturas de hasta 20 °C, mientras que los del exterior rotan posiciones para soportar mejor el viento y el frío antártico, señala el Natural History Museum.
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En el mundo de los insectos y arácnidos, la adaptación al frío resulta igualmente ingeniosa. Las arañas excavan madrigueras bajo la hojarasca o dentro de troncos, donde el entorno subníveo mantiene temperaturas ligeramente superiores al punto de congelación. Además, muchas especies producen compuestos similares al anticongelante que impiden la formación de cristales de hielo en sus cuerpos, permitiéndoles llegar a la primavera sin congelarse.

Las abejas melíferas europeas, por su parte, permanecen activas en la colmena, agrupándose alrededor de la reina y generando calor mediante la contracción de sus músculos alados. Durante el verano, almacenan hasta 40 kilos de miel para asegurar la supervivencia de la colonia durante los meses fríos, según relata Thomas Seeley, biólogo de la Universidad de Cornell.
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En ambientes acuáticos, las tortugas pintadas sobreviven enterrándose en el lodo del fondo de estanques. Durante el invierno, pueden absorber oxígeno a través de la piel, el revestimiento de la boca y la cloaca, lo que les permite permanecer sumergidas durante meses sin necesidad de salir a la superficie, detalla la bióloga Jackie Litzgus de la Universidad Laurentian. Cuando el oxígeno escasea, estas tortugas pueden incluso sobrevivir sin respiración aeróbica, neutralizando el ácido láctico acumulado con el calcio de sus caparazones.
La hibernación y el letargo constituyen otras respuestas habituales entre mamíferos y reptiles. La marmota, por ejemplo, reduce su temperatura corporal de 37 °C a cerca de -1 °C y permanece en sueño profundo durante tres o cuatro meses, sin despertarse hasta la primavera.
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Las ardillas listadas, en cambio, alternan entre períodos de letargo y breves despertares para alimentarse de las reservas acumuladas en sus madrigueras, según explican tanto National Geographic como el Schlitz Audubon Nature Center.

El papel de la alimentación en algunas especies
Diversas especies animales adoptan estrategias particulares para enfrentar la escasez de alimento y las bajas temperaturas del invierno. En el caso de los osos pardos, un estudio publicado en 2024 por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos describe cómo atraviesan una etapa de hiperfagia antes del invierno, durante la cual ingieren grandes cantidades de alimentos ricos en calorías para acumular grasa. Esta reserva energética les permite entrar en hibernación.
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En los ciervos, la estrategia invernal consiste en ajustar sus hábitos alimenticios y patrones de movimiento. Una revisión de Faull y colaboradores, publicada en 2026 en la revista People and Nature, muestra que estos mamíferos restringen su actividad y buscan zonas donde la vegetación siga accesible, como claros protegidos del viento. Los autores explican que estos mamíferos seleccionan alimentos más fáciles de digerir durante el invierno, lo que les permite obtener la mayor cantidad de energía con el menor esfuerzo posible y así conservar sus reservas.
En el ámbito de la ganadería, una investigación difundida en Nature en 2025 revela que las ovejas optimizan su ingesta energética durante el invierno cuando los pastores las conducen hacia parches de pasto con mayor biomasa. El estudio, realizado en Mongolia, utilizó modelos de simulación para demostrar que este método no solo mejora el rendimiento animal, sino que también favorece la conservación de los recursos del pastizal, permitiendo una mejor adaptación a la escasez de alimento característica de la estación fría.
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