
“El courier es un engranaje que le estaba faltando al importador que está arrancando”. Con esa visión, Juan Manuel recorre los cambios estructurales que transformaron la operación del comercio exterior en los últimos años: desde las disrupciones en las rutas marítimas globales hasta el perfil del nuevo importador argentino y el lugar central que ocupa hoy la información en tiempo real.
¿Cómo cambió el comercio exterior desde la pandemia?
Creo que hay un antes y un después a partir de 2020. Antes de la pandemia, los problemas en logística internacional ya existían: faltante de contenedores en algún puerto específico, fletes que variaban, cuestiones que uno gestionaba constantemente con los agentes en el exterior. Pero cuando arrancó la pandemia, de un día para el otro hubo faltante de contenedores a nivel global y los fletes se dispararon aproximadamente diez veces.
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Después vino el bloqueo del Canal de Suez, después el conflicto en el Mar Rojo. Cada uno de esos eventos fue generando nuevos problemas: falta de abastecimiento, rutas marítimas cortadas, buques que tuvieron que rodear por el Cabo de Buena Esperanza. Y todo eso fue cambiando la cabeza del importador. Antes traía la cantidad de carga que necesitaba en el momento. Después empezó a stockearse, a pensar distinto.
¿Cuál es la principal diferencia entre gestionar una exportación y una importación?
En una exportación uno trabaja todo desde el inicio: la logística del camionaje desde la planta del cliente, el llenado del contenedor, el traslado al puerto. Es un proceso que se arma de cero. En una importación, la operativa en origen ya viene trabajada desde afuera, pero igual hay que estar en contacto permanente con los agentes para seguir cada paso.
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Lo que cambió de forma importante en los últimos años es el acceso a la información. Antes uno sabía que el buque salía en tal fecha, pero podía pasar un día entero sin recibir confirmación de si había salido o no. Hoy eso lo ves minuto a minuto. Tenemos problemas, sí, con contenedores, con buques, con lo que sea. Pero la información en tiempo real cambió completamente la manera de operar.
¿Cómo se gestiona esa información cuando hay tantos actores involucrados en una operación internacional?
No es complicado, siempre que haya buena comunicación con los agentes y que ellos entiendan lo que el cliente está necesitando. Lo clave hoy es detectar cuál es el problema real del cliente para ver cómo ayudarlo. Nosotros trabajamos mucho en eso: entender qué dificultad tiene para importar o exportar, y desde ahí buscar alternativas.
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Para eso uno tiene que estar totalmente informado y en contacto permanente con los agentes en el exterior. Y más que venderle un servicio de flete, creo que lo más valioso es poder asesorarlo. Hay muchos importadores nuevos que no están familiarizados con el rubro, y la experiencia acumulada de haberse dado contra la pared más de una vez, es lo que permite después decirles por dónde no ir.
¿Qué rol cumple el courier en el ecosistema importador actual?
El courier es un engranaje que le estaba faltando al importador que está arrancando. Antes no existía o era muy puntual, por temas burocráticos. Hoy cualquier persona puede ser importador: comprás algo más chico para probar el producto, lo vendés, y si funciona, empezás a traer con más volumen. Ahí ya entrás a lo que es el servicio marítimo o aéreo en escala.
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No creo que el courier vaya a matar el servicio marítimo. Al contrario, es una parte del engranaje. El importador que arranca por courier y le va bien empieza a pensar en un contenedor, a hacer los números de traer ese mismo producto en volumen. Y ahí ya aparece toda la operativa de aduana, documentación y despacho. Es un camino que cada vez más gente está transitando.

¿Cómo ves el perfil del nuevo importador en Argentina?
Hay de todo. Clientes que traen tecnología, que siempre fue un rubro de importación, pero también importadores nuevos en nichos que antes eran marginales, como alimentos o indumentaria para mascotas. Son emprendedores que están apostando a un producto específico, probando, y si les va bien, escalan.
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Estamos en un período donde el consumo estuvo bajo y las cargas bajaron. Eso se ve. Pero las nuevas reglamentaciones del país están moviendo fichas. Creo que los nuevos importadores van a tener un papel importante de acá en adelante. Surgieron emprendedores que antes no existían, y eso es parte del cambio.
¿Qué le transmitirías a alguien que está empezando en el sector?
Que cada carga es totalmente diferente. Uno puede tener experiencia, haber pasado por situaciones complejas, pero siempre aparece un punto clave que no le habías dado la importancia suficiente hasta que esa carga llega. Eso es lo que trato de destacar con los que están arrancando: estar todo el tiempo atentos a lo que el cliente necesita, escucharlo bien para entender cómo ayudarlo.
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Cuando uno empieza a trabajar poniéndose la carga al hombro, como si fuera propia, cambia todo. Tuve buenos mentores que me explicaron mucho, pero el rubro te va llevando solo también. La logística es un mundo que no sabés a dónde te lleva: de golpe estás haciendo importación cuando pensabas que ibas a estar en exportación toda la vida. Y eso es lo que lo hace tan interesante.
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