Alimentar a escala: logística, distribución y eficiencia en la cadena alimentaria

Fernando Uranga, director de una organización enfocada en el hambre, la nutrición y la inseguridad alimentaria, explica cómo la operación logística permite llevar alimentos recuperados a quienes más los necesitan

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Fernando Uranga
Fernando Uranga es director de una organización enfocada en el hambre, la nutrición y la inseguridad alimentaria (Foto: Movant Connection)

“No es lo mismo buscar producto en una fábrica del conurbano que integrar productores frutihortícolas distribuidos en todos lados, con menos volumen y mucho menos tiempo”. Con esa tensión operativa como eje, Fernando recorre cómo la eficiencia logística define cuánto alimento llega, a quién y en qué condiciones.

¿Cómo describirías hoy la problemática del acceso a los alimentos en Argentina?

El hambre tiene dos caras. Una es la falta de acceso al alimento. La otra, y en Argentina es la más importante, es no cubrir los nutrientes adecuados para poder desarrollarse. Un chico que recibe mate cocido y pan a la mañana tiene algo en el estómago, pero no tiene lo que necesita para estudiar o para que un adulto pueda salir a trabajar.

Por eso no alcanza con entregar. Hay que estar cerca de la persona, enseñarle a quien prepara cómo combinar los alimentos y cubrir la cadena alimentaria completa. No es lo mismo un chico de 3 a 12 años que una persona adulta mayor. Cada etapa tiene sus requerimientos nutricionales.

Un ejemplo concreto: los argentinos consumimos el 10% de las legumbres que se consumen en promedio mundial. En el mundo se consumen ocho kilos por habitante por año; acá, 800 gramos. Y en los quintiles más pobres, menos de 400 gramos. Las legumbres son baratas, fáciles de transportar, no requieren frío y son muy nutritivas. El problema no es el acceso: es el desconocimiento de cómo prepararlas y combinarlas.

¿Cómo funciona la operación para llevar esos alimentos a quienes los necesitan?

Se recuperan alimentos que, a lo largo de la cadena, ya no tienen valor comercial. No se desperdician: se llevan a un centro de distribución, se clasifican con manos voluntarias y se ponen a disposición de más de 1.300 organizaciones que son quienes los entregan directamente a las personas. El 65% de la población atendida son chicos.

Eso implica una operación de escala: 120 camiones mensuales, 2.000 posiciones de inventario, rotación en 21 días. Requiere sistemas de ruteo, tableros de seguimiento y mucho foco en eficiencia, porque cada costo intermedio que se reduce es más alimento que llega.

Entrega de alimentos
"Hay que estar cerca de la persona, enseñarle a quien prepara cómo combinar los alimentos y cubrir la cadena alimentaria completa", comenta Fernando (Foto: Shutterstock)

Para los volúmenes chicos hay otro modelo: una app permite que un supermercado avise que tiene producto próximo a vencer, y las organizaciones registradas en la zona lo retiran directamente. El producto no pasa por el centro. Se acortan eslabones y se hace más eficiente la entrega. También se trabaja con puntos de cross-docking según el caso.

¿Cuáles son los desafíos que más los movilizan hoy?

La industria está siendo cada vez más eficiente, con menos mermas. Eso es positivo para el sistema productivo, pero reduce la fuente de alimentos recuperados de grandes empresas. Entonces hay que integrar más la cadena hacia el lado de los productores.

Y ahí el desafío logístico cambia de naturaleza. No es lo mismo integrar una fábrica del conurbano que trabajar con productores frutihortícolas distribuidos en todos lados, con menos volumen y mucho menos margen de tiempo. Requiere velocidad, identificación de oportunidades en tiempo real. Ahí es donde la tecnología y la inteligencia artificial tienen un rol cada vez más importante.

¿Qué mensaje le dejarías a quienes quieren sumarse pero no saben cómo?

Lo más importante es que cada persona encuentre qué es lo que la motiva a ayudar y cuál es su canal eficiente para hacerlo. Hay gente que ayuda con tiempo, con conocimiento, con presencia. Hay expertos que brindan dos o tres horas por mes para mejorar eficiencias tecnológicas, logística, impacto nutricional, planificación de menús en comedores. Ayudar a otros nos transforma. No hay una sola forma de hacerlo. Lo valioso es encontrar ese lugar y empezar a hacerlo cada vez más.