
“El desafío es mantener un equilibrio entre lo nacional y lo importado”, afirma Walter. Desde su experiencia, describe el impacto de la apertura de importaciones en el sector textil, la competencia que generan las compras online, los riesgos de calidad para el consumidor final y los escenarios posibles para la industria argentina.
¿Qué aprendizajes obtuviste de tu experiencia en diferentes rubros?
Al pasar por distintos rubros, uno va aprendiendo esos detalles, esos requisitos, esas intervenciones o certificados que son exclusivos de cada producto. Una cosa son juguetes, otra cosa son artículos de electrónica, otra artículos de bazar. Eso se aprende en la práctica. Y además tuve la suerte de pasar por diferentes roles: despachante, forwarder y cliente. Estuve parado en distintas veredas y eso me permitió cerrar todo el círculo del comercio exterior. Esa experiencia te da otra visión.
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¿Cómo ves la actualidad del comercio exterior en la industria de indumentaria argentina?
En los últimos años, la importación textil estaba muy regulada. Había muchas intervenciones, mucha información previa que cargar en los sistemas. Con el cambio de política eso se modificó. No es que los controles hayan disminuido, los controles siguen estando, pero ahora se hacen de otra manera.
Hoy cualquier importador puede traer indumentaria y sacar la mercadería de aduana. La lleva a un taller, hace el etiquetado y después la distribuye. Antes, si no cumplías con todo en aduana, no podías nacionalizarla. Hoy la facilidad es mayor, aunque los controles se hacen después en los puntos de venta.
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¿Y cómo te impacta a vos esta flexibilización?
Impacta sobre todo en los tiempos. Antes, si la fábrica etiquetaba mal, había que resolverlo dentro de aduana y se demoraba todo. Ahora, la mercadería llega, la sacás del puerto y el trabajo lo hacés en tu depósito o en un taller, sin pagar almacenaje extra ni esperar para nacionalizar. Eso te da otra agilidad.
¿Desde qué mercados suele abastecerse la industria?
Casi todo viene del mercado asiático. China es el principal, seguido por India. También llega mercadería de Bangladesh, Tailandia y Malasia. A veces algún artículo especial de otro país, pero en general es Asia. Y no solo prenda terminada, también muchos rollos de tela para confeccionar acá, aunque la materia prima sea importada.
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¿Cómo viste el impacto de la apertura de importaciones en plataformas de e-commerce internacional?
Desde mi experiencia no nos afectó tanto. Sí es competencia porque muchos compran ahí en vez de en los locales, pero apunta a otro público. No es la misma calidad textil que algunas empresas nacionales suelen trabajar. Muchas veces lo que llega por esas páginas es de peor calidad que la nacional, que es muy buena. La apertura genera competencia y baja de precios, pero son segmentos distintos.
¿Qué desafíos observás a futuro para el comercio exterior de la indumentaria en Argentina?
El desafío es mantener un equilibrio entre lo nacional y lo importado. Si dependés solo de lo importado y cambia la política, quedás expuesto. Creo que las importaciones van a seguir creciendo, pero ojo: el consumo no está creciendo al mismo ritmo. Uno invierte dólares para importar, pero después necesita vender, y las ventas no están acompañando. Ahí hay que tener cuidado.
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¿Y cuáles son tus perspectivas?
Pienso que va a haber un mix entre lo nacional y lo importado. Hoy la apertura facilita traer de afuera, pero en cualquier momento puede volver una regulación para proteger la industria nacional. Lo ideal es estar cubierto con las dos opciones. A futuro, la oferta va a seguir ampliándose y vamos a poder acceder a productos que antes no llegaban.
Como profesional de comercio exterior en la industria, ¿qué le recomendarías al consumidor final?
Que tenga cuidado con la calidad. No todo lo que viene de China es igual. Muchas empresas tienen gente en las fábricas chequeando que se cumpla lo que exigen, pero en compras online eso no existe. A veces lo barato sale caro: comprás algo por internet y no es lo que esperabas. Era preferible comprar en un local, incluso más caro, pero con la certeza de la prenda.
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