
El amaranto (Amaranthus spp.) es uno de los cultivos más antiguos de Mesoamérica y hoy en día es considerado por especialistas en nutrición y salud como un alimento estratégico para prevenir y controlar enfermedades crónicas no transmisibles.
Originario de México y Centroamérica, este pseudocereal ha resurgido en el ámbito de la salud pública debido a sus propiedades nutricionales, su adaptabilidad agrícola y su potencial terapéutico en contextos de alta prevalencia de obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión.
Cultivado desde hace más de 7 mil años, el amaranto era fundamental en la dieta y rituales religiosos de pueblos como los mexicas y los mayas. Durante la Colonia su cultivo fue marginado, aunque sobrevivió en comunidades indígenas del altiplano mexicano. En la actualidad, ha sido revalorizado tanto en la cocina como en la investigación científica.

A diferencia de los cereales convencionales como el trigo o el arroz, el amaranto se clasifica como un pseudocereal debido a su perfil nutricional. Sus diminutas semillas concentran hasta un 18% de proteínas de alta calidad, con un perfil completo de aminoácidos esenciales, incluida la lisina.
También es fuente de fibra soluble e insoluble, grasas insaturadas, antioxidantes naturales, vitaminas del complejo B y E y minerales como calcio, hierro, magnesio, fósforo y zinc.
El amaranto destaca por su bajo índice glucémico, lo que significa que no eleva bruscamente los niveles de glucosa en sangre. Este efecto es clave para personas con diabetes tipo 2 o con riesgo de desarrollarla.
Además, estudios recientes han demostrado que extractos de amaranto inhiben enzimas como la alfa-glucosidasa, asociadas con la descomposición rápida de carbohidratos, lo que contribuye a una absorción más lenta de glucosa en el intestino.

El amaranto contiene ácidos grasos poliinsaturados (como oleico y linoleico), fitoesteroles y antioxidantes que favorecen la reducción del colesterol LDL (colesterol “malo”) y, por su alto contenido de potasio, también nivela la presión arterial.
Asimismo, su alto contenido de hierro lo convierte en un aliado en la prevención de la anemia ferropénica, mientras que el calcio y magnesio que aporta fortalecen huesos y dientes, siendo útil para personas con riesgo de osteoporosis.
El amaranto también es libre de gluten, lo que lo hace apto para personas con enfermedad celíaca o sensibilidad a dicha sustancia. Su versatilidad lo ha llevado a ser utilizado en harinas, atoles, barras energéticas, tortillas, galletas, hojuelas y como grano reventado.
El cultivo del amaranto es igualmente beneficioso: la planta se adapta a suelos pobres, resiste la sequía y requiere pocos insumos, lo que la convierte en una opción viable para pequeños productores en zonas rurales. Recuerda consultar a un profesional de la salud antes de realizar cualquier cambio en tu dieta.
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