
El avance de la langosta voladora en Honduras ha motivado una respuesta intensiva por parte del Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria(Senasa), bajo la coordinación de la Secretaría de Agricultura y Ganadería(SAG). El objetivo central es preservar los cultivos y blindar la estabilidad de la producción agrícola, núcleo vital de la seguridad alimentaria del país. Con el apoyo técnico de entidades internacionales, el país apuesta por mecanismos de detección y control reforzados ante la complejidad de la emergencia fitosanitaria planteada por esta plaga.
La amenaza que representa la langosta es inusual tanto por su escala como por su versatilidad. A diferencia de plagas más localizadas, puede desplazarse formando mangas compuestas por millones de individuos, capaces de consumir más de 400 especies de plantas; entre ellas, granos básicos como maíz,frijol, además de frutales y pastizales. Esta amplitud de la dieta convierte a la plaga en un riesgo directo no solo para la agricultura sino también para la ganadería local, según datos de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, citados en el último informe oficial.
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Tecnología, brigadas y capacitación: ejes de la estrategia nacional
El dispositivo de respuesta implementado por SENASA se articula en torno a la integración de tecnología de vanguardia, despliegue territorial efectivo y formación especializada para los equipos de intervención. Entre las medidas notables figura la observación aérea mediante drones, herramienta central para el monitoreo preciso y la fumigación dirigida en regiones de difícil acceso como La Masica, Atlántida. Este recurso, sumado a la presencia de brigadas de prospección en terreno en departamentos como Yoro, con énfasis en sectores como Olanchito y Arenal, permite adelantarse a la evolución de los brotes y responder de forma más ágil.
La vigilancia remota se combina con la implementación de protocolos de detección temprana, no solo en zonas rurales sino también en áreas urbanas y forestales. Este enfoque integral se diseñó para atajar la propagación desde sus primeras manifestaciones, minimizando así las probabilidades de expansión hacia zonas productivas claves.
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El fortalecimiento técnico ha sido otro pilar de la estrategia hondureña. El personal de campo participa en talleres y capacitaciones desarrollados conjuntamente con la Organización Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Estas instancias formativas abordan tanto la actualización en técnicas de manejo sostenible como las mejores prácticas para la intervención frente a la plaga.
Impacto regional y rol de los productores ante la langosta voladora
Especialistas internacionales, como Mario Poot de México, se han sumado al análisis y seguimiento técnico de los brotes registrados en el país. La colaboración sostiene la mejora de los protocolos y facilita la elaboración de planes de respuesta más robustos para el futuro inmediato. El gerente del Servicio de Protección Agropecuaria, José Luis Maradiaga, enfatizó: “El objetivo es fortalecer las capacidades técnicas y establecer un plan de acción efectivo para los próximos meses que permita reforzar el control y mitigar el impacto de la langosta”.
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Según el director técnico de Sanidad Vegetal de SAG-SENASA, Alexis Cabrera, la clave se encuentra en el trabajo coordinado y en la adopción de herramientas tecnológicas: “Contamos con un equipo multidisciplinario que trabaja de manera intensiva en el control de la plaga, lo que ha permitido manejar la situación de forma oportuna”.
Si bien las autoridades de la Secretaría de Agricultura y Ganadería reconocen avances, también insisten en el papel esencial de los productores rurales. La vigilancia permanente en campo, la comunicación temprana de avistamientos y la estricta aplicación de recomendaciones fitosanitarias resultan determinantes para evitar la multiplicación de focos.
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En este contexto, la estrategia nacional frente a la langosta voladora en Honduras se define por la combinación de monitoreo tecnológico, formación técnica y participación activa de los actores locales. El resultado hasta el momento es una disminución visible en la magnitud de los brotes y una mejor capacidad de reacción ante futuras amenazas, consolidando el modelo preventivo y de respuesta articulada que lidera SAG.
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