
Un recorrido de 23.487,5 kilómetros sobre una cortadora de césped permitió que Gary Hatter obtuviera un récord por el viaje más largo realizado en ese vehículo. Durante 260 días, atravesó los 48 estados continentales de Estados Unidos, además de Canadá y México. Partió de Portland, Maine, el 31 de mayo de 2000 y llegó a Daytona Beach, Florida, el 14 de febrero de 2001.
Según Guinness World Records, Hatter recorrió esa distancia, equivalente a 14.594,5 millas, sobre una Kubota BX2200-60 de color naranja. La cortadora alcanzaba una velocidad máxima de 14,5 kilómetros por hora, por lo que el trayecto por caminos rurales y carreteras demandó más de ocho meses.
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El viaje buscaba pagar una operación tras una lesión de espalda
Además de buscar la marca, Hatter necesitaba reunir dinero para afrontar los gastos médicos de una lesión de espalda. El hombre, nacido en Champaign, Illinois, se había lastimado en 1979 mientras trabajaba como camionero.
De joven, Hatter cortaba el césped de sus vecinos. Más tarde se dedicó al transporte, pero el accidente alteró su vida laboral. Durante los 20 años siguientes padeció dolor crónico y mantuvo litigios por compensación laboral. Finalmente, decidió convertir su historia y su experiencia con las máquinas en una campaña para financiar una operación.

Antes de su partida, Ryan Tripp había intentado una travesía similar en 1997 y Brad Hauter hizo lo mismo en 1999. Hatter fue el primero en completar un itinerario de 23.487,5 kilómetros por América del Norte con el objetivo de obtener el título de Guinness.
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La ruta se organizó según el clima de cada región
El estadounidense preparó el recorrido para evitar las condiciones más difíciles de cada zona. Procuró no atravesar Minnesota durante el invierno ni conducir por el desierto en verano. Con esa planificación, buscaba reducir los riesgos de pasar tantas horas al aire libre en un vehículo de baja velocidad.
La cortadora llevaba carteles que anunciaban su intento de alcanzar el récord. Su hijo lo siguió en un automóvil compacto durante todo el itinerario, para asistirlo ante una falla mecánica o cualquier problema en la ruta.

El vehículo tenía dirección asistida, tracción en las cuatro ruedas, luces y otros accesorios necesarios para circular por la ruta. Durante el trayecto, consumió en promedio casi seis kilómetros por litro de combustible y requirió cuatro juegos de neumáticos delanteros y tres de traseros.
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En una entrevista con The Washington Post en 2000, Hatter explicó que disfrutaba del sonido del motor, del aire libre y de la sensación de manejar la cortadora. “Es la manera en que aclaro mi mente”, afirmó al describir esos momentos.
El cansancio y el tránsito marcaron los meses de viaje
La travesía exigía atención constante. Hatter compartía las rutas con autos y camiones que circulaban a una velocidad mucho mayor, además de pasar por caminos de tierra y zonas rurales. También enfrentó el cansancio acumulado después de meses sentado sobre la máquina, además de algunos encuentros con animales silvestres.
Al pasar por Sweet Home, una ciudad de Oregón, resumió esa preocupación en declaraciones al Sweet Home News: “Trato de evitar que me maten. No tienes oportunidad de aburrirte”.
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Según el Orlando Sentinel, Hatter incluso cortó el césped de algunos jardines durante el recorrido. También recibió ayuda de desconocidos en las comunidades donde hizo paradas.
Al llegar a Daytona Beach, Hatter le dijo al periódico que, por encima de todo, la experiencia le recordó que era capaz de lograr lo que se propusiera. “Había pasado mucho tiempo intentando salir de mi estancamiento financiero y emocional”, sostuvo. “Ahora siento que soy alguien. Siento que puedo comenzar de nuevo”.
El récord quedó registrado por la distancia recorrida y los 260 días que demandó la travesía. Fue, además, el resultado de una campaña personal que convirtió una cortadora de césped en el medio para reunir fondos y atravesar América del Norte.
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