Una vaca lechera, un carretero rengo y un periodista mentiroso: el misterio de la causa del gran incendio de Chicago

A primera hora de la noche del 8 de octubre de 1871, un pequeño foco de fuego en un granero se expandió rápidamente por la ciudad, que por entonces tenía casi todas sus construcciones en madera. Durante las siguientes 30 horas devoró un tercio de sus edificios, mató a trescientas personas y dejó a otras cien mil sin techo. La increíble historia de la vaca que pateó un farol de querosene, el falso testimonio de “Pet Leg” Sullivan y la historia inventada por un reportero inescrupuloso

El fuego inició la noche del 8 de octubre y avanzó sin control las siguientes treinta horas. Solo se detuvo la mañana del 10, cuando estalló una fuerte tormenta que hizo lo que había sido imposible para los bomberos: apagar las llamas (Chicago History Museum)
El fuego inició la noche del 8 de octubre y avanzó sin control las siguientes treinta horas. Solo se detuvo la mañana del 10, cuando estalló una fuerte tormenta que hizo lo que había sido imposible para los bomberos: apagar las llamas (Chicago History Museum)
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Para 1870 Chicago era la cuarta ciudad más grande de los Estados Unidos, con más de 334.000 habitantes. Más de 60.000 edificios, el 90% de ellos construidos con madera, se apiñaban dentro de sus límites, junto con cientos de kilómetros de calles y aceras de madera. La ciudad también era el centro de la carpintería del país, sede de docenas de empresas de fabricantes de muebles y de aserraderos. Había material inflamable por todas partes, lo que la convertía en potencial alimento para la voracidad del fuego. Solo era cuestión de tiempo para que, cualquier accidente desatara un incendio que la redujera a cenizas.

Eso fue precisamente lo que ocurrió la noche del 8 de octubre de 1870, cuando el fuego destruyó nueve kilómetros cuadrados de construcciones, mató a trescientas personas y dejó a otras cien mil sin techo. Una vez iniciadas, las llamas se propagaron a velocidad de rayo y se convirtieron en un enemigo imposible de controlar para el Departamento de Bomberos, que solo contaba con 185 hombres y apenas 16 autobombas a vapor. El fuego se inició a las 9 de la noche y la respuesta inicial de los bomberos fue mala, debido a que por un error se los envió a un lugar equivocado, lo que le dio más tiempo a las llamas para expandirse. A eso se sumó el agotamiento de los hombres que, en las últimas semanas, debido a la sequía, habían tenido una gran actividad combatiendo varios focos de fuego en la región. Todos estos factores se combinaron para convertir un pequeño incendio en el granero de la familia O´Leary en una gran tragedia.

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Cuando los bomberos finalmente llegaron a la calle DeKoven, donde estaba el granero de los O’Leary, el incendio había crecido y se había extendido a los edificios vecinos y avanzaba hacia el distrito central. Los bomberos esperaban que la rama sur del río Chicago y un área previamente incendiada actuaran como un cortafuegos natural, pero, a lo largo del río había patios de madera, almacenes, depósitos de carbón, barcazas y numerosos puentes que alimentaron aún más las llamas. A medida que avanzaba el fuego, el viento desde el suroeste se intensificó y comenzó a mover grandes masas de aire caliente, lo que provocó que las estructuras se incendiaran por el calor del aire y por el arrastre de escombros, consecuencia directa de la potencia del viento.

El incendio de Chicago destruyó nueve kilómetros cuadrados, dejó 300 muertos y 100.000 personas sin hogar (Chicago History Museum)
El incendio de Chicago destruyó nueve kilómetros cuadrados, dejó 300 muertos y 100.000 personas sin hogar (Chicago History Museum)

Ni el río lo detuvo

Cerca de la medianoche, los escombros en llamas atravesaron el río propagando el incendio al noreste. Con el fuego al otro lado y avanzando rápidamente hacia el corazón de la ciudad, comenzó el pánico. El alcalde Roswell B. Mason envió mensajes a las ciudades más cercanas pidiendo ayuda. La situación empeoró todavía más cuando el aire sobrecalentado entró en contacto con aire más frío en las alturas y produjo remolinos de fuego que produjeron un efecto de tornado que arrastró escombros encendidos hacia zonas de la ciudad que todavía no habían sido afectadas. Otro factor que jugó un papel en la rápida propagación del incendio fue la cantidad de desechos inflamables que se habían acumulado en el río tras años de métodos de eliminación inadecuados utilizados por las industrias de la ciudad.

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Menos de una hora después de que el fuego saltara al río, el incendio se propagó al servicio de obras hidráulicas de la ciudad y en cuestión de minutos el interior del edificio se vio envuelto en llamas y quedó destruido, lo que provocó que las principales tuberías de agua se secaran y la ciudad quedara impotente para combatir el fuego que seguía propagándose de un edificio a otro. “Fue un huracán de fuego y cenizas”, declaró después el jefe de bomberos de la ciudad, Robert A. Williams.

El fuego avanzó sin control las siguientes treinta horas y solo se detuvo la mañana del 10 de octubre cuando estalló una fuerte tormenta que hizo lo que había sido imposible para los bomberos: apagar las llamas. Aun así, durante las siguientes 48 horas, hubo barrios a los que los grupos de rescate no pudieron entrar debido a las altas temperaturas.

Durante más de un siglo, la familia O’Leary fue señalada injustamente como responsable del incendio más devastador de Chicago (Chicago History Museum)
Durante más de un siglo, la familia O’Leary fue señalada injustamente como responsable del incendio más devastador de Chicago (Chicago History Museum)

Una vaca expiatoria

Apagado el fuego se encendió la caldera de las acusaciones para encontrar a quién echarle la culpa del desastre. Los diarios de la época apuntaron de inmediato contra la familia O’Leary y más precisamente señalaron a la única vaca que tenían. Según la versión más difundida, el foco inicial del fuego tuvo lugar en el granero de madera de la familia luego de que la vaca lechera de Catherine O’Leary pateara un farol de querosene encendido. Como consecuencia, las llamas se devoraron toda la construcción y luego se expandieron hacia las casas vecinas, pero dejaron indemne la vivienda de los O’Leary. Catherine y su esposo Patrick pasaron el resto de sus vidas cargando ese estigma, tanto que debieron mudarse a otro barrio y se cambiaron el apellido por el de Walsh.

Quien inició la versión fue el conductor de un carro de caballos llamado Daniel Sullivan, más conocido como “Pet Leg” Sullivan porque tenía una pierna de palo. En su declaración durante una audiencia del Departamento de Bomberos de Chicago, dijo que había visto el fuego desde la casa de un vecino. Pasarían muchos años antes de que se comprobara de manera fehaciente que la verdad no tenía nada que ver con la acusación de Sullivan.

Hubo también otras versiones. Una que tuvo peso en su momento sostenía que el fuego se había originado cuando el cometa Biela se partió en pedazos durante su paso cerca de la Tierra, lo que hizo que cayeran fragmentos altamente inflamables que explotaron al impactar contra el suelo, provocando no solo el incendio de Chicago sino otros que también se produjeron esa noche en lugares tan alejados como Wisconsin y Michigan.

Haya sido obra de una vaca torpe, de un borracho resentido o de un fenómeno estelar, porque en realidad nunca se pudo establecer con certeza dónde y cómo se inició el fuego, el gran incendio de Chicago marcó un antes y un después en la historia de la ciudad que, al resurgir de sus cenizas, cambió radicalmente sus reglamentaciones para la construcción.

El incendio de Chicago se propagó rápidamente debido a la sequía, la abundancia de madera de la ciudad y la falta de recursos del cuerpo de bomberos
El incendio de Chicago se propagó rápidamente debido a la sequía, la abundancia de madera de la ciudad y la falta de recursos del cuerpo de bomberos

Una nueva Chicago

Si bien el incendio devastó el centro y la zona norte de Chicago, los corrales y aserraderos de las zonas sur y oeste permanecieron intactos. Los daños fueron calculados en alrededor de 200 millones de dólares, y la reconstrucción comenzó casi de inmediato, con nuevas medidas edilicias que excluyeron a la madera como principal material de construcción.

Una multitud de arquitectos de primer nivel se hizo cargo del diseño de los nuevos edificios. Entre ellos se contaron Luis Sullivan, Dankmar Adler, William Holabird, Daniel H. Burnham, John Wellborn Root y, sobre todo, William Le Baron Jenney, que se quedó en la ciudad durante casi toda la década de 1880 para diseñar una nueva generación de edificios aún más altos en el centro.

En la nueva planificación urbana, los grandes almacenes y las oficinas se concentraron en la zona central, y el crecimiento industrial a lo largo de los ramales del río y las líneas ferroviarias fue vertiginoso. Diez años después del incendio Chicago era una ciudad prácticamente nueva, con más de medio millón de habitantes.

Hubo diferentes teorías sobre cómo empezó el incendio, aunque nunca se pudo establecer su origen con certeza. Cuando finalmente se extinguió, la reconstrucción de la ciudad comenzó casi de inmediato
Hubo diferentes teorías sobre cómo empezó el incendio, aunque nunca se pudo establecer su origen con certeza. Cuando finalmente se extinguió, la reconstrucción de la ciudad comenzó casi de inmediato

La mentira de “Pet Leg”

Transcurrió más de un siglo antes de que alguien investigara a fondo la versión más difundida sobre el foco original del gran incendio de Chicago. Quien se tomó el trabajo por pura curiosidad, pero a conciencia, fue el abogado de una compañía de seguros de la ciudad. En 1997, después de revisar el testimonio del carretero “Pet leg” Sullivan llegó a la conclusión de que su declaración ante el Departamento de Bomberos había sido totalmente falsa.

Sullivan dijo que estaba fumando una pipa frente a la casa de un hombre llamado William White cuando vio el incendio en el granero de los O’Leary y corrió a pedir ayuda gritando “¡Fuego!”. Al revisar los registros de propiedad de la época, Bales pudo determinar la distribución de las casas, los graneros y las cercas en 1871 y al mapear la zona y descubrió que “Pet leg” no pudo ver el incendio desde el lugar donde dijo que estaba porque otra casa le habría impedido la vista. Además, debido a su pata de palo, Sullivan caminaba con dificultad, lo que hacía increíble su afirmación de que había corrido más de cincuenta metros para intentar apagar el fuego y que, al no lograrlo, escapó para no quedar atrapado por las llamas.

De acuerdo con la investigación de Bates, los hechos habrían ocurrido de otra manera: que Sullivan, un hombre conocido por su afición a la botella, no estaba frente a la casa de White sino en el granero y que él mismo —a propósito, o por accidente— provocó el incendio y huyó de inmediato. Cuando vio que gran parte de la ciudad había quedado arrasada por las llamas y que los muertos se contaban por centenares, decidió testificar para que Catherine O’Leary cargara con la culpa. “Estoy 100% convencido de que Daniel Sullivan inició el incendio”, escribió Bates en el artículo donde describe su investigación.

La falsa versión de Sullivan se propagó al calor de los prejuicios de la época contra los inmigrantes irlandeses y encontró un aliado de fuste en Michael Ahern, un periodista que, cuatro décadas después de los hechos, reconoció haber inventado la historia de la vaca que derribó el farol de querosene para que su crónica del incendio resultara más atractiva para los lectores.

El gran incendio de Chicago marcó un antes y un después en la historia de la ciudad que, al resurgir de sus cenizas, cambió radicalmente sus reglamentaciones para la construcción (Centro Cultural de Chicago)
El gran incendio de Chicago marcó un antes y un después en la historia de la ciudad que, al resurgir de sus cenizas, cambió radicalmente sus reglamentaciones para la construcción (Centro Cultural de Chicago)

Una reivindicación tardía

Luego de conocerse la investigación de Bates, el Ayuntamiento de Chicago anunció una medida con total seriedad: exonerar a la señora Catherine O’Leary y a su vaca de la acusación sostenida durante más de un siglo que las señalaba como responsables de haber iniciado el incendio más devastador de la historia de la ciudad. “La familia todavía está enojada por cómo la trataron. Ella no se merecía eso. Tenían que culpar a alguien y por los prejuicios de la época eligieron a unos inmigrantes irlandeses. Las caricaturas de los periódicos la hacían parecer una borracha irlandesa”, dijo Peggy Knight, tataranieta de Catherine, al conocer la resolución del ayuntamiento.

De la misma opinión es el actual vicepresidente del Museo de Historia de Chicago, John Russick: “Los inmigrantes irlandeses a menudo se consideraban la escoria de la sociedad estadounidense en la década de 1870. Eran blanco fácil”, dijo al inaugurar una exposición interactiva en la que los visitantes pueden maniobrar alrededor de una simulación del fuego para seguir su trayecto.

En las disculpas del Ayuntamiento no se hacía ninguna mención a la falsa acusación de “Pet leg” Sullivan contra la familia O’Leary que, además, tuvo hasta una versión estelar en la película En el viejo Chicago, de 1938, dirigida por Henry King, y protagonizado por Tyrone Power, Don Ameche y Alice Brady, donde se narra de forma ficcionada la vida de los O’Leary y culmina con una impresionante y costosa recreación del incendio provocado por su vaca.

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