La vuelta al mundo en 72 días: de una apuesta periodística en la hazaña de una mujer que desafió los prejuicios del siglo XIX

La periodista Nellie Bly partió sola desde Nueva York el 14 de noviembre de 1889 y regresó 72 días después, el 25 de enero de 1890, luego de circunnavegar el planeta, demostrando que una mujer podía lograr un desafío épico

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Nellie Bly fue el seudónimo
Nellie Bly fue el seudónimo de la periodista Elizabeth Cochrane Seaman

El 25 de enero de 1890, la estación de Jersey City temblaba de expectativa. Una muchedumbre alborotada no dejaba de vitorear a una joven menuda, de ojos vivaces y paso decidido; y estaba a punto de presenciar un hecho sin precedentes. Nellie Bly regresaba tras haber dado la vuelta al mundo en tiempo récord, saludando a la multitud que se apiñaba para verla descender del tren. Había partido setenta y dos días antes, el 14 de noviembre de 1889, con una pequeña valija y una determinación capaz de desafiar fronteras, océanos y, sobre todo, los prejuicios de género.

La hazaña parecía salida de una novela y, en realidad, lo era. Inspirada en la aventura ficticia de Phileas Fogg, el protagonista de la célebre novela de aventuras La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne, Bly se propuso demostrar que aquel viaje no solo era posible, sino que podía realizarlo en solitario. En cada puerto, cronistas y curiosos intentaron descifrar el secreto de su resistencia y su temple. Ella respondía con telegramas y crónicas vibrantes, manteniendo a miles de lectores del New York World, en vilo y a su editor, Joseph Pulitzer, pendiente de cada uno de sus movimientos.

No fue solo un desafío al tiempo, sino también a los límites impuestos a las mujeres de su época. Bly enfrentó mares embravecidos, trenes abarrotados y países desconocidos, pero también miradas de recelo, preguntas incómodas y advertencias paternalistas ante su proeza. Al regresar, no solo superó la marca de la ficción: transformó su viaje en una declaración de independencia y reinventó el papel de la mujer en el periodismo y en la sociedad. La noticia de su hazaña recorrió el mundo, aunque el verdadero viaje apenas comenzaba.

Nellie Bly, finales de la
Nellie Bly, finales de la década de 1880 (HJ Myers)

De periodista a aventurera

Elizabeth Jane Cochran, conocida profesionalmente como Nellie Bly, nació en 1864 en Cochran’s Mills, Pensilvania, a unas diez millas de Pittsburgh, localidad que hoy forma parte del municipio de Burrell. En su infancia fue apodada “Pinky” por su afición a vestir de el color rosado. Era miembro de una familia numerosa: su madre, Mary Jane, ama de casa, se ocupaba tanto de los diez hijastros provenientes del matrimonio anterior de su esposo como de los cinco hijos nacidos de esa unión. Su padre, Michael Cochran, trabajaba modestamente en los molinos de la región.

Desde muy joven, Elizabeth manifestó un carácter independiente y una abierta inconformidad con los roles femeninos tradicionales de su época. En la adolescencia decidió modificar la grafía de su apellido a Cochrane, un gesto que respondía a su deseo de proyectar una imagen más refinada y acorde con sus aspiraciones intelectuales. En 1879 se matriculó en la Indiana Normal School con la intención de convertirse en maestra; pero, solo pudo cursar un semestre debido a las dificultades económicas que siguieron tras la muerte de su padre. Lejos de resignarse, esa necesidad se convirtió en un impulso decisivo: la empujó a abrirse camino por sus propios medios y a buscar nuevos horizontes.

El periodismo irrumpió casi por azar en su vida, aunque pronto se transformó en una vocación ineludible. Luego de leer una columna abiertamente misógina en el Pittsburgh Dispatch, envió una carta de respuesta firmada con el seudónimo “Little Orphan Girl”. El texto causó tal impresión en el editor que no dudó en pedirle que se incorpore en el diario, donde adoptó definitivamente el nombre de Nellie Bly. Desde allí comenzó a escribir sobre las vivencias de las mujeres trabajadoras y la desigualdad de género, consolidando una voz propia, combativa y singular. Su mirada crítica y su empatía para contar lo que otros preferían ignorar la llevaron a buscar desafíos mayores.

El libro en el que
El libro en el que contó su aventura de circunnavegar el mundo en 72 días

La etapa decisiva de su carrera se desarrolló en Nueva York, cuando se integró al equipo del New York World, dirigido por Joseph Pulitzer. Allí, se destacó debido a su enfoque audaz y su disposición para abordar temas que muchos evitaban, rasgos señalados de manera recurrente por la crítica. Eso hizo que dejara atrás las crónicas domésticas para sumergirse de lleno a lo impensado: las investigaciones encubiertas y reportajes de alto riesgo. Sin quererlo ni pensarlo, sentó las bases de un periodismo de acción que la conduciría a la proyección y la fama internacionales.

Antes de emprender su célebre vuelta al mundo, Nellie ya había alcanzado notoriedad gracias a sus investigaciones encubiertas, en particular por la realizada dentro de un hospital psiquiátrico de mujeres. Publicado bajo el título Diez días en un manicomio, el trabajo sacó a la luz los graves abusos y las negligencias sistemáticas a las que eran sometidas las pacientes internadas. Esta investigación es considerada aún hoy un hito fundacional del periodismo de investigación en los Estados Unidos, ya que Bly se internó de manera encubierta para observar y documentar desde dentro una realidad hasta entonces oculta.

Lo que siguió fue igual (o más) extremo: le propuso a Pulitzer circunnavegar el mundo, como un desafío periodístico. Ella aspiraba a superar el récord ficticio del personaje creado por Verne en su novela de 1873, y, al mismo tiempo, demostrar que una mujer podía llevar a cabo una hazaña considerada hasta entonces inalcanzable. Aunque con algunos resquemores, Pulitzer la respaldó porque entendió el potencial mediático del viaje y su capacidad para ampliar la circulación del periódico.

La ruta que siguió Nellie
La ruta que siguió Nellie Bly alrededor del mundo (Pittsburgh Post Gazette)

El viaje récord

“Sentarse en silencio en cubierta con las estrellas como única iluminación y escuchar el agua deslizarse es, para mí, el paraíso”, escribió Nellie sobre la travesía que comenzó el 14 de noviembre de 1889, cuando partió desde el puerto de Hoboken, Nueva Jersey, con destino a Inglaterra, a los 26 años. Desde ese momento, cada jornada se convirtió en una carrera contra el tiempo. En cada parada, la periodista debía reajustar itinerarios, negociar pasajes y asegurar alojamiento, mientras enviaba telegramas diarios a la redacción del New York World para contar sus aventuras a los lectores que agitaban los ejemplares.

A lo largo del recorrido, Bly utilizó todos los medios de transporte disponibles: cruzó los océanos Atlántico y Pacífico en barcos de vapor, atravesó Europa en tren, se desplazó por Asia por tracción a sangre humana (rickshaws) y equina (caballos y burros). Cada cambio de medio implicaba desafíos logísticos y físicos, entre ellos retrasos imprevistos, enfermedades y barreras lingüísticas. En escalas como Suez, Bombay (actual Mumbai) y Hong Kong, la planificación de rutas y la anticipación de posibles inconvenientes climáticos o políticos exigieron una estrategia constante.

Tuvo que improvisar y adaptarse en momentos críticos, gestionar personalmente todos los aspectos de su travesía, sin depender de asistentes ni escoltas, una circunstancia excepcional para la época que reforzó su imagen de independencia.

Nellie, en sus 50 años
Nellie, en sus 50 años

Con el paso de los días, el cansancio y la soledad hicieron lo propio. En sus crónicas, Bly relató noches incómodas en trenes abarrotados, mareos en alta mar y dificultades para descansar. Pero nada la hizo retroceder. Durante su paso por Bombay, enfrentó retrasos provocados por el mal tiempo y complicaciones logísticas, pero logró reorganizar su itinerario para mantener la ventaja sobre el cronómetro y sobre Elizabeth Bisland, la periodista de Cosmopolitan que fue enviada a realizar una travesía paralela.

Finalmente, el 25 de enero de 1890, tras 72 días, seis horas y once minutos de travesía, Nellie Bly regresó a Nueva York, superando tanto el tiempo ficticio de Phileas Fogg como las previsiones iniciales del diario, que lo pronosticaba en 75 días.

Luego de casarse con un empresario acaudalado y abandonar el oficio por 17 años, Nellie volvió a vincularse al periodismo e incursionó en la industria como inventora y empresaria. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó como cronista y tocó temas sociales, incluyendo la situación de los huérfanos y los derechos de las mujeres. En los últimos años, su vida estuvo marcada por dificultades financieras y personales, especialmente tras la muerte de su esposo, el industrial Robert Seaman. Bly falleció en Nueva York el 27 de enero de 1922, a los 57 años, a causa de una neumonía. Su legado perdura como símbolo de audacia, innovación y compromiso con los más vulnerables.

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