Prepara una mamadera, la acuna en sus brazos, le dice "buen día, mi amor", se miran a los ojos mientras la beba succiona, espera paciente a que se duerma. Tiene dos meses Sofía, acaba de cumplirlos, y si su papá está todo el día en casa con ella, cuidándola, es porque logró que en su trabajo comprendieran que es "padre soltero" y en vez de darle 2 días de licencia por paternidad, le dieran tres meses.

"Empecé a sentir el deseo de ser padre hace unos ocho años", cuenta Charly Durigoni (42) a Infobae, en voz baja, para no despertar a Sofía. Estaba en pareja en aquel entonces, aunque con el paso de los años comprendió que la idea de tener un hijo o hija "era un motor que encendía yo".

En el camino, investigó sobre adopción en Argentina y desistió. Supo que había familias que habían adoptado niñas y niños de Haití, escuchó a quienes le advirtieron sobre la discriminación racial que un hijo haitiano podía sufrir en Argentina y también desistió.

"Y seguía pasando el tiempo. No es que yo necesitara ser padre para realizarme o algo así, lo que me pasaba es que uno tiene tanto amor para dar que cuando eso no se puede concretar se transforma en dolor".

Fue un amigo, productor de televisión como él, quien le contó que él y su pareja iban a ser padres a través del método de gestación por sustitución (mal llamado "alquiler de vientre"). No habían buscado a una persona gestante en Estados Unidos (como hicieron Marley, Flavio Mendoza, Luciana Salazar y otras personas con un presupuesto mayor a 150.000 dólares), sino en Argentina, donde hay un vacío legal.

De a poco y a través de la experiencia de ese amigo, supo "que el hecho de que la gestación por sustitución no tenga todavía un marco legal no significa que sea ilegal", sigue Charly. Uno de los problemas de ese vacío es que, para la ley argentina, madre es quien pare.

Como las gestantes, precisamente, acuerdan gestar pero no ejercer la maternidad, un grupo de personas presentó un amparo colectivo que rige sólo para los niños nacidos a través de este método en la Ciudad de Buenos Aires. Lo que establece es que el o los padres son quienes firman, previamente, la "voluntad procreacional".

La "voluntad procreacional" está en el Código Civil que entró en vigencia en 2015. Lo que permite es dejar constancia de que la decisión de que un niño o niña nazca de determinada manera es un acto de voluntad de amor filial de quienes deciden ser sus padres. De este modo, luego no queda inscripto como hijo de quien lo parió sino de quien dejó asentada esa voluntad.

Charly siguió los mismos pasos que su colega y cargó su búsqueda de una persona gestante en algunas páginas de Facebook. "No tuve miedos sociales, 'qué va a pensar la gente', por ejemplo. Me hice otras preguntas después, cuando ya me había separado. '¿No será un acto egoísta tener un hijo y darle amor incondicional de una persona y no de dos?'".

En esa búsqueda encontró una respuesta: "Después entendí que, si algo le faltaba, lo iba a tener de todo mi entorno, de todos los tíos y tías que ahora tiene. Es que a la familia la arma uno con el amor que tiene para dar, no tiene por qué ser como la calcomanía de los autos: mamá, papá, la nena, el nene, el perrito y el globo".

Una semana y media después de contar su búsqueda, una mujer se comunicó con él. Quedaron en encontrarse en Zárate. Charly había investigado y sabía que uno de los debates alrededor de la gestación por sustitución es la posibilidad de que las mujeres pobres sean explotadas y usadas como "envases" por necesidad económica.

"No quería que sintiera eso, de ninguna manera. Me encontré con una mujer muy segura de su decisión. Justo se había hecho un tatuaje de una elefanta con dos elefantitos, porque tiene dos hijos grandes. Me dio mucha ternura y me pareció que tenía muy claro que ser madre es una cosa y gestar para otra persona, era otra".

Se vieron algunas veces más e hicieron un acuerdo: "Nos ayudamos mutuamente. Ella me ayudó a armar la familia que yo deseaba; yo la ayudé a concretar algunos proyectos que deseaba ella".

Lo más difícil -sigue Charly- sucedió en el peregrinaje entre las clínicas de fertilidad. "Cada una cobraba lo que quería". También tuvo problemas con su prepaga, una de las más caras y conocidas. "Lo más difícil fue la lucha para que me reconozcan como padre. El proceso de encontrar una donante de óvulos y generar los embriones para luego transferirlos lo cubre si la afiliada es la mujer. A mí no me cubrieron nada: el padre iba a ser sólo yo, madre no había y la ley de fertilidad no habla de género".

Dice que fueron dos años y medio agotadores. "Muchas veces pensé en bajar los brazos, todas esas trabas me desanimaban mucho. Pero cuando me sentía así hacía un ejercicio buenísimo: me imaginaba a los 60 años sin hijos y me preguntaba: '¿Y su hubiese sido posible? Y ahí volvía a arrancar".

Antes de empezar con los tratamientos de fertilidad, Charly y la mujer gestante firmaron un consentimiento bajo escribano donde ella dejó constancia que no tenía voluntad procreacional y, por lo tanto, no iba a ser la madre del bebé que gestara.

Charly firmó que era él quien tenía la voluntad y la decisión de ejercer la paternidad. En la clínica de fertilidad firmaron otro consentimiento donde todos acordaron tener claro el proceso de gestación por sustitución (otro papel que fue clave después, cuando tocó anotar a Sofía en el Registro Civil).

Cada vez más cerca

Con los óvulos de una donante y el esperma de Charly, lograron seis embriones y transfirieron uno. "Salimos, fuimos a tomar un café y ella me dijo: 'Quedate tranquilo que estoy embarazada. Uh, los días que siguieron me puse muy ansioso, porque además vivíamos lejos, pero ella me calmaba a mí. Que ella fuera así me daba mucha paz".

Estaba, efectivamente, embarazada. "El vínculo que tuvimos durante el embarazo me hizo dar cuenta de que ella va a estar con nosotros siempre. Es la mujer que cuidó de lo más importante que tengo en la vida", dice Charly, y se emociona. "A medida que la panza iba creciendo, ella le ponía música a mi hija y me mandaba videos, o me mostraba cómo sus perros le apoyaban la cabeza en la panza".

No habían acordado nada acerca de otras necesidades económicas que fueron surgiendo en el embarazo, por ejemplo, ropa para cuando la panza fuera creciendo, dinero para consultas a médicos particulares o para viajar a la Ciudad.

"Yo quería ser leal con ella por lo que estaba haciendo y estar siempre que ella y su familia me necesitaran, así que tampoco hubo problema. Acá no hay un acuerdo comercial en donde uno se aprovecha del otro, es una decisión libre entre pares. No hay dinero en el mundo que pueda pagar lo que significa para mí que ella me permitiera tener hoy a Sofía en brazos".

A ella también le hicieron muchas preguntas, incluso le dijeron "estás loca, ¿cómo vas a entregar a una hija?". Ella les contestó que Sofía no era su hija, que estaba siendo una especie de niñera: "'Una niñera que le da cariño y la ayuda a crecer y con la que tal vez tenga un vínculo el resto de su vida'. Eso les contestó. Yo ahí hice un click tremendo, entendí que ella iba a ser siempre parte de nuestra familia de elección".

¿Dos días de licencia?

Cuando el embarazo ya había pasado el tercer mes, Charly cayó en la cuenta de que la licencia por paternidad en Argentina es de 2 días. ¿Cómo iba a hacer para cuidar de Sofía cuando naciera?

"Soy el único sustento de ella y no tenía tres meses de vacaciones para tomarme", sigue. Fue así que explicó su situación en Recursos Humanos de la Televisión Pública, donde trabaja. Al principio, le dijeron que no sabían qué hacer porque la licencia por paternidad que legalmente le correspondía era de 2 días.

Charly les llevó copia del amparo colectivo, el consentimiento informado, el contrato con la clínica de fertilidad y lo explicó con claridad: "No hay otra persona, soy sólo yo". Lo analizaron, volvieron a citarlo y le dijeron que sí, que iban a darle los tres meses de licencia.

"El problema fue que ANSES no lo aceptó, entonces lo que tenía era una licencia sin goce de sueldo, no una licencia por paternidad", detalla. Volvió a hablar con los abogados del canal y ahora cuenta el final de la historia porque sabe que el compromiso de las empresas puede hacer la diferencia mientras la ley no cambie: "Me dijeron que me igualaban la licencia a la maternal y que ellos se hacían cargo del sueldo mientras le hacían el reclamo a la ANSES".

Sofía nació y a Charly todavía le queda un mes de licencia. En el marco del amparo colectivo pudo inscribirla sin que nadie considerara que la mujer gestante era la madre. Si bien ya hubo quienes lograron anotar a sus hijos gestados de este modo, siempre fueron parejas. Charly es el primer padre soltero que logró hacerlo en la Ciudad.

Después, se escucha el llanto de recién nacida y Charly pide un segundo para ir a buscarla. Lo que sigue es un padre que levanta a su hija de la cuna, que le dice "bueno, mi amor, acá está papá", hasta que Sofía, sobre su pecho, se calma.