
El 10 de marzo de 1943, en una reunión llevada adelante en el hotel Conte, frente a Plaza de Mayo un grupo de oficiales dejó establecida la creación del GOU (Grupo Oficiales Unidos), una logia militar secreta que buscaba derrocar al presidente Ramón Salustiano Castillo y hacerse del poder. Fueron 19 sus miembros fundadores. Entre sus líderes se contaba a los teniente coroneles Miguel Montes y Urbano dela Vega, aunque no eran pocos los que sostenían que Juan Domingo Perón era el verdadero poder oculto. "El Ejército Argentino cuenta con más o menos 3.600 oficiales combatientes. Pues bien, todos, con excepción de unos 300 que no nos interesan, estamos unidos y juramentados…", afirmó Perón, según recuerda en sus memorias Benito Llambí, también integrante de la logia. Según sus documentos, buscaban un gobierno fuerte y decidido que tomara las riendas del país y así dejar atrás la escandalosa Década Infame, con sus fraudes, negociados, corrupción y desprestigio de su clase política.
A la mayoría de sus miembros los unía una admiración al nazismo. Muchos de ellos habían continuado esa tradición -que se arrastraba de décadas atrás- en la que oficiales del Ejército Argentino pasaban temporadas en Alemania perfeccionándose en cuestiones militares. Además, los sucesivos triunfos de Adolf Hitler en 1940 y el comportamiento de la maquinaria bélica germánica eran ejemplo en los cuarteles.
El GOU apareció en el momento adecuado. En el mundo militar de entonces, era posible determinar tres grupos: el primero de ellos, el de General Agustín P. Justo, era proaliado; después estaban los que simpatizaban con el Eje y un tercero que se inclinaba por la neutralidad de Argentina en el conflicto bélico mundial.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el país se declaró neutral, lo que provocó el beneplácito de los Estados Unidos. Pero cuando ocurrió el ataque japonés a Pearl Harbor, la ecuación cambió. EEUU intentó que toda América le declarase al guerra al Eje. Pero Argentina y Chile se enfrentaron a esa estrategia, al lograr imponer en ese tira y afloje el término "recomendar" a "obligar" el rompimiento de relaciones. Estos dos países continuarían siendo neutrales (Argentina sería el último en romper con el Eje; Chile lo haría a comienzos de 1943), no así Brasil, por ejemplo, gesto que fue muy bien recompensado por Estados Unidos con la provisión de importante material bélico.
En septiembre de 1943 serían las elecciones presidenciales en nuestro país. Uno de los candidatos que ya se perfilaba era el propio General Justo. Pero el 11 de enero de ese año fallecería de una hemorragia cerebral, dejando abierto el juego de las candidaturas.
El GOU vio, en la muerte de Justo, la oportunidad que necesitaba para hacerse fuerte en el esquema del poder militar. Disponía de un aliado en el gobierno, el General Pedro Pablo Ramírez, ministro de Guerra.
El presidente Castillo, representante de la oligarquía catamarqueña, tenía su sucesor que garantizaría la continuidad de las políticas y las prácticas del llamado "fraude democrático": el salteño Robustiano Patrón Costas, dueño de un emporio azucarero. En su momento, Patrón Costas había operado para que Castillo fuera el vicepresidente de Ortiz; ahora era el momento de Castillo de devolver el favor. El primer mandatario tenía decidido comunicar oficialmente el nombre de su sucesor el 7 de junio.
Alarmada, la oposición buscó entre sus contactos militares la forma de hacer fracasar la maniobra de la Casa Rosada. Un grupo de radicales sondeó al propio Ramírez, quien pidió pensarlo. Enterado Castillo, le pidió a su ministro de Guerra una desmentida oficial, que fue muy tibia y confusa. El jueves 3 de junio, Castillo separó a Ramírez de su cargo. El GOU perdía a quien tenía el poder del mando de tropa, esto es, sacar a los militares a la calle para hacer caer al gobierno. ¿A cuál general recurrir?
Fueron a verlo a Edelmiro J. Farrell, pero éste no tenía mando de tropa. Finalmente, dieron con el General Arturo Rawson, un oficial de caballería, pro Eje, que sí tenía efectivos a su mando en Campo de Mayo.

Cuando el presidente se enteró que 10.000 hombres marchaban hacia la ciudad de Buenos Aires y que la mayoría del Ejército no lo apoyaba, se embarcó en el Rastreador Drummond y, a salvo, luego de unas idas y vueltas, firmó su renuncia. No hizo falta el mensaje que Perón le pidió a Ramírez transmitir a la Casa de Gobierno: "Decile que no se puede joder más y que se las tiene que tomar". Sólo hubo un pequeño tiroteo esa mañana frente a la Escuela de Mecánica de la Armada al mando del capitán de navío Anadón. En un confuso episodio se produjeron intercambio de disparos, del que hubo que lamentar víctimas. El general Márquez, responsable de la defensa de la ciudad, se rindió cuando vio que no había nada que hacer.
El viernes 4 de junio, la escasa gente en la Plaza de Mayo no entendía bien qué era lo que ocurría. "Pero, cuál conspiración es la que ha salido a la calle? Porque hay siete…!", era lo que se comentaba, mientras veían como de un camión militar se bajaban soldados y un tanque se apostaba en la calle Balcarce, protegiendo la Casa de Gobierno.
Sólo cuando llegaron militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista, el General Rawson se asomó al balcón de Casa Rosada, comunicando que el Ejército se había hecho cargo de la defensa de la Constitución, de las personas y del orden.
A esa altura, Perón no había aparecido. Recién apareció acompañando a Farrell cuando todo había concluido.

Rawson, sin consultar, empezó a tomar decisiones, como el nombramiento de nuevos ministros, algunos de ellos representantes del viejo orden que se acababa de derrocar. Algunos de los nombramientos los había prometido en la cena que esa noche compartió con amigos en el Jockey Club. El día 5 lo encontraron acomodado en el despacho presidencial. Y ahí mismo lo hicieron renunciar. "Rawson fue presidente por error", diría el propio Perón años después. Ramírez se transformó en presidente de facto, Farrell ministro de Guerra y Perón su mano derecha. El nuevo gabinete asumió el 7.
La Corte Suprema de Justicia reconoció al nuevo gobierno; se disolvió el Congreso, se prohibieron los partidos políticos y las elecciones presidenciales de septiembre fueron pospuestas.
En su proclama, redactada por Perón, sólo hacía hincapié en la honradez y la moral. "Propugnamos la honradez administrativa, la unión de todos los argentinos, el castigo de los culpables y la restitución al Estado de todos los bienes malhabidos. Sostenemos nuestras instituciones y nuestras leyes, persuadidos de que no son ellas sino los hombres quienes han delinquido en su aplicación".
Para Perón, el golpe del 4 de junio de 1943 significó el trampolín para su carrera política. Entonces, pocos entendieron el por qué de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, el 27 de noviembre de ese mismo año. "El día que creamos la Secretaría de Trabajo y Previsión, es para mi el día inicial de nuestro movimiento", dijo Perón según relató Llambí. Recién cuando el peronismo fue gobierno comprendieron lo valioso del apoyo de la clase obrera. No en balde ganó las elecciones el 24 de febrero de 1946 y asumiría el 4 de junio, tal vez en homenaje a aquella jornada a la que tanto le debía.
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