
María Rosa Yorio visitó Céspedes Libros para participar en una entrevista pública en la que habló de Asesínenme – Rock y feminismo en los años 70 (Planeta), su primer libro: una suerte de autobiografía a la vez que retrato de época, mirada personal sobre Charly García, y voz de protesta hacia las prácticas machistas en el rock.
"¿Seguís enamorada de Charly?", fue una de las preguntas que respondió: "En un punto, sí", dijo.
Céspedes Libros es una pequeña y activa librería de Colegiales —queda en Céspedes y Freire—, provista de un catálogo exquisito que responde tanto a conocedores como a un público ocasional. Era el ambiente propicio para un encuentro íntimo y descontracturado. "Vine a comprar un libro y no puedo creer que estés acá", le dijo un cliente sorprendido que le dio un beso y le robó una selfie.
Durante casi una hora, Yorio recordó historias de la década del 70, anécdotas personales y dibujó un mapa de músicos y amigos.

La charla estuvo salpicada por varias de las canciones que habla en el libro —tuve el privilegio de acompañarla con la guitarra— y que forman parte del inconsciente colectivo de varias generaciones: desde "Seminare" a "El blues del levante", pasando por "Quiero ver, quiero ser, quiero entrar" y "Todos los caballos blancos". Canciones que la tienen como protagonista porque las cantó en bandas míticas como PorSuiGieco y Los desconocidos de siempre, o porque fue la musa que inspiró a Charly García, con quien estuvo casada y tuvieron un hijo.
Cuando cantó "Estación" —una canción hermosa incluida en "Vida", el primer álbum de Sui Generis— dijo que el origen del tema fue un viaje que hicieron con Charly a Chapadmalal. "Mis viejos tenían una casita allá", dijo, "y en esa época, que era la época 'milica', la ciudad estaba vacía. Había aromos entre la playa y la ruta y debajo de los aromos tuvimos nuestros primeros encuentros íntimos. Entonces, este gran artista compuso la canción en homenaje a esos momentos".

Asesínenme cuenta de un modo descarnado la vida de Yorio y las luchas que debió atravesar. Por momentos, el título parece el ruego de un cordero sacrificial: Yorio cuenta cómo sobrellevó dos abortos, la adicción a la cocaína, la guerra que debió librar para sostener su lugar en el ambiente tras convertirse en la mujer que abandonó a la gran figura del rock nacional.
Y, para peor, al poco tiempo empezó a convivir con Nito Mestre: "Éramos compañeros en Los Desconocidos de Siempre y cometimos el error de ser pareja", dijo. "Conocés a alguien, tocan juntos, por ahí te enamorás, tenés sexo y querés ser pareja. Ese amor romántico es un gran error. A mí no me resultó. Yo tendría que haber priorizado mi arte".
—Lo que llama la atención es que, en ese entonces, "Los desco" eran más famosos que Charly y la Máquina de Hacer Pájaros.
—Tuvimos nuestros diez minutos, sí. Era una banda grossa, con músicos muy buenos. Estuvimos todo un año ensayando. Ahora se ensaya tres veces. Igual, yo entiendo a mis colegas: tienen que tocar con varias bandas. Tienen que sostener los gastos, tienen hijos. Hoy la música es el arte de combinar los horarios.

—PorSuiGieco fue una banda integrada por grandes músicos: Raúl Porchetto, León Gieco, Charly y Nito, y vos. ¿Por qué siendo todos tan importantes no hubo problemas de ego?
—Hay dos egos en el artista. Uno es el que se da cuando el artista descubre algo. Por ejemplo, descubro cómo cantar una canción y quiero que la gente la escuche. Después está el otro ego, el de "Yo soy el mejor". Nosotros no teníamos ese ego. Charly tenía una cosa muy particular. El grababa una canción y nos sentaba a todos alrededor en silencio y nos decía "Escuchen esto y ahora esto", y él en el medio con las patitas que le temblaban. Escuchábamos cada nota del disco. Pero eso también es querer transmitir algo que uno considera que es bello.

Haciendo el amor en la cocina
Asesínenme no dice nada sobre la sesión de fotos que Yorio hizo para Playboy. Tal vez porque se ocupa sobre todo de la relación con Charly. Pero sí hay un largo capítulo sobre lo difícil que era para una mujer moverse en el rock de los 80, cuando parecía que hasta la prensa especializada estaba interesada en pisarles las cabezas. Así cuenta que Roberto Petinatto, por ejemplo, escribió en Expreso Imaginario la crónica de un concierto, pero, en lugar de hablar de la música, descargó su cinismo sobre la carterita de Yorio, que había sido el regalo de una tía que había vuelto de París.
"Yo había estado en dos o tres grupos importantes", dijo en Céspedes, "y cuando saqué mi primer disco solista, que tenía arreglos del Mono Fontana, me hicieron pelota. Incluso Fabiana Cantilo contó que hubo gente que le decía 'Vos no lo vas a lograr', con ganas de que le fuera mal. Petinatto es hijo de un guardia cárcel y no tengo en nada contra eso, porque no podemos hacernos cargo de nuestros padres, pero él parecía un guardia cárcel. Se lo he dicho."
—¿De esa época es "Haciendo el amor en la cocina"?
—Sí. Es que fui una adelantada. Yo fui una Madonna argentina. Lo que pasa que hacía y me retraía. Por ejemplo, cuando me saqué fotos desnuda: lo hacía como una rebeldía, pero después me costaba sostenerlo. Y como no tenía mucha gente que me sostuviera, cuando me criticaban, me asustaba. Yo tenía 23, 24, 25 años.
—¿"Haciendo el amor en la cocina" es la respuesta a "Yendo de la cama al living"?
—No. Es que cuando éramos chicos, Charly y yo cantábamos "Making love in the kitchen". Él siempre tenía su guitarra criolla por ahí.

—El prólogo del Asesínenme es de León Gieco. Ahí cuenta que cuando con Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre cantaban "El blues del levante" todo el mundo se enamoraba de vos.
—Es que por un lado yo había estudiado teatro y entonces tenía una cosa medio actoral. Yo era muy bonita y podría haberme hecho la canchera: tenía toda una ciudad enamorada de mí. Pero en ese momento estaba viendo que no podía terminar de relacionarme con Charly. Él era tan mujeriego. En ese momento me estaban sacando mi lugar y no sabía por qué.
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