Por Ana María Díaz.

Tiger Woods en una ronda de práctica previa al Campeonato de la PGA 2018 en el Bellerive Country Club el 8 de agosto de 2018 en St Louis, Missouri. (AFP)
Tiger Woods en una ronda de práctica previa al Campeonato de la PGA 2018 en el Bellerive Country Club el 8 de agosto de 2018 en St Louis, Missouri. (AFP)

Me introduje en el golf cuando un nuevo alumno llegó a las clases de Tai Chi (arte marcial interno con amplios beneficios para la salud) para mejorar su juego. Comenzamos un intercambio y fue así que me apasioné con este deporte. Jugaba al tenis desde chica; el ambiente deportivo había sido una cosa familiar, ya que mi padre fue un profesional de la enseñanza del tenis.

El aprendizaje del deporte me llevó a encontrar tantos paralelos que rápidamente ambas prácticas se nutrieron entre sí. Como coach postural comencé a ver los defectos posturales de los golfistas y me propuse diseñar ejercicios para abordajes de cambio y desarrollo de potenciales. Escribir también fue un hábito familiar así que hacía estos procesos y escribía. Así surgió el libro Tai Chi Golf (IndieLibros).

Mi motivación crecía cuando veía aficionados aprendiendo a jugar con una distribución de peso muy deficiente, lo que producía procesos de enseñanza lentos y swines inestables. También vivía mi propio proceso, por eso fue una producción que llevó sus años, desde 1990 hasta su edición en el 2017, en los que elaboré algunos conceptos desde el Tai Chi y la biomecánica para transmitir estas ideas. Por ejemplo la noción de triángulo de enraizamiento.

La práctica milenaria del Tai Chi enseña a enraizar, para poder mover y permitir el desarrollo de la circularidad y la fuerza elástica, concentración y expansión. Enraizar implica soltar todo nuestro peso y entregarlo a la tierra, sentirla. De ese modo, el movimiento opuesto y complementario es desenroscar la fuerza circular y espiral desde una base estable y equilibrada, construyendo la noción de Centro. Enraizar es bajar la mente al cuerpo, sincronizarlos.

Tai Chi Golf, de Ana María Díaz
Tai Chi Golf, de Ana María Díaz

Creemos que la mente está en la cabeza y el cuerpo es otra cosa. Es una noción muy alejada de la realidad. El cerebro gobierna todos y cada uno de los procesos corporales, biológicos, y hay una unidad perfecta entre psiqué, cerebro y órgano que hoy ya podemos estudiar en medicina a través de las cinco leyes biológicas del Dr. Hamer. Una unidad perfecta entre espíritu, mente y cuerpo.

Todo mi proceso de aprendizaje del Tai Chi estuvo orientado en la recuperación de mi salud, y en mi equilibrio emocional, ya que a mis 24 años me diagnosticaron un tumor hipoficiario que remitió totalmente con la práctica. Mi padre, de joven, hizo su incursión en el tenis por sus problemas de asma, cuyos síntomas desaparecieron con el tiempo.

Pero aprendí que el deporte no contempla la salud en muchos casos, y mucho menos en el ámbito profesional, donde la exigencia competitiva no tiene en cuenta los límites corporales ni el equilibrio mental y emocional. Tampoco una visión espiritual, donde la competencia es un error de la percepción, ya que es jugar con los otros y no en contra de. Pero esto es difícil de comprender hasta tanto podemos invertir la lógica, y mientras tanto vivimos en un mundo al revés.

Fuera de mi familia también pude ver cómo excelentes jugadores enferman en su proceso de vida y de juego por no saber lidiar con sus emociones durante la competencia. Todos habremos visto excelentes swines desbordarse ante el enojo, la ira y la frustración.

Los principios de Tai Chi coinciden totalmente con la noción de postura deportiva eficiente: concentración, enraizamiento, eje, estabilidad, equilibrio dinámico, fuerza circular y espiral, sincronizar la mente con el cuerpo, respiración natural y permitirse fluir.

Palos de golf
Palos de golf

Mi práctica de meditación me permitió descubrir que los momentos de mayor eficiencia en mí y en los jugadores profesionales – que seguí durante años – daban con sus mejores logros cuando la mente y el cuerpo estaban en sintonía y permitían un fluir desde su intuición. "Jugar fuera de la mente". O encontraban un perfecto juego de equilibrio entre los hemisferios derecho e izquierdo, pero esto no se podía controlar. Es imposible controlar el juego. Lo que sí es posible es reconocer la calma que está más allá de la mente, un espacio de quietud desde donde todo fluye y en nuestra práctica se reconoce como nuestra identidad real. Nuestro ser verdadero. Este estado y esta conexión trascienden la dualidad de la mente y es el estado desde donde jugamos cuando somos niños, y lo que en psicología deportiva se reconoce como "motivación pura".

En general, los niños comienzan en las escuelitas deportivas con una motivación pura muy alta, genuina. Con el tiempo la "motivación social", desequilibra este estado que fluye y se disfruta espontáneamente. Aquí aparece la presión de competencia, en los aficionados y en los profesionales es aún mayor, sobre todo si no se reconoce o no se ha respetado la motivación pura que es la que verdaderamente nutre el proceso de juego.

Desarrollé gran parte del material en la cercanía de escuelas deportivas de menores, tanto en tenis con mi padre y en la escuela del club Acantilados en Mar del Plata y en la Academia de Alexis Barriga, Harbor Golf y Red Cap, seguía los procesos de los niños y adolescentes e incluso el de mi propio hijo, que llegó a un muy buen nivel de juego y un hermoso swing que está en las imágenes del libro.

En esta experiencia pude aprender sobre el alto abandono deportivo en los chicos –  especialmente cuando no logran un enraizamiento eficiente -, o cuando se sienten presionados por la competencia, el deseo de los padres y la presión de las instituciones.

En lo personal, el golf me permitió expandir la idea de meditar en la naturaleza, y cómo la naturaleza medita en la presencia constante. Es un aquí y ahora. La naturaleza es un espejo de nuestra naturaleza esencial. El campo de golf es un dojo (lugar de práctica espiritual japonés) de práctica y meditación. Es decir, el campo nos muestra todo el tiempo el estado desde donde jugar, la felicidad de estar en un lugar maravilloso que nos regala lo perfecto, lo completo, lo simple. Todos los elementos siendo respirados e integrados al jugar, al caminar, al compartir y hasta en la soledad.

Naturaleza interna y externa en sincronía; es decir, primero el espíritu, el vacío, el fondo y la profundidad para armonizar nuestra mente y cuerpo.

En la primera parte del libro hago hincapié en este estado. El reconocimiento. Por eso hablo de invertir la lógica. Sentirnos desde nuestra naturaleza no condicionada, abstracta. La que sostiene todo. La que abraza mente cuerpo. Yin y Yang. Los opuestos que se complementan.

Esta primera parte sigue con la importancia de la herramienta del enraizamiento/groundig.

Explico la funcionalidad del triángulo de enraizamiento para lograr la conexión de sentir la tierra y llevar la mente a casa, al cuerpo, y allí muestro un dibujo de Tiger Woods con perfecto enraizamiento, y de otros profesionales que colaboraron con imágenes: Luciano Bailone, Diego Ortiz, Miguel Fernández, Alejandro Riveros, Fernando Suárez, Delfina Acosta, el profesor Angel Maiques y su alumno Martín Gonzales.

También muestro en imágenes el desarrollo de la postura vertical en el campo y la importancia de una caminata sana. Y varios estudios de movimiento que van desde posturas condicionadas al desarrollo potencial de la postura atlética.

Como mencioné antes, la unidad cuerpo mente se refleja en la postura. Una mente cansada muestra una postura cansada. Una actitud frustrada manifiesta una postura frustrada. El ensimismamiento y el exceso de pensamiento pueden mostrar una postura con la cabeza hacia abajo, y así. En esta unidad se aprende a leer y todo jugador puede desarrollar las herramientas para salir de estados emocionales usando la respiración y el cambio de postura para un cambio de actitud.

Muchas veces escucho a los profes decir sobre la importancia de la actitud, pues claro y la actitud se puede cambiar pero desde adentro. Uno mismo aprende y uno mismo cambia. A nadie le gusta que nos quieran cambiar.

Hay una metodología de cambio que yo he puesto a prueba, gracias a mis conocimientos en aprendizaje motor y al Tai Chi, y vuelvo al punto que todo cambio se inicia en la raíz, uniendo mente y cuerpo. A partir de aquí podemos desarrollar el potencial.

La segunda parte del libro la enfoco en la herramienta de la meditación para la concentración, la relajación y la presencia. Aquí y ahora. Estamos viviendo el tránsito de un paradigma a otro, el tercer elemento, el espiritual está siendo reconocido por la física y la medicina. Toda manifestación material tiene una previa, un abstracto desde donde se construye o percibe una idea que se baja a tierra y se realiza. Una bajada a plano. Meditar, serenarnos y respirar, nos pone en contacto con este potencial.

Jugar desde y con ese potencial, dejándonos fluir y permitiendo que nos llegue, el tiro perfecto.

Ese tiro está ahí, en el inconsciente del campo, en eso que no se ve, pero se puede percibir, se puede intuir. Es el tiro que quizá pensó el diseñador del hoyo, el diseñador del campo, y está ahí para ser captado. Nuestra intuición anticipa el golpe, entonces nuestro hemisferio izquierdo calcula las yardas, decide un palo, el cuerpo siente el tiro y desde el fluir responde.

Los capítulos siguen con una serie de ejercicios de Tai Chi para desarrollar la fuerza elástica a través del movimiento centrado y enraizado. Son ejercicios generales para desbloquear las articulaciones, para desbloquear la columna en el piso y la amplitud del arco del swing, ejercicios interiores de guiar la mente al centro y lograr esa sincronicidad de la cual hablé al comienzo. Después abordo cinco ejercicios específicos senso-perceptivos  para el desarrollo del swing y el contacto con el palo, con secuencia de imágenes y descripción. Ejercicios que podemos practicar en casa, en un jardín o en la oficina.

En la última parte, relato mi experiencia de aprendizaje de swing en la escuela de Mike Hebron en Nueva York, junto al profesor Rick Nielsen desde un abordaje con metodología ZEN. Con una visión súper avanzada de enseñanza aprendizaje que aún no existía en Argentina, me realizaron un test para evaluar cuál era mi sistema natural de aprendizaje, lo que me ayudó a reconocer cuáles eran las áreas  que debía trabajar para potenciar mi aprendizaje. Esto me ayudó a no caer en la zona cómoda en la cual solemos estancarnos. A partir de un estudio realizado por un psicólogo deportivo de vanguardia, Carey Munmford, que había realizado una interesante investigación que resume cuatro personalidades tipo entre los jugadores del tour y esto se relaciona directamente con el uso de su cerebro. Se le ha llamado los cuatro estilos de juego y aprendizaje. Estos estilos son: Driver o Hacedor, Observador/Persuasivo, Artesanal y Analítico.

Así que el profesor Rick Nielsen inició mi primera clase sabiendo cómo abordarla  de acuerdo a mi estilo de aprendizaje, que era mayormente artesanal y analítico, haciendo ante el resultado del test una expresión de wou, ideal para instructor. Tal cual así me reconocía. Pero me remarcó la necesidad de completar mis áreas de bajo porcentual para tornarme una jugadora completa y así disfrutar el juego con plenitud.

Un jugador "sensitivo" aprende por sensaciones, juega lento, le encanta practicar, son los estudiantes con mejor respuesta, pero necesitan jugar más, y eso es lo que siempre me remarcó con los años mi profesor Miguel Fernández. También era "analítica": un jugador analítico aprende por saber cómo hacer,  juega lento, analiza y tiene demasiado pensamiento, necesita sentir, ver y hacer más. De hecho, aprendí mi mejor golf junto a Rubén Álvarez viéndolo jugar por años en Smithfield Golf Club y con Miguel Fernández en Mar del Plata. Ambos jugadores profesionales tenían lo que me faltaba ser: un "driver". Al driver le gusta romper la pelota, pegar lejos y ¡jugar! Pero ambos eran también jugadores altamente sensitivos y artesanales.

En el libro doy las bases para que cada uno reconozca su estilo.

Finalmente doy las bases para una rutina de tiro, que fue muy importante para mí, estudiando las rutinas de Rubén Álvarez y Miguel Fernández, dos jugadores que juegan desde el Ser. Y hacen el golf simple y fácil y un deleite para ver.

Estas rutinas nos permiten crear hábitos sanos, ahorrando energía y ganando precisión y estabilidad en el juego.

Entiendo que el golf, además de un juego, es un arte. Es mi percepción la que es propia de un jugador artesanal. En ese arte reconozco también que el swing puede ser un movimiento natural, de fluir espontáneo y fuente de placer.

 

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