Iván Noble junto a Patricio Zunini en el auditorio de Grandes Libros
Iván Noble junto a Patricio Zunini en el auditorio de Grandes Libros

Muchos de nosotros guardamos dos o tres canciones de Los caballeros de la Quema e Iván Noble en nuestra memoria emotiva. La más icónica, tal vez, es "Avanti, morocha", pero además están "Huelga de princesas", "Oxidado", "Sapo de otro pozo", cuántas otras. Noble, o mejor: su música, forma parte de nuestra educación sentimental.

Pero: ¿cómo fueron para él todos estos años en que nos acompañó desde discos y recitales? ¿Cómo fueron los primeros años de entusiasmo, pasión, ingenuidad, candidez? Con una mezcla de memoria de viajes, diálogos familiares y recuerdos personales, Iván Noble acaba de publicar Como el cangrejo (Galerna), un libro sorprendente por lo sólido, lo íntimo, pero también por el trato descarnado con lo que el propio músico se representa a sí mismo.

Como el cangrejo está llamado a ser uno de esos libros que va a rankear muy arriba en cualquier lista de libros de músicos argentinos. Como Miguel Cantilo con Qué circo –que curiosamente se reeditó hace unos años por el mismo sello- Noble abre la puerta a un mundo que en general se nos mantiene velado y muestra el lado B del rockstar: los miedos, fantasmas, demonios, angustias. Pero también las alegrías y las situaciones más disparatadas que se pueden vivir en un tour.

Iván Noble pasó por el auditorio de Grandes Libros y habló de éste, su primer libro. El encuentro pudo seguirse vía streaming.

"Agradezco mucho haber podido llevar adelante mi oficio tantos años", dijo al comienzo del encuentro. "Ya van 25 años. No era algo que hubiese planeado: es un sueño no soñado. Haber escrito este libro también es importante, porque ojalá sea la puerta de entrada a un oficio nuevo, que, si bien es vecino, no es lo mismo. Yo creo que el género canción es parte de la literatura -y ahí abrimos el debate del Nobel a Dylan. Escribir este libro era un viejo anhelo y la intención de asomarme a una forma de relato que no sea la canción".

Como el cangrejo tiene un vínculo con Paracaídas y vueltas, el libro de Andrés Calamaro, que también es una suerte de diario de viaje y recitales. La diferencia es que mientras él escribe cuando termina cada concierto, con el pico de adrenalina del último aplauso, tu libro tiene el tono de las memorias, de haber sido escrito tiempo después.

-Andrés es un tipo que quiero mucho. Este libro terminó siendo el lado B de lo que la gente mira cuando ve a alguien en un show. No sé si fue esa la intención desde el principio. A medida que pasaban los relatos me daba cuenta de que era el atrás de escena: hoteles, rutas, ensayos.

Si iba a escribir sobre mi oficio y mis demonios y mis miedos, tenía que hacerlo sin protector bucal.

Hay mucha nostalgia, además.

-Soy un melancólico serial.

Y tiene un autorretrato descarnado. Cuando cobrás el primer pago en SADAIC y le llevás la plata a tus viejos y lo vivís con… ¿culpa?

-Y, sí, claro. Todavía me dura un poco esa culpa. No quise escribir cuidándome. Es más, alguna gente me decía que me estaba exponiendo mucho. Yo no me daba cuenta, pero me pareció bien. En las canciones uno no se expone tanto; son muy pocas las canciones donde uno queda en carne viva. La literatura que me gusta leer es la de aquellos tipos que están escribiendo con el corazón en la mano. Yo no tenía que cuidarme, no tenía una imagen que cuidar. Al contrario. Si iba a escribir sobre mi oficio y mis demonios y mis miedos, tenía que hacerlo sin protector bucal.

La tapa de "Perdido por perdido" bien podría haber sido la foto del libro: vos, desnudo, delante de la cámara.

-Ojalá. Lo tomo como un piropo. Si la gente cree que quedé desguarnecido me parece bien.

Como el cangrejo, el primer libro de Iván Noble
Como el cangrejo, el primer libro de Iván Noble

Hay una escena que contás, que es cuando tu mamá entra con una olla de lentejas al estudio para darle de comer a todos Los caballeros de la Quema. 

-Es una escena muy de bautismo. En la imaginería nuestra estaba la cosa de grabar un primer disco, pero teníamos hambre y no nos alcanzaba la plata para otra cosa que no fuera pan y fiambre. Y entonces llega tu vieja con una olla de lentejas para doce personas. Eso es el rock en la Argentina. En otros lugares, no sé. Vivir de la música es muy difícil. Cuando lo lográs no deberías olvidarte que sos un tipo bendecido. Vivimos en un país donde ya tener un laburo es una bendición. Si encima laburás de lo que te gusta, no tenés que olvidarte de eso.

Otra imagen, pero disparatada, es la del remisero que saca un revolver de la guantera cuando lo para gendarmería.

-Es que te encontrás con gente así todo el tiempo, personajes de película.

Estás con un remisero que en un control policial saca un revólver: te querés bajar.

-Sí, hasta que te das cuenta que es amigo de la gendarmería.

No importa, yo me bajo igual.

-Es que mientras sucedían esas cosas, pensaba: "Esto lo tengo que escribir, tengo que contarlo". Era la escena de una película de Tarantino. El desafío era transformar el anecdotario en algo parecido a la literatura.

Iván Noble en el auditorio que Grandes Libros montó en la Feria del Libro
Iván Noble en el auditorio que Grandes Libros montó en la Feria del Libro

¿Qué se siente escuchar que una hinchada cante tus canciones?

-Hace mucho no pasa, igual. Yo soy futbolero y al principio te causa una gran emoción. Es la constatación que una canción tuya se hizo muy popular. Pero no tiene mérito artístico.

Me imagino que, vos que sos hincha de Boca y cantando en una banda se llamaba Los caballeros de la Quema, el hecho que la primera hinchada que cante tus canciones haya sido la de San Lorenzo, tiene que haberte hecho algo.

-Sí… Era una época que no había redes sociales, no había programas de fútbol todo el tiempo. Me acuerdo del día que me enteré: un amigo mío hincha de San Lorenzo estaba en la tribuna y tenía celular -poca gente tenía celular en esa época- y dejó en el contestador automático de mi casa la hinchada de San Lorenzo cantando. ¡Eso debería haber estado en el libro!

Soy consciente que “Avanti, morocha” es una canción bisagra en mi oficio y que si no fuera por esa canción, tal vez no estaría acá

¿"Avanti, morocha" es para vos como "Muchacha" para Spinetta? Me refiero a la relación problemática que Spinetta tenía con esa canción.

-No, porque por lo que leí, y hasta donde supe, Spinetta tenía una relación tortuosa con esa canción. Soy consciente de que es una canción bisagra en mi oficio y que si no fuera por esa canción, tal vez no estaría sentado acá. A veces me cansa mucho; no está entre las diez o quince canciones que más me gusten que haya escrito. Pero siempre hay un motivo extraño para esas canciones. Uno nunca sabe por qué le arañó el corazón a mucha gente muchos años.

¿De dónde salen esas canciones? El libro tiene, evidentemente, la fuerza de la memoria. Pero: ¿las canciones?

-Estoy tentando de contestarte como una vez contestó Leonard Cohen a alguien que le hizo exactamente la misma pregunta: "Si yo supiese de dónde salen agarraría un banquito e iría a esperarlas todos los días". No sé de dónde salen. Es más, hace mucho que no me salen. Confío en que si uno está alerta y es curioso, tal vez la punta del ovillo -no la canción entera- puede estar en cualquier lado. En cualquier cosa que escuchas, en cualquier frase dicha por alguien, en una charla de ascensor. Yo he hecho canciones con cosas que dicen las leyendas de los camiones: una vez paré en un semáforo y leí en un camión la frase "En la cama de los piolas, este gil duerme la siesta" y me dije que eso tenía que estar en una canción.

¿Sos tanguero? ¿Tomás la herencia del tango?

-Ojalá la tome. Escucho mucho tango. Desde pendejo estaba el sonido del tango en casa. Y los escritores del tango, Homero Manzi, Discépolo, Cátulo Castillo, Celedonio Flores, Lepera, Homero Espósito: todos esos tipos son los que más contundentes y hermosos han sido a la hora de escribir canciones. Y me animaría a decir que han sido los poetas más grandes de este país. Eran tipos muy certeros, muy talentosos, muy cuidadosos de la palabra. La canción popular, con el tiempo lo ha ido perdiendo.

No sé si tengo el fuego que tenía a los 20. Hay gente que dice seguir teniéndolo. A algunos les creo, a otros no tanto.

Como decíamos, el libro tiene mucho de nostalgia, pero creo que, sobre todo, extrañás aquellos primeros años de optimismo e inconsciencia.

-Hay una añoranza por las primeras épocas, porque es cuando está todo por hacerse. No importa cómo va a salir. Uno no hace cálculos y cree que se le va la vida en eso. Después se transforma en un oficio. Yo trato de hacerlo lo mejor que puedo, lo hago con mucho respeto y trato de que la gente, cuando viene a un show se vaya más contenta de lo que entró. Pero no sé si tengo el fuego que tenía a los 20. Hay gente que dice seguir teniéndolo. A algunos les creo, a otros no tanto.

¿A quiénes les creés?

-Hay gente a quien se le ha ido la vida literalmente. Pienso en Cerati. De los que tocan ahora hay gente muy apasionada. Andrés Calamaro es uno. Hace un par de años fui con mi viejo a ver al Tata Cedrón en un bolichito de San Telmo. Tiene 70 años y sigue subiéndose al escenario. Yo creo que estaría engordando y viendo Netflix todo el día, pero esos tipos tienen el combustible del escenario y la música. Cuando tenía veintipocos la aventura recién empezaba. Agarrabas el barco y salías; no te importaba bien a dónde. Como si fuera un libro de Jack London. Ahora, a los 50, uno ya no se sube a ningún barco que no sepa a dónde va. El tipo que es músico de alma cierra los ojos y toca, no le importa mucho cuánta gente hay. Y después están los tipos que ya están de vuelta: por qué carajo los Rolling Stones salen de sus castillos y se suben a aviones y cruzan océanos y están nueve meses fuera de sus casas. Por qué carajo hacen eso. Una vez lo escuché a Keith Richards, que dijo que en el escenario es el único lugar donde no hay malas noticias.

¿Serías el músico que sos sin tus viejos?

-No: no sería el tipo que soy. Mis viejos que me bancaron mucho. Mi viejo ahora se jubiló, pero es laburante de toda la vida. Se levantaba a las seis de la mañana. Mi vieja es profesora de dibujo. Y yo era un pibe que estudiaba sociología, lo que ya no era algo demasiado próspero, y vivía en la casa de ellos y estudiaba y de repente me estaba convirtiendo en un estudiante crónico y un día dije "Me parece que voy a cantar". Y a los 24, 25 años, yo llegaba de tocar, no ganaba un peso, llegaba con las primeras borracheras, mal vestido, con olor a ginebra y me cruzaba con mi viejo que se iba a trabajar. Nunca me dijo "Che, andá a laburar". Nunca. Por eso estoy acá. Si me hubiesen tenido menos paciencia no hubiese sido, ya no el músico que soy, sino el tipo que soy.

Si bien el libro, como decís, te gustaría que fuera la puerta de entrada a la literatura, yo creo que es más un libro en el que le explicás a tu hijo cómo es tu vida.

-Ojalá. Los tipos que tocamos o la gente que escribe, de alguna manera, tenemos la oportunidad de dejar un testimonio. No me gusta sacralizar esas cosas, pero sí pienso que son hechos irreparables en el mejor de los sentidos: este libro ya está, existe, no puedo destruirlo aunque quiera. Está ahí, se parece bastante a mí. Si mi hijo, el día de mañana no se acuerda cómo era su viejo -ojalá que sí-, tiene el libro. Si lo lee va a ver que su viejo es ese. O era este, en estos años.

La agenda de actividades para hoy en el auditorio de Grandes Libros en la Feria del Libro

14.00: Entrevista a Javier Ruescas

15.00: Natalia Blanc y María Luján Picabea hablan de la literatura para la infancia

16.00: Gonzalo Heredia, Ana Correa y Sebastián Lidijover hablan de su programa de radio "Notas al pie"

17.00: El fin de la pornografía, un diálogo entre Hugo Salas y Eugenia Zicavo

18.00: Carolina Aguirre y Eliana Iñiguez presentan "Feministas para colorear"

18.30: Entrevista a Oche Califa, director de la Feria

19.00: La ciencia y el C3