La actriz de Brujas realza el espectacular paisaje de las sierras cordobesas.
La actriz de Brujas realza el espectacular paisaje de las sierras cordobesas.

La distancia entre el hotel en que se hospeda y el teatro Candilejas, donde hace funciones de martes a domingos, es de veinte cuadras. Aunque podría tomarse un taxi, Andrea Bonelli (52) elige caminarlas cada noche. "Disfruto mucho del paisaje. Carlos Paz es un gran descubrimiento para mí. Ya me siento parte de esta ciudad. Me gustaría seguir viniendo a hacer temporada", le confía a GENTE.

DE LA TEVE AL TEATRO. Andrea desembarcó en la Villa a fines de diciembre de 2018 de manera vertiginosa. "Nunca hago tira y teatro al mismo tiempo, pero como justo terminaba de filmar Mi hermano es un clon (eltrece), acepté sumarme al elenco de Brujas. Grabé el último capítulo, me subí a un avión y esa misma noche estaba ensayando en el teatro. Fue todo muy precipitado", explica la actriz. Está sentada junto a una ventana del restaurante de La Posada del Qenti. Del otro lado del vidrio las nubes anuncian tormenta. Bonelli mira al horizonte y, mientras se abrocha la campera para no tomar frío, reflexiona acerca de la emblemática obra que protagoniza junto a Inés Estévez, Romina Richi, Viviana Saccone y María Socas. "Si bien es un clásico del teatro, por los tiempos que corren el significado de Brujas es completamente diferente a lo que fue hace 25 años. Los temas que tratamos, como el abuso sexual, la infidelidad o la homosexualidad, no se veían como hoy, porque la mirada del público era distinta. Encarar estas cuestiones también lo es para nosotras. Hay una resignificación", dice.

Después de 25 años, el elenco de Brujas se renovó. En Carlos Paz, Bonelli hace de Luisa, papel que en el elenco original tenía Thelma Biral. Junto a Viviana Saccone, Inés Estévez, Romina Richi y María Socas se presentan en el teatro Candilejas de martes a domingos.
Después de 25 años, el elenco de Brujas se renovó. En Carlos Paz, Bonelli hace de Luisa, papel que en el elenco original tenía Thelma Biral. Junto a Viviana Saccone, Inés Estévez, Romina Richi y María Socas se presentan en el teatro Candilejas de martes a domingos.

–En la obra interpretás a una mujer que está casada hace mucho… En la vida real llevás más de 20 años en pareja con el actor Ignacio Gadano. ¿Cuál es el secreto de una relación tan larga?

–No tengo idea (risas). Nunca nos planteamos eso. Nos encanta estar juntos y extrañarnos cuando no lo estamos, como ahora. Nuestra vida es bastante así. Nos divertimos: yo me río mucho con él, y él conmigo. Me parece que ésa es la clave.

–¿Es cierto que el flechazo entre ustedes no fue en un set de grabación sino en una clase de yoga?

–Así fue. Yo digo que estuvo bueno, porque nos conocimos cabeza abajo, con los pelos parados y haciendo posturas rarísimas: cero glamoroso (risas). Fue un lindo encuentro.

–Con respecto a lo actoral, ¿te pesa su opinión?

–Sí. No sólo eso: necesito su mirada. Los dos somos muy críticos y detallistas –quizá demasiado…– el uno del otro. Además, está bueno tener a alguien que no te va a caretear nada, que si te tiene que decir la más cruda verdad lo va a hacer. Yo lo agradezco, lo necesito y se lo pido: me ayuda a crecer y a corregir. Nunca es fácil escuchar una crítica, pero como nos conocemos, tenemos la confianza para hacerlo.

“Con mi marido (el actor Nacho Gadano) nos conocimos en yoga, cabeza abajo, con los pelos parados y haciendo posturas rarísimas: cero glamoroso”.
“Con mi marido (el actor Nacho Gadano) nos conocimos en yoga, cabeza abajo, con los pelos parados y haciendo posturas rarísimas: cero glamoroso”.

–Después de tantos años de carrera, ¿qué valor les das a los premios, como por ejemplo un Carlos o un Martín Fierro?

–Está buenísimo que te nominen porque es un reconocimiento, un mimo, un incentivo. Quiere decir que te vieron, que te tienen en cuenta y valoran tu trabajo. Le doy importancia, pero no lo pongo como algo fundamental, porque creo que los caminos del actor están llenos de éxitos y fracasos. Nada es definitivo ni definitorio en esta profesión.

–A propósito, pasaste por programas como Los Roldán –que tuvo picos de rating– y Fanny la fan, al que levantaron del aire.

–Sí, hice de todo. Por eso insisto en que es relativo. Igual, entre los actores a nadie le importa el rating. No es un tema que afecte nuestro trabajo. Mida 40 puntos o cinco, lo hacemos igual y le ponemos toda la garra. Con Fanny la fan nos jugábamos la vida en cada escena. Fue un programa que quedó en medio de la venta de un canal y no se le dio la mínima chance. Eso no pasa nunca.

“Le doy importancia a los premios pero no los pongo como algo fundamental, porque creo que los caminos del actor están llenos de éxitos y fracasos. Nada es definitivo en esta profesión”
“Le doy importancia a los premios pero no los pongo como algo fundamental, porque creo que los caminos del actor están llenos de éxitos y fracasos. Nada es definitivo en esta profesión”

–En Mi hermano es un clon compartiste elenco con Flor Vigna que, si bien es súper querida, no es actriz. ¿Te molesta eso?

–Para nada. Tanto Gimena Accardi como Flor Vigna son muy buenas. Me gustó trabajar con ellas y verlas actuar. Me parece que en esta profesión, a medida que pasa el tiempo, tenés que saber dónde estás parado. De lo contrario podés sufrir o pasarla mal.

–¿Y vos dónde estás parada?

–En el lugar de una mujer que ya no tiene edad para ser heroína de telenovela. No lo pretendo ni lo deseo. Me gusta actuar. Defiendo los personajes con historia, que tengan importancia dentro de la tira y que me motive interpretarlos.

“Entre los actores a nadie le importa el rating. No es un tema que afecte nuestro trabajo. Mida 40 puntos o cinco, lo hacemos igual y le ponemos toda la garra”.
“Entre los actores a nadie le importa el rating. No es un tema que afecte nuestro trabajo. Mida 40 puntos o cinco, lo hacemos igual y le ponemos toda la garra”.

–¿Hay algo que te quede por hacer?

–(Piensa). No. Una cosa que me gusta mucho de esta profesión es la sorpresa. Siempre estoy abierta a proyectos interesantes, que me den la posibilidad de experimentar, crecer, jugármela, divertirme e interactuar con compañeros a los que les pase lo mismo.

Por Flor Illbele.
Fotos Fabián Uset.

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