
Tiene 40 años, pero –con todo lo que ha vivido– un relato de su vida superaría cualquier ficción. El amor. La chica de clase media que llega a lo más alto. La pasión. La tragedia. Quizá algo de locura. El estrellato. La maternidad. Y mucha pelea. Todo eso podría entrar.
Pero ésta es una historia circular, cíclica. Como la de la Argentina, o un cuento borgeano. Y por estos días pasó la parte del tsunami. Entonces, las olas se vuelven mansas. También sale el Sol. Esa sería la escena que empieza a rodarse otra vez en la vida de Nazarena Vélez. "Sí, de a poco empiezo a animarme a ser feliz", cuenta. "El amor me sienta bien; yo me muevo mejor cuando me enamoro".
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Y también el trabajo. La chica nacida en Quilmes es una máquina de laburar. Así levantó las deudas que encontró después de perder a su marido, Fabián Rodríguez, y pagó su casa. "Un día entro al barrio en mi auto y veo mi nombre entre los deudores de las expensas. Me puse a llorar, desconsolada. Los guardias querían calmarme: 'No es tan grave señora… Hay diez vecinos'. Pero yo no lloraba por las expensas. Mi nombre aparecía ahí por primera vez porque me había convertido en propietaria", recuerda.

Su nuevo proyecto se llama ¿Quién manejaba?, un dramón que produce y protagoniza junto a Maxi Ghione, con la dirección de Valeria Ambrosio. Un pequeño brief en boca de NV: "La historia la protagoniza una pareja que está casada hace veinte años, con todo el desgaste que eso implica y sufre una tragedia muy fuerte. En los primeros 40 minutos la gente se ríe y se pregunta dónde está la tragedia… Pero de repente reciben un mazazo tremendo".
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–Es un texto muy fuerte. ¿Cómo te pega después de todo lo que pasaste?
–No me pega, porque no uso la memoria emotiva para trabajar; si lo hiciera, estaría con chaleco de fuerza. Dejo todo en el escenario, me desgarro, pero me voy a mi casa sin ninguna tensión. Mi amigo Atilio Veronelli dice: "Con el tiempo, la tragedia es comedia".
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–¿Vos lo podés ver así?
–Muchas veces uno logra empezar a reírse de situaciones que vivió. Si no tenés humor, es imposible sobrevivir. Si no ponés una mirada piadosa sobre lo que te pasó, es muy heavy sobrellevarlo. Creo que eso es lo único que tiene mi personaje, Débora, de mí.
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–¿La tragedia?
–No, el humor. El querer meter una sonrisa después de que te secás una lágrima.
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–¿En algún momento el trabajo perdió la parte lúdica y se volvió una carga?
–Sí, claro. Ni bien pasó lo de Fabián, tuve que salir a laburar de lunes a lunes. Parar la olla. No tenía opción. Yo quería estar tirada con mi hijo en la cama, pero no podía. Soy mamá de tres hijos: no tenía tiempo para llorar. Los últimos dos años los padecí, porque era cien por ciento económico: ya no tenía ganas de irme de gira. Estaba quemada, la pasaba mal. Por eso, cuando me puse de pie económicamente dije: "Vamos a producir". Laburo cuatro veces más, pero no me importa: manejo todo desde casa y estoy con Thiago.
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–De afuera la gente tiene una ilusión sobre la vida de un artista, y de repente vos blanqueás: "No puedo pagar las expensas".
–Es que es la verdad… ¿Te la voy a caretear? Ojo, tengo mucho cuidado, porque sé que hay gente que está mal de verdad. Hoy la plata no me falta, pero tampoco me sobra. Thiago depende de mí al cien por ciento. Mis otros dos hijos, Barbie y el Chino, ya están haciendo su vida y su carrera. Pero lo que pasa en mi casa lo solvento yo y hay meses que se hace cuesta arriba…
–¿Los golpes de la vida te cambiaron la cabeza? Digo, ¿dejaste de hacerte problema por pavadas?
–Sí, rotundamente. Yo pensé que la muerte de mi hermana, Jazmín, era el golpe de mi vida. Me acuerdo de que con el embarazo de Thiago engordé 38 kilos. Era un tonel. Un día estaba en el súper y me preguntan: "Mi amor, para cuándo tenés". ¡Thiago ya tenía 20 días! Pero me chupaba un huevo. Te lo dice una mina que fue anoréxica, para quien la imagen era todo.
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–¿Cómo saliste de ahí?
–Con esa trompada que me pegó Dios. Yo tuve problemas con las anfetaminas en 2008, 2009… En 2010 fue lo de Jazmín. Te gusta mi culo, bien. No te gusta, mirá para otro lado. Me querés bardear, bardeame. No te gusta cómo actúo, buenísimo.
–¿Cómo sos cuando te decepcionás? ¿Pasás del amor al odio? ¿Sacás a esa persona de tu vida?
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–¿Te acordás de esa película de Grandinetti donde apretaba un botón y las minas se caían de la cama por un tobogán (N de la R: El lado oscuro del corazón, dirigida por Eliseo Subiela)? Bueno, así: aprieto un botón ¡y afuera! Te anulé. Me dolió, chau. A esta altura, con todo lo que me pasó, lo resuelvo así. ¡Pum! Y sigo mi camino, porque tengo mucho para mirar hacia adelante.

–¿Con Muscari apretaste el botoncito?
–Sí. Me decepcionó, no importa cuándo. Y esto último fue lo que necesitaba para borrarlo. Me enteré por Twitter… Si te enterás por una red social, no nos une nada. Nada para decir, nada para reprochar… No tenemos nada que ver.
–¿Le contaste que querías comprar los derechos de Atracción fatal, la obra que está por estrenar?
–"La voy a hacer", le dije. "Va a ser un éxito"… Y aparece dirigiendo la obra. Pero está bien. No todos nos comportamos igual en la vida. Yo no me hubiera conducido así, y nunca lo voy a hacer. Todos los secretos que tengo de él van a morir conmigo. Nunca tomaría venganza, porque había amor verdadero. Pero se terminó.
–Estás en pareja. ¿Pudiste volver a enamorarte?
–Es la primera vez que me pregunto qué pensará Fabián. Mi terapeuta me dice que tiene que ver con que el sentimiento es verdadero. Es la primera vez en cuatro años que alguien me moviliza. Y Leandro (Camani) tiene una relación súper linda con Thiago. Me lo pregunté y me di cuenta de que me importa más de lo que pensaba.

–¿Te propuso casamiento?
–Me lo dijo dos veces, pero es muy heavy lo que me pasó. Para dar un paso así tiene que ser Notting Hill. Me tiene que volar la cabeza. Pero, ya de movida, te digo que nunca me había movilizado así un tipo. Y ahora sé que a Fabi le puede molestar.
–Seguramente él querría que sigas tu vida.
–Sí, claro. Y me estoy dando cuenta de que me siento mejor. Así mañana se termine, volví a sentirme viva, mujer. Me siento empoderada. Te juro: soy como miel con las abejas para los tipos. Estoy distinta. Mis amigas me dicen que estoy más divertida… Mis hijos también. Recuperé algo que claramente se lo debo a Leandro. Siento que estoy empezando nuevamente a ser yo.
Por Julián Zocchi
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