Los hermanos Sardelli arriba del escenario son Airbag. (Foto Diego Medina)
Los hermanos Sardelli arriba del escenario son Airbag. (Foto Diego Medina)

Llegan a Pinamar el mismo sábado del show y se instalan en el hotel Algeciras, a cuadras nomás del predio donde encabezarán un recital –en Quintana y Del Tridente, a metros del mar–.

Como en cada uno de sus conciertos desde hace quince años, la ansiedad por pisar el escenario les recorre el cuerpo. "Mantenemos el mismo entusiasmo de siempre, desde adolescentes cuando tocábamos en los bares y a veces nos sacaba la policía, hasta nuestro primer disco en el 2004 y todo lo que vino después: las dos horas de concierto en vivo son lo mejor de nuestras vidas", sintetiza Patricio Sardelli (32, voz y guitarra), líder de Airbag, la banda que comparte junto a sus hermanos Gastón (33, bajo y voz) y Guido (29, voz, guitarras y batería).

En escena (Foto Diego Medina)
En escena (Foto Diego Medina)

"Es increíble encontrarte con tantos fans que sienten lo mismo que vos", sigue la voz cantante del grupo nacido en Don Torcuato, que se dispone a hacer la entrevista a minutos nada más del show en el Movistar Fri Music con el que arrancarán su gira Gran Encuentro –que los llevará a presentarse en distintos puntos del país, Perú, Colombia y México–, y con la que despedirán su último álbum, Mentira la verdad, "una contestación al mundo digital de hoy, en el que pensamos que tenemos todo al alcance pero, ¿qué sacrificamos a cambio de ese confort cibernético? Todo tiene un costo y el humano es cada vez menos humano, perdiendo lo esencial. Se vive pendiente de la foto de Instagram, en la que tenés la obligación de que tu vida sea hermosa… y eso frustra a las personas. Es la era que vivimos, que espero que cambie hacia algo más profundo, pero en el medio hay que sobrevivir", dice el del medio de los Sardelli, antes de presentarse ante más de diez mil personas en vivo, mientras otras novecientas mil se mantienen atentas a la fanpage de Movistar, para ver el recital vía streaming.

El público enloqueció en Pinamar. (Foto Diego Medina)
El público enloqueció en Pinamar. (Foto Diego Medina)

–¿Cómo se preparan antes de un show?
–¡Haciendo una entrevista, ja, ja. Somos bastante relajados en ese aspecto. Nos gusta llegar al lugar y sentir cómo está el público, para armar la lista de temas en el camarín. A veces lo modificamos sobre la marcha… No somos tan estrictos.

–¿Son cabuleros?
–No de usar la misma gorra, que es algo más futbolero. Pero claro que tenemos cábalas: tienen más que ver con lo espiritual y son muy privadas. No nos hace falta un amuleto. Simplemente son imágenes que uno tiene en la cabeza.

–Conocieron el éxito desde muy chicos. ¿Cómo se llevan con la fama?
–La fama te delata: si sos un gil o una persona normal. De chicos hicimos de todo. Empezamos a ganar dinero con las giras y vivíamos en hoteles, andábamos en limusina, salíamos con chicas y hacíamos quilombos importantes. Ahora seguimos haciendo algo de lío, pero lo primordial es no perder la cabeza, saber de dónde venís y sacar cada vez mejores discos.

Pleno show en Pinamar. (Foto Diego Medina)
Pleno show en Pinamar. (Foto Diego Medina)

–¿Qué mantienen del grupo de garaje de Don Torcuato?
–Ese amor de tener una banda y que te vengan a ver. El hambre y el entusiasmo están intactos y son el motor de todos los días.

–¿Cómo se llevan trabajando entre hermanos?
–Es un lazo familiar sagrado. Les desearía a todos que tengan una relación como la nuestra. En un momento, cerca de nuestro tercer disco (2008), nos llevamos muy mal, pero lo superamos. Podemos pelearnos, como lo hace cualquier hermano, pero el escenario lo cura todo.

Vista aérea del recital. (Foto Diego Medina)
Vista aérea del recital. (Foto Diego Medina)

–¿Qué sufren y qué es lo que más disfrutan de la vida de rockstars?
–Lo más feo es viajar, porque a pesar de que tocás en vivo ante miles de personas, al rato volvés al hotel y estás solo. Pero el resto entra dentro de lo mejor: llevar esta vida es un privilegio.

–Son una de las bandas más destacadas de su generación en el rock local. ¿Qué les queda por cumplir?
–Con el tiempo aprendimos a tener proyectos a corto plazo. Me gustaría volver a hacer un sinfónico, pero esta vez en la 9 de Julio, con entrada libre y gratuita. No pretendemos tocar en la Luna: a los sueños hay que tenerlos cerca.

Por Maru Cociffi