El doctor Pirota se empeña en aclarar que Débora Pérez Volpin no sufría lesiones internas, y que quienes se las provocaron fueron los profesionales que la atendieron cuando fue a hacerse una endoscopía. “Apenas tenía un dolor de panza; de eso nadie se muere”, puntualiza.
El doctor Pirota se empeña en aclarar que Débora Pérez Volpin no sufría lesiones internas, y que quienes se las provocaron fueron los profesionales que la atendieron cuando fue a hacerse una endoscopía. “Apenas tenía un dolor de panza; de eso nadie se muere”, puntualiza.

"Los peritos médicos de nuestra parte estuvieron una semana sin dormir después de ver las imágenes de la lesión que provocó el endoscopista en el esófago, y el estado de hinchazón del cuerpo: los impresionó la brutalidad, no lo podían creer", explica Diego Pirota (44), abogado de la familia de Débora Pérez Volpin, muerta trágicamente a los 50 años el 6 de febrero en el Sanatorio de la Trinidad de Palermo, en circunstancias que hoy se investigan.

"La autopsia deja en claro que Débora no tenía una lesión preexistente, que no estaba enferma, que la lesionaron con el endoscopio, que le insuflaron una cantidad de aire inusitada que generó algo que se llama balotrauma, que tuvo una sobrevida de menos de diez minutos desde que se produjo la crisis, que la muerte es violenta, y que dada la gravedad del cuadro, en las tareas de reanimación ya no se pudo hacer nada. Lo que ocasionaron el endoscopista (Diego Bialolenkier) y la anestesióloga (Nélida Puente) fue terrible. Vinieron sus colegas terapistas, una cardióloga, pero ya no había vuelta atrás, no pudieron hacer nada. Trabajaron media hora, de hecho le fracturaron el esternón haciéndole maniobras, lo cual es normal. Terminó con el cuerpo hinchado como tres veces su volumen, y el oxígeno nunca salió. La barbarie es que no hay antecedentes en el mundo de una persona que en un procedimiento endoscópico termine con aire en el cerebro, producto del exceso que le insuflaron. Fue un doble error profesional, que los propios médicos no supieron resolver".

Pirota y el periodista Enrique Sacco, ex pareja de Débora, difundieron las irregularidades que ocasionaron la tragedia en una conferencia de prensa en la Legislatura porteña.
Pirota y el periodista Enrique Sacco, ex pareja de Débora, difundieron las irregularidades que ocasionaron la tragedia en una conferencia de prensa en la Legislatura porteña.

–¿La autopsia es concluyente, doctor Pirota?

–El punto determinante de la autopsia es la existencia de la lesión en el esófago; es la génesis de todo. Sin esa lesión no estaríamos teniendo esta charla. Por eso se desencadenó todo lo posterior en un lapso menor a los diez minutos, y la situación de Débora se convirtió en irreversible: estaba prácticamente muerta. Está claro que no bien comienza, el médico lesiona con el endoscopio: hay por lo menos tres hematomas longitudinales en el esófago. En uno de ellos se aprecia la perforación. Lo que descarta que la lesión haya sido preexistente; si no, no aparecerían dichos hematomas ni sangrado. El tamaño de la herida es del mismo tamaño de la punta de la pinza ubicada en el extremo del aparato.

–¿Qué hizo Bialolenkier que habría provocado la perforación en el esófago?

–El endoscopio es una goma flexible en su punta, lo que hace que se adapte a la anatomía de cada cuerpo. Esa goma no puede provocar nunca la lesión, no hay manera. El dijo en la historia clínica que tuvo dificultades al ingresar en el tracto digestivo. Entonces, como le costó entrar, la hipótesis es que le colocó la pinza que se usa para realizar una biopsia para darle rigidez, y cuando logró dársela, perforó. Evidentemente quedó salida la punta, y ésta generó la lesión. El tamaño de la herida es coincidente con el de la pinza, que no debió haber estado porque él iba a hacer una visualización, no a tomar una muestra.

Según el abogado, en el complemento de la autopsia de fecha 13 de abril quedan en claro los errores cometidos por el endoscopista, Diego Bialolenkier, quien habría provocado serias lesiones en el esófago.
Según el abogado, en el complemento de la autopsia de fecha 13 de abril quedan en claro los errores cometidos por el endoscopista, Diego Bialolenkier, quien habría provocado serias lesiones en el esófago.

–¿Se fueron sucediendo más errores o negligencias?

–Una cadena que no te podés imaginar en profesionales. A partir de esa lesión viene la siguiente parte: la entrada de aire, que no fue la que proviene del endoscopio, porque es muy suave. Seguramente Bialolenkier, para direccionar el aparato, que es de goma, utilizó una fuente externa de oxígeno, que en un quirófano está siempre en una pared. Como existía la herida que comentamos, el aire escapó y se fue para el resto del cuerpo, inflándolo como un globo. Presionó los pulmones, los comprimió, igual que al corazón, al que no dejó funcionar: quedó enclavado en la médula, ya que la cantidad de aire recibida lo arrastró. Todo pasó tan rápido que entró en paro cardíaco.

–¿Ahí intervino Nélida Puente?

–Ella, mientras controlaba, vio la crisis de Débora, es decir, la disminución de oxígeno en sangre. Entonces dio la orden de que saquen el endoscopio. Al verla hinchada le insufló más aire, cuando debió haber hecho lo contrario. Agarró la mascarilla de oxígeno, se la puso en la boca y le empezó a enviar aire a presión. Una parte fue al estómago y otra a los pulmones, que como estaban colapsados hizo que dicho oxígeno volviera al estómago. La anestesista describe en su declaración que la cara de Débora se había deformado producto de la hinchazón por el aire, y que como por eso ya no podía sostenerle la mascarilla con la mano, la sacó e intentó intubarla. No supo cómo resolver la crisis. No porque no sepa de medicina –seguro que sabe mucho–, pero esta situación que le tocó enfrentar con un paciente que se le moría, seguro no le sucedía hacía muchos años. Lo primero que tendría que haber hecho es pinchar entre las costillas y el tórax para drenar, para liberar espacio: si no, revienta el organismo. Es una maniobra que dura segundos. Es agarrar dos agujas que tiene ahí (se llaman "avocat"), usarlas y descomprimir. Como estaba en paro, debió hacerle traqueotomía para que el oxígeno fuera a los pulmones, no a otro lado. El estómago recibió cinco litros de aire, cuando lo máximo que tolera son tres.

El estómago recibió cinco litros de aire, cuando lo máximo que tolera son tres

–El endoscopista se negó a declarar.

–Es verdad, pero ya sé cómo actuó, porque me lo dijo la autopsia. Va a decir que no la lesionó. ¿Quién entonces? Si el único que manipuló el aparato fue él. Nélida Puente sí declaró, y su testimonio es el principal elemento de prueba en su contra. Porque cuenta lo que hizo tal como figura en la historia clínica.

–¿Cuál es el principal elemento de cargo contra la anestesista?

–Ella le echó un balde de nafta a lo que era un incendio. A los quince segundos desde que esta mujer empezó a intervenir, la suerte ya era irreversible, porque la hinchó más con aire y todo lo que vino después fue innecesario. Intentó intubar y no pudo, porque ya estaba explotado el cuerpo. Nunca hizo la maniobra para drenar, ni una traqueotomía. Como te comenté, lo primero que debió hacer era sacar la presión, para poder empezar a resolver la crisis.

Una postal de los tiempos felices de Débora, sonriente junto a sus hijos, Agustín y Luna, y el periodista Enrique Sacco.
Una postal de los tiempos felices de Débora, sonriente junto a sus hijos, Agustín y Luna, y el periodista Enrique Sacco.

–¿Cómo cree que van a defenderse ambos?

–Bialolenkier va a decir que la anestesióloga lastimó con el laringoscopio. Y Puente, que hizo todo bien, que el endoscopista fue quien la lastimó. Se van a pelear entre ellos, pero lo cierto es que cuando se usó el laringoscopio la lesión ya estaba; si no, Débora no hubiese entrado en paro cardíaco.

–¿La Justicia actuó bien o fue negligente?

–El juez Gabriel Ghirlanda no garantizó la escena del crimen, ABC del Código Procesal Penal, y no secuestró ni el endoscopio. Pedí el allanamiento y nos encontramos con un equipo vetusto, que no graba ni saca fotos. El estudio que se le estaba realizando a Débora se llama video-endoscopía digestiva alta, y toma imágenes que después ve el gastroenterólogo. Este equipo no permite hacerlo. Yo presumo que era otro, no éste, y que no me lo dan porque voy a ver el momento en que se producen las lesiones en el esófago. El juez Ghirlanda nunca hizo lugar a los allanamientos: alegó que estaba la autopsia en marcha. La fiscal Nancy Olivieri fue a la clínica a pedir que voluntariamente nos dieran todo lo que el juez no dejó allanar, y le dieron lo que quisieron. Todo lo que pasó en el quirófano queda registrado en una computadora que se llama Multiparamétrico. La clínica me mandó apenas un listado incompleto, no el disco rígido, con un delay de veintitrés minutos, que arranca en el momento que Débora estaba prácticamente muerta, cuando ya había pasado todo. Hay una clara tarea de encubrimiento. Yo me voy a ocupar de que quede todo en evidencia. Voy a denunciar a Ghirlanda al Consejo de la Magistratura, porque no puede seguir siendo juez. Hay cosas oscuras detrás de este homicidio. Mi compromiso es descubrirlas y, te lo aseguro, no voy a parar hasta lograrlo.

Por Miguel Braillard.
Fotos: Alejandro Carra y Fabián Mattiazzi.

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