
El paso del tiempo forma parte de la vida, pero no todos los órganos envejecen al mismo ritmo. En el cerebro, algunos cambios pueden desarrollarse de manera silenciosa durante años antes de expresarse como dificultades de memoria, problemas de concentración o alteraciones del ánimo. La demencia reúne distintos trastornos que afectan las capacidades cognitivas, mientras que el Alzheimer es su causa más frecuente y se caracteriza por un proceso neurodegenerativo progresivo.
Una investigación científica ha puesto el foco en esa etapa previa al diagnóstico, cuando aún no hay síntomas claros o estos son sutiles. Identificar señales tempranas permitiría conocer mejor los factores asociados a un envejecimiento cerebral menos saludable y, a futuro, seleccionar con mayor precisión a las personas que podrían beneficiarse de estudios preventivos o tratamientos en desarrollo.
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En ese marco, un índice basado en imágenes cerebrales vinculó señales tempranas de envejecimiento cerebral con el microbioma intestinal, el rendimiento cognitivo y síntomas de depresión, indicó UCLA Health. El trabajo no establece que las bacterias intestinales causen demencia ni propone una intervención clínica inmediata, pero aporta elementos para investigar la relación entre el intestino y el cerebro mucho antes de que aparezcan manifestaciones clínicas.
Cuál es la relación de la edad cerebral con la salud intestinal
El equipo de UCLA Health analizó en su estudio escáneres cerebrales de cerca de 1.500 adultos de tres grupos de investigación. Para ello, utilizó imágenes que registran cómo se comunican entre sí distintas regiones del cerebro cuando la persona se encuentra en reposo. A partir de esos patrones, los investigadores diseñaron un modelo informático capaz de estimar una edad cerebral y compararla con la edad cronológica de cada participante.
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La diferencia entre ambos valores fue denominada Índice de Envejecimiento Cerebral. Un valor más alto indica que el cerebro presenta, de acuerdo con ese modelo, características asociadas a una edad mayor que la real. Según informó la casa de estudios, las personas con un índice elevado tendían a tener peores resultados en pruebas de memoria de trabajo y función ejecutiva, capacidades relacionadas con sostener la atención, organizar información y resolver tareas.
El análisis también encontró una mayor presencia de síntomas de depresión entre quienes tenían una edad cerebral estimada más alta. Las áreas involucradas aparecían asociadas de forma reiterada con la memoria y con procesos de pensamiento autorreferencial, según detalló la institución.
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En uno de los grupos, el equipo examinó además muestras de materia fecal. Allí observó asociaciones entre un índice más alto y determinadas bacterias intestinales, moléculas vinculadas al metabolismo de las grasas, un compuesto relacionado con el colesterol y menores niveles de estetrol. Los mecanismos biológicos identificados incluían vías relacionadas con el sistema inmunitario, los vasos sanguíneos, la comunicación de las células cerebrales y la producción de energía celular.
La doctora Arpana Church, autora principal, señaló que estas señales biológicas podrían detectarse décadas antes de que una persona experimente síntomas. También planteó que el hallazgo abre una línea de estudio sobre el potencial de la salud intestinal como objetivo de futuras estrategias destinadas a favorecer el envejecimiento cerebral.
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Otros trabajos respaldan la idea de que los cambios cerebrales pueden anteceder ampliamente al diagnóstico. Investigadores de la Universidad de Cambridge analizaron datos y hallaron que algunas personas que después recibieron un diagnóstico de Alzheimer, demencia frontotemporal, Parkinson o demencia con cuerpos de Lewy habían mostrado variaciones en pruebas cognitivas entre cinco y nueve años antes.
Un estudio de la Universidad de California en San Francisco, difundido por Science Daily, añadió otra vía de análisis. Un modelo de aprendizaje automático examinó electroencefalogramas realizados durante el sueño en aproximadamente 7.000 adultos de entre 40 y 94 años. Según esa investigación, cada diferencia de diez años entre una edad cerebral estimada mayor y la edad cronológica se asoció con un aumento cercano al 40% en la probabilidad de desarrollar demencia durante el seguimiento.
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Seis señales que justifican una consulta y un seguimiento profesional
Sin embargo, estos indicadores no definen diagnósticos por sí solos. Tampoco permiten afirmar que una persona desarrollará demencia. Sin embargo, identifican aspectos que pueden requerir evaluación clínica, especialmente si persisten, empeoran o se combinan entre sí.

- Cambios sostenidos en la memoria cotidiana. La preocupación subjetiva por el propio desempeño de memoria fue asociada con la proteína pTau181 a los 45 años en una investigación del Estudio Dunedin, publicada por Science Alert. El hallazgo no probó que esa proteína anticipe Alzheimer en todas las personas de mediana edad.
- Dificultades para resolver problemas o planificar tareas. La investigación de Cambridge detectó peores resultados en resolución de problemas entre personas que más tarde desarrollaron Alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas. La función ejecutiva incluye la capacidad de organizar pasos y sostener la concentración.
- Mayor lentitud en los tiempos de reacción. De acuerdo con el análisis del Biobanco del Reino Unido, esta variación apareció antes del diagnóstico en algunos grupos que luego desarrollaron Alzheimer. El dato debe interpretarse junto con el resto de la evaluación médica y cognitiva.
- Problemas para recordar acciones futuras o secuencias numéricas. La memoria prospectiva permite recordar, por ejemplo, que hay una tarea prevista para más tarde. Cambridge observó diferencias en esta capacidad y en la retención de listas de números años antes de diagnósticos posteriores en parte de la población estudiada.
- Caídas recientes o cambios en el equilibrio. La misma investigación informó que quienes más tarde desarrollaron Alzheimer presentaban mayor probabilidad de haber sufrido una caída en los doce meses previos. La asociación fue aún más marcada entre las personas que desarrollaron parálisis supranuclear progresiva, un trastorno neurológico que afecta el equilibrio.
- Una edad cerebral estimada mayor que la cronológica. Los trabajos de UCLA y de la Universidad de California en San Francisco estudiaron este indicador mediante imágenes cerebrales y registros del sueño. Se trata de una medida de investigación y no de una prueba diagnóstica de uso universal, aunque se vinculó con desempeño cognitivo, ánimo y riesgo posterior de demencia en las poblaciones analizadas.
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