
El videojuego “No Mercy” fue retirado de la plataforma Steam por apología de la violencia sexual. En la reacción o backlash contra el “no es no”, que implicaba darle valor a la decisión y el deseo femenino de no querer tener sexo o de sí querere tenerlo.
El Me Too implicó enseñar a los varones que no tenían que insistir, molestar o forzar a las mujeres que no querían tener relaciones sexuales con un hombre. Una década después el retroceso se volvió apología de la venganza y la violencia con el lema “nunca acepta un no por respuesta”.
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Todavía peor al “si dice que no es sí” el “nunca es no”. La pedagogía gamercida implica no aceptar los límites de la persona con la que se intenta compartir un momento que nunca puede ser de placer cuando no importa su palabra ni su deseo, sino que se trata de una pulsión de poder.

La misoginia extrema en redes es impactante. Ver a jóvenes llorar con el maquillaje corrido mientras un chico joven se ríe con perversión del dolor de una chica de su familia duele, asusta, hiela la sangre y tendría que frenar la naturalización sádica de causarle dolor a las jóvenes por ser chicas.
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El programa fomentaba que el jugador se convirtiera en “la peor pesadilla de las mujeres” y en que “nunca acepta un no por respuesta”. Frente a la ola de rechazos la plataforma Steam retiró de su catálogo “No Mercy”. Pero la consulta no debería ser por qué lo sacaron, sino por qué lo aceptaron.
Sus propios desarrolladores lo vendían como un “simulador de sexo no consentido, incesto y dominación masculina”, con escenas explicitas de violencia sexual, algo que no solo está mal éticamente, sino que está prohibido, es ilegal e inaceptable.
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El efecto en las chicas de la cultura de la violación las impacta en que puedan ser violadas por incitación de la pantalla virtual en la vida real y el efectos en los chicos es que puedan ser violadores. Aunque, por supuesto, no todas las chicas van a ser violadas y no todos los chicos van a ser violadores y que la penalización de sus conductas los lleven a la cárcel.
No es un juego estimular la violencia sexual. Steam, la mayor plataforma de distribución de videojuegos del mundo, lo retiró de su catálogo primero, en Canadá, Reino Unido y Australia y, el 10 de abril, finalmente, a nivel global.
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La socióloga italiana Silvia Semenzin, especialista en violencia de género digital en la organización AI Forensics, que audita el comportamiento de las grandes tecnológicas, advierte: “Hay distintos juegos en los que la motivación resiste en jugar a violar a tu compañera, crearle deep fakes, desnudarla sin consentimiento”. No se trata de un problema puntual, sino de un problema global.
¿Un chico que juegue a estas prácticas se va a convertir en un violador? “Es importante no tener una mirada determinista que implique que quien juegue va a ser violador. No hay que decir que si un chico juega a matar a alguien va a matar en la vida real. Pero si el juego contiene jugar a desnudar, acosar y violar a tu amiga contribuye a la cultura de la violación. Evidentemente desde el diseño hasta la idea alientan el imaginario colectivo de la violencia de género”.
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Los creadores del simulador de violaciones, estrenado a finales de marzo, eran de la marca Zerat Games que fueron denunciados por fomentar la violencia sexual. En Lisboa, Portugal el Departamento de Investigación y Acción Penal inició una investigación por hablarle directamente a varones jóvenes con lemas como “Descubre sus más profundos deseos, sométela y haz tuyas a todas las mujeres”.
La Comisión para la Ciudadanía e Igualdad de Género (CIG) portuguesa inició una demanda por delitos de odio contra las mujeres. En el contexto del auge a través de internet de lo que se conoce como Célibes Involuntarios (INCELS) enojados porque las mujeres no quieren tener sexo con ellos y queriendo tener sexo con ellas a la fuerza.
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“Los incels son hombres involuntariamente célibes con una ideología radicalmente misógina que estructuran su odio hacia las mujeres en la denominada androsfera, es decir, en el internet dominado por hombres”, describe la periodista e investigadora alemana Susanne Kaizer en el libro “Odio a las mujeres, incels, malfollaos y machistas modernos”, de Editorial Katakrak.
La autora advierte: “Los incels, activistas por los derechos de los hombres, MGTOW (hombres que huyen de las mujeres), red pillers (píldora roja), nacionalpopulistas y artistas del ligue rechazan la autodetereminación sexual de las mujeres de una forma extrema en las propuestas de legalización de la violación”.
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Ella apunta: “No se trata de delirios de un loco, sino de un programa que queda patente con los diversos actores que intentan traducir estas ideas en acción política”. Los juegos no son solo simuladores. Internet no es solo virtual. Los incels no son un nuevo diccionario para nombrar machistas.

Por otra parte, la escritora británica Laura Bates explica, en el libro Los hombres que odian a las mujeres, incels, artistas de la seducción y otras culturas misóginas online, editado por Capitán Swing, que una de las frases más comunes en los foros de la machosfera es: “Tu puedes decidir si quieres sexo, yo puedo decidir si quiero violarte”.
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Bates remarca: “No se trata solo de amenazas de violación: esas amenazas son una consecuencia directa de atreverse a reivindicar la autonomía sexual de las mujeres”. La cuestión es que la liberación sexual de las mujeres no es tolerada por varones que buscan más el sometimiento que el placer.
La firma Zerat se quejó de que la gente no aceptara el juego y confundiera, según su mirada, realidad con ficción: “Hay que estar un poco más abierto a los fetiches humanos que no hieren a nadie, aunque puedan resultar repugnantes”, propusieron.
“Esto es solo un juego y, aunque mucha gente intente convertirlo en algo más, sigue y seguirá siendo un juego”, se defendiereon. Una de las escenas mostraba una violación y el posterior asesinato de una mujer violada con el bebé fruto de la violación. No es no y la violencia sexual no es un juego.

Una petición en Change.org, con más de 100.000 firmas ya había pedido la retirada de la creación misógina que encarnaba un hombre que agredía a las mujeres de su familia, después de una infidelidad de su madre. Si no son santas tienen que ser asesinadas, sería la moraleja.
La nueva misoginia, definitivamente, no respeta ni a su madre y condena la sexualidad femenina a la represión y el castigo y deja a la sexualidad masculina en el lugar de la venganza y la aberración.
Bates contextualiza: “Quizá consideremos a los incels, los artistas de la seducción, los hombres que siguen su propio camino, los trolls como comunidades pura y exclusivamente de internet. Quizá nos parezcan independientes de los hombres normales y corrientes del mundo real que insultan, acechan, acosan y asesinan a mujeres que son, casi siempre, sus mujeres, novias y familiares. Error”.
La autora, muchas veces amenazada con ser violada por escribir sobre los apologistas de la violación, subraya: “Los hombres hacen daño a las mujeres. Es un hecho. Es una epidemia. Es una catástrofe”.
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