
La expansión de la gripe A expuso una doble alerta en plena ola de frío: el aumento de internaciones con diagnóstico confirmado y una cobertura de vacunación que, para el doctor Jorge Kilstein, no alcanza para contener la presión sobre las guardias. El director de la carrera de Medicina de la Universidad Abierta Interamericana sede Rosario advirtió que el crecimiento de casos ya se refleja en pacientes hospitalizados y en la vuelta de medidas de cuidado que habían quedado asociadas a la pandemia.
El dato coincide con el Boletín Epidemiológico Nacional, que informó que la variante influenza A H3N2 fue detectada en 23 jurisdicciones del país, con mayor concentración en el Noroeste Argentino y la región Centro. El reporte oficial también registró un aumento sostenido de la positividad en los análisis realizados a nivel nacional.
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Kilstein (matrícula 11511) advirtió que el aumento de las infecciones respiratorias ya se traduce en más consultas intensas en guardias y en internaciones por influenza confirmada por hisopado, un cuadro que atribuyó a una cobertura de vacunación insuficiente en plena temporada invernal.
El dato que encendió la alerta es que en el hospital Eva Perón de Granadero Baigorria de Santa Fe ya hay pacientes internados con diagnóstico virológico de influenza confirmado por hisopado y aislamiento con barbijo: “Tenemos pacientes internados con influenza confirmado por hisopado. No es por sospecha clínica, sino que confirmaciones de tipo virológica y aislados con barbijo, como en la época de la pandemia”.
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El especialista sostuvo que el problema no queda limitado a personas con antecedentes previos. Ante la consulta sobre si los casos más graves correspondían a pacientes con comorbilidades, respondió: “No, muchos no”. Luego precisó que los pacientes adultos mayores y quienes arrastran otras enfermedades son quienes tienen más riesgo y suelen atravesar peor la infección, aunque remarcó que también atienden a personas relativamente sanas.
Kilstein habló de una preocupación por la circulación de virus respiratorios durante el invierno y después de que se informara una muerte por gripe A. Vinculó el repunte de casos con una adhesión insuficiente a la vacunación, pese al inicio anticipado de la campaña.
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“Empezamos a ver de vuelta circulando en el hospital la gente con barbijo, con lo cual es lo que hay que hacer, pero que un poco nos habíamos relajado después de la época del covid”, señaló al describir el cambio de escenario.
La recomendación para contener contagios son las medidas conocidas: lavado de manos, aislamiento respiratorio y uso de barbijo. Ese esquema coincide con las pautas generales de cuidado en invierno para adultos mayores, un grupo con menor capacidad de termorregulación y más vulnerabilidad ante infecciones.
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Entre esas medidas se incluye mantener el hogar entre 20°C y 22°C, ventilar las habitaciones entre 10 y 15 minutos al día aun con bajas temperaturas, evitar braseros a combustión por el riesgo de monóxido de carbono y reforzar la hidratación, ya que en edades avanzadas suele disminuir la sensación de sed.
El avance de discursos antivacunas
Kilstein también trazó una explicación social para la menor cobertura. “Yo creo que estas campañas de gente que, influencers que opinan sobre vacunación, a veces irresponsablemente, antivacunas y terraplanistas nos ha hecho mal como sociedad desde el punto de vista del impacto que tiene en la salud”, dijo.
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En su diagnóstico, ese clima de desconfianza no nació ahora, pero ganó visibilidad. “Hay gente que no quiere vacunarse, que no cree en las vacunas y esto siempre existió, pero ahora parece ser que es un poco más común que antes”, afirmó.
Para la población de mayor edad, el esquema preventivo que repasó el especialista incluye tener al día las vacunas contra gripe, neumococo y covid-19, junto con higiene frecuente de manos, ambientes calefaccionados pero ventilados, ropa por capas y calzado cerrado con suela antideslizante para reducir el riesgo de caídas en días de suelo mojado o con hielo.
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Después de los 60, el foco está en controlar presión, colesterol y glucemia
—¿Qué cuidados recomiendan para quienes llegan a los sesenta años o incluso después de los cincuenta, etapa en la que pueden aparecer problemas cardíacos?
—Siempre recalcamos la importancia de controlar las enfermedades crónicas no transmisibles: diabetes, hipertensión, enfermedades coronarias. La prevención debe empezar desde temprano. Antes se creía que con la gente mayor se podía ser más permisivo con la presión arterial o el colesterol, pero hoy sabemos que no es así. Hay que ser estrictos con el control de la presión, del colesterol, de la glucemia y trabajar en la prevención de los factores de riesgo modificables. El principal factor de riesgo es la edad, y eso no se puede modificar. Pero sí se puede cambiar el estilo de vida: evitar el sedentarismo, dejar de fumar, controlar el consumo de alcohol, mantener el colesterol y la presión arterial bajo control.
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—¿Qué rol tiene la actividad física en la prevención de enfermedades cardiovasculares en adultos mayores?
—La actividad física es fundamental, siempre supervisada por un médico, un kinesiólogo o un profesor de Educación Física.
150 minutos semanales de ejercicio y trabajo de fuerza supervisado
Kilstein fijó una pauta de actividad física para silvers: “Ciento cincuenta minutos de actividad aeróbica a la semana y también alguna actividad de fuerza, como puede ser para evitar la sarcopenia, que es la pérdida de la masa muscular”, dijo.
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Esa recomendación quedó atada a una condición previa: evaluación médica y seguimiento profesional. Kilstein desaconsejó empezar de forma directa en un gimnasio sin control clínico y propuso una consulta inicial con el médico de cabecera, un cardiólogo o un clínico, seguida por trabajo supervisado por un profesor de Educación Física o un kinesiólogo.
También pidió atención a síntomas de alarma durante el ejercicio, como falta de aire o agitación desproporcionada. A la vez, defendió la promoción del movimiento cotidiano y valoró las propuestas abiertas de actividad comunitaria porque, según explicó, caminar, moverse y sumar fuerza ayuda a sostener la masa muscular, que empieza a perderse desde los 50 años e incluso antes.
Los antecedentes familiares obligan a buscar riesgos menos visibles
Kilstein indicó que la predisposición genética ocupa un lugar en la evaluación cardiovascular y que los médicos deben interrogar en detalle sobre muertes prematuras o infartos en familiares jóvenes. “Mi papá se murió a los cincuenta porque tuvo un infarto. Ahí investigamos más a fondo”, explicó al describir cómo cambia el estudio clínico frente a esos antecedentes.
Esa búsqueda, según señaló, no se limita a los factores clásicos como diabetes o hipertensión. En ciertos casos, añadió, hay que pedir pruebas específicas para detectar riesgos menos evidentes cuando la historia familiar marca un patrón de enfermedad temprana.
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