
Cuidar nietos puede ser mucho más que un gesto de amor familiar. Investigadores de Países Bajos, Alemania, Suiza y Suecia encontraron que los abuelos y las abuelas que acompañan de cerca a sus nietos muestran mejores resultados en memoria y agilidad mental a lo largo del tiempo.
El hallazgo, que fue publicado en la revista Psychology and Aging abre una puerta a pensar el vínculo entre generaciones como un aliado para la salud mental en la vejez.
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En las abuelas, estos beneficios también resultan en una disminución más lenta del deterioro cognitivo con el paso del tiempo.
El equipo de investigadores fue liderado por Flavia Chereches. Estuvo conformado por especialistas de la Universidad de Tilburg en los Países Bajos, la Charlotte Fresenius Hochschule en Alemania, la Universidad de Ginebra en Suiza y el Instituto Karolinska en Suecia.
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Mucho más que compañía

La investigación nació de una pregunta sencilla: ¿el cuidado de los nietos puede beneficiar la mente de los abuelos?
Si bien millones de personas asumen este rol, hasta ahora no se conocía su verdadero impacto en la salud mental. Los investigadores observaron que la mayoría de los trabajos previos solo analizaba si los abuelos cuidaban o no, sin mirar qué actividades hacían ni con qué frecuencia.
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El objetivo fue ir más allá y descubrir si la variedad y el tipo de actividades con los nietos influyen en la memoria y la fluidez verbal.
El trabajo también indagó si las diferencias aparecen según el género de quien cuida, y si tareas como jugar o ayudar con la tarea escolar pueden tener efectos distintos en la mente.
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Qué se encontró

El estudio incluyó a 2.887 abuelos mayores de 50 años, parte del Estudio Longitudinal de Envejecimiento en Inglaterra. Los participantes respondieron encuestas y realizaron pruebas de memoria y lenguaje en tres momentos diferentes, entre 2016 y 2022.
Se preguntó si los abuelos cuidaban nietos, cuántos días al año y qué tareas realizaban: desde preparar comidas, jugar, ayudar con deberes, hasta acompañar a la escuela o cuidar durante una enfermedad.
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El análisis comparó grupos de cuidadores y no cuidadores con perfiles parecidos, gracias a técnicas estadísticas que evitan que otros factores alteren los resultados. El tiempo dedicado al cuidado no resultó clave. Así lo señala el estudio: “Solo el hecho de cuidar, y no la cantidad específica de horas dedicadas al cuidado, importó para la salud cognitiva en este estudio”.
Tampoco el tipo de tarea puntual modificó el ritmo del deterioro mental. Sin embargo, quienes hacían más actividades lúdicas o escolares con sus nietos mostraron mejores resultados en el momento de la prueba.
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La diversidad de roles fue la clave. Los investigadores puntualizaron: “Una mayor variedad de actividades de cuidado de los nietos se asoció con un mejor desempeño en la memoria episódica y mayores niveles de fluidez verbal”.
Entre abuelas y abuelos, hubo matices. Las abuelas cuidadoras presentaron mejores resultados y un menor deterioro mental que quienes no cuidaban.
En los abuelos, el beneficio se notó en el nivel actual, pero no en la velocidad de pérdida de capacidades.
El entorno y el deseo, factores que importan

La investigación sugiere que el contexto familiar y la percepción del cuidado pueden influir en los beneficios.
Los investigadores destacan la importancia de analizar si el cuidado fue voluntario y el impacto del apoyo familiar.
Entre las limitaciones, el equipo señala que no se pudo determinar el nivel de voluntariedad ni analizar el contexto emocional del cuidado. Además, el tiempo de seguimiento fue corto y faltan datos sobre otros factores familiares.
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El llamado final de los científicos invita a seguir estudiando cómo influyen el contexto y la experiencia subjetiva del cuidado en la salud mental de quienes asumen este rol vital en la familia.

En diálogo con Infobae, Carolina Díaz, médica especialista en geriatría y gerontología y directora médica del Centro Hirsch en Argentina, señaló: “Este estudio aporta una mirada valiosa y necesaria sobre el vínculo entre el cuidado de los nietos y la salud cognitiva en la vejez. Refuerza la idea de que el envejecimiento saludable no depende solo de ocupar el tiempo, sino de la calidad y el sentido de cada actividad”.
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Resaltó que “el rol con sentido y motivación que puede experimentar un abuelo o abuela hace que la persona mayor se sienta útil, necesaria y reconocida. Esto incrementa la motivación, reduce la apatía y el aislamiento, y mejora el pronóstico cognitivo”.
La interacción con los nietos implica conversar, recordar historias, responder preguntas, explicar y adaptarse a las formas de hablar de las nuevas generaciones.

“Así se activan la memoria, la atención, el lenguaje y las funciones ejecutivas, todo sin que la persona mayor perciba que está haciendo ejercicios cognitivos”, expresó Díaz.
Alertó que “si bien es fundamental promover los vínculos intergeneracionales, es importante que el cuidado por parte de los abuelos sea elegido, placentero y no genere sobrecarga”. No se trata de una estrategia de cuidado formal, sino de favorecer un vínculo enriquecedor para ambas generaciones, aclaró.
En tanto, Silvia Gascón, profesora de psicología y directora del Centro de Envejecimiento Activo y Longevidad de la Universidad Isalud, en Buenos Aires, afirmó al ser consultada por Infobae: “En una sociedad donde los vínculos parecen perder importancia, la relación entre abuelos y nietos resiste. Este lazo intergeneracional suele ser beneficioso y divertido, especialmente porque se basa en una gran reciprocidad afectiva”.

“Para las mujeres, que históricamente han asumido el rol de cuidadoras, esta tarea suele ser más sencilla y saludable. Sin embargo, una nueva generación de abuelos también está disfrutando y aprendiendo a asumir este papel”, agregó.
“Las actividades compartidas pueden ser muy diversas: ayudar con la tarea, cocinar juntos o emprender un viaje solos. La alarma se enciende cuando el placer se convierte en obligación y el disfrute puede llegar a ser perjudicial para la salud. No existen recetas infalibles, pero hay una condición fundamental: el derecho a decidir, a elegir cuándo y cómo. Los derechos no se pierden con los años”, concluyó.
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