
Una de cada dos personas en el mundo experimenta edadismo, una forma de discriminación por edad que, según Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta tanto a jóvenes como a mayores y tiene consecuencias profundas en la salud, la economía y los derechos humanos.
Este fenómeno sigue siendo una de las formas de discriminación más normalizadas y menos cuestionadas a nivel global, lo que ha llevado a la ONU y la OMS a exigir respuestas urgentes de los Estados y a impulsar campañas de concienciación para combatirlo.
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El edadismo, definido por la OMS como la presencia de estereotipos, prejuicios y discriminación por motivos de edad, se manifiesta en múltiples ámbitos: desde la atención sanitaria y el empleo hasta la educación, los medios de comunicación y las políticas públicas.
De acuerdo con el Informe mundial sobre el edadismo de Naciones Unidas, una de cada dos personas mantiene actitudes edadistas, lo que repercute negativamente en la salud física y mental de las personas mayores, reduce su calidad de vida y genera un coste anual de miles de millones de dólares para la sociedad.
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En Estados Unidos, por ejemplo, el edadismo se asocia a un gasto adicional de USD 63.000 millones en atención médica para mayores de 60 años.

El impacto del edadismo no se limita a las personas mayores. Jóvenes y adultos también sufren exclusión y desventajas en el acceso a empleo, educación y participación política. Según la OMS, el edadismo se filtra en las instituciones y sectores sociales, y su carácter implícito y subconsciente contribuye a que pase desapercibido y rara vez se cuestione.
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Michelle Bachelet, fue Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos durante la pandemia del COVID. En su momento advirtió que “el edadismo perjudica a todos, personas mayores y jóvenes. El problema es que a menudo está tan generalizado y aceptado —en nuestras actitudes y en políticas, leyes e instituciones— que ni siquiera nos damos cuenta de su efecto perjudicial para nuestra dignidad y nuestros derechos”.
Es que la pandemia de COVID-19 puso en evidencia la magnitud del problema. Durante la emergencia sanitaria, la edad se utilizó en ocasiones como único criterio para acceder a tratamientos médicos y establecer confinamientos, y tanto personas mayores como jóvenes fueron objeto de estereotipos en el discurso público y en redes sociales.
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El Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, dijo en su momento que “no podemos permitir que estereotipos, prejuicios y actitudes discriminatorias basados en la edad reduzcan las oportunidades para garantizar la salud, el bienestar y la dignidad de las personas en todas partes”.
El camino del envejecimiento saludable
Frente a este panorama, la ONU y la OMS han establecido un marco global de referencia para abordar el edadismo. El Informe mundial sobre el edadismo, publicado en 2021, y la declaración del Decenio del Envejecimiento Saludable (2021-2030) constituyen los pilares de esta estrategia internacional.
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El modelo de envejecimiento activo de la OMS, que promueve la optimización de la salud, la participación, la seguridad y el aprendizaje a lo largo de la vida, se presenta como una herramienta clave para mejorar la calidad de vida y la longevidad de las personas mayores.

Estudios académicos han demostrado que la salud física y mental, junto con la participación social y el aprendizaje continuo, son factores determinantes para la supervivencia y el bienestar en la vejez.
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El marco global propuesto por Naciones Unidas y la OMS no solo define el problema, sino que también ofrece soluciones basadas en la evidencia.
El informe recomienda a los Estados implementar políticas y leyes que prohíban la discriminación por edad, desarrollar actividades educativas que fomenten la empatía y combatan los estereotipos, y promover intervenciones intergeneracionales que faciliten el entendimiento y la cooperación entre diferentes grupos de edad.
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Además, se destaca la importancia de mejorar la recopilación de datos y la investigación sobre el edadismo, así como de fortalecer la cooperación internacional y avanzar hacia la adopción de instrumentos legales, como una posible Convención Internacional sobre los derechos de las personas mayores.
Por qué son claves las campañas de concientización
La doctora Vânia de la Fuente-Núñez, responsable de la Campaña mundial contra el edadismo en la OMS y coautora principal del Informe mundial sobre el edadismo, explicó que la campaña surgió en 2016 a petición de los 194 Estados Miembros de la OMS y que su objetivo fue “crear un mundo para todas las edades; un mundo donde nuestra edad no sea usada para categorizar y dividir a la sociedad”.
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De la Fuente-Núñez enfatizó que el edadismo afecta a todas las edades y que su erradicación requiere un enfoque integral que abarque estereotipos, prejuicios y discriminación.
Entre las estrategias más eficaces para reducir el edadismo, la OMS destaca las intervenciones intergeneracionales. Estas iniciativas, que promueven el contacto y la cooperación entre jóvenes y mayores, han demostrado reducir la ansiedad y los prejuicios entre grupos de edad y aportar beneficios adicionales, como mejoras en la salud, el bienestar y la autoestima de las personas mayores.
Ejemplos de buenas prácticas incluyen programas en Singapur, donde mayores y jóvenes comparten actividades lúdicas, y en Reino Unido, donde se fomenta la interacción y el entendimiento mutuo a través de ejercicios de imaginación y encuentros.
El rol de los medios de comunicación y las redes sociales resulta fundamental en la lucha contra el edadismo. Según la OMS, los medios pueden perpetuar estereotipos negativos o, por el contrario, contribuir a transformar el discurso social sobre la edad y el envejecimiento.
Por ello, la organización ha desarrollado guías y kits de herramientas para periodistas y comunicadores, con el fin de promover una representación más justa y diversa de las personas de todas las edades.
La cooperación internacional y la participación de especialistas en gerontología, responsables de políticas públicas, sociedad civil y el sector privado son esenciales para avanzar en la erradicación del edadismo.
La OMS insiste en la necesidad de estandarizar definiciones y métricas para medir el fenómeno y evaluar el impacto de las intervenciones, así como en la urgencia de ampliar la investigación sobre sus efectos en diferentes contextos y grupos de edad.
En última instancia, la creación de sociedades inclusivas, donde la edad no determine oportunidades ni derechos, se perfila como un objetivo central para garantizar la cohesión social y un envejecimiento saludable para todas las personas.
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