De refugiado a desarrollador de videojuegos, la historia de Lual Mayen

El jóven sudanés de 24 años creó un juego para mostrar las experiencias personales de personas huyendo de la guerra.

El impacto que generan los videojuegos en las personas alrededor el planeta es innegable. Está claro que depende de las vivencias, experiencias y situaciones personales de cada uno cómo y qué tipo de títulos influyen en la vida del jugador. El caso de Lual Mayen es bastante particular: es un exrefugiado de la Guerra de Sudán del Sur y decidió desarrollar un juego para crear conciencia de cómo viven quienes huyen de un conflicto bélico.

Sudán del Sur es el país más joven de África y del mundo, ya que logró su independencia de la República de Sudán recién en el 2011. Claro que la conformación de esta nueva nación no fue sin sufrimiento. En 2005 un acuerdo de paz terminó con la guerra civil entre tropas sudanesas y el secesionista Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán. Pero el dolor y la muerte, lamentablemente, no terminaron en ese momento, ya que desde el 2013 se encuentra, aún hoy, en una nueva guerra civil.

En ese contexto de conflicto bélico, muerte y desplazamientos obligatorios, nació hace 24 años Lual Mayen, un joven sudanés del sur que busca, desde chico, constantemente la forma de superarse con una actitud positiva y esperanzadora. La única manera que encontró su familia de escapar de esta situación fue la de trasladarse a un campo de refugiados en Uganda.

Su primer contacto con una computadora fue durante un registro en un centro, la fascinación fue instantánea. Su madre ahorró, en secreto, durante 3 años 300 dólares para poder comprarle su primera laptop, la única de todo el campo de refugiados y que aún conserva. Para cargarla tenía que caminar tres horas por día hasta un cyber café.

Video game developer Lual Mayen, 25, who learned to code in a refugee camp after fleeing South Sudan, plays his new game at his home in Washington, D.C., U.S., January 7, 2020. Picture taken January 7, 2020.  REUTERS/Lucy Nicholson
Video game developer Lual Mayen, 25, who learned to code in a refugee camp after fleeing South Sudan, plays his new game at his home in Washington, D.C., U.S., January 7, 2020. Picture taken January 7, 2020. REUTERS/Lucy Nicholson

El primer juego que lo impactó fue Grand Theft Auto (GTA). Sintió que el título de Rockstar Games contaba lo que sucedía en su país, la violencia, la muerte. Después de conocer el GTA se dijo a sí mismo que tenía que crear un videojuego que contara su propia experiencia como refugiado, una vida dura y llena de privaciones. Un juego que creara empatía y fomentara la paz y la resolución de conflictos.

En ese sentido, Lual reconoce la importancia de los videojuegos: “Son una herramienta poderosa. Porque no son como las películas que te sentás a verlas en un sillón. Cuando jugás tomás decisiones, se vuelve parte tuyo”. Así, y en el mismo campo de refugiados en el que vivía, nació Salaam (que significa “paz” en árabe), el primer videojuego creado por el joven sudanés del sur. Mediante tutoriales online aprendió a desarrollar el título que vio su primera versión en el 2017, desde ahí empezó a hacerse conocido en la industria del gaming. En el 2018, fue reconocido por Facebook Gaming y The Game Awards como Global Gaming Citizen, un premio que honra a las personas que usan el poder de los juegos para construir una comunidad y lograr un cambio positivo en el mundo.

Salaam busca enseñar al jugador cómo encontrar comida, agua y evitar disparos para sobrevivir a una guerra. Muestra al usuario, además, los problemas diarios que enfrenta un refugiado que huye de un conflicto bélico: hambre, deshidratación, desnutrición, enfermedades y falta de recursos. Como en muchos otros títulos, los jugadores tienen la posibilidad de comprar más agua, comida o medicamentos. La diferencia principal radica en que con Salaam los fondos recolectados se destinan a organizaciones que trabajan para mejorar la vida de los refugiados.

Actualmente Lual Mayen continúa avanzando en su videojuego, para el que espera lanzar la versión definitiva a mediados de este año. El premio mayor, el de superarse a sí mismo y poder salir del campo de refugiados ileso, ya lo tiene. Una historia de vida para recordar y celebrar.

Video game developer Lual Mayen, 25, who learned to code in a refugee camp after fleeing South Sudan, poses for a portrait at his home in Washington, D.C., U.S., January 7, 2020. Picture taken January 7, 2020.  REUTERS/Lucy Nicholson
Video game developer Lual Mayen, 25, who learned to code in a refugee camp after fleeing South Sudan, poses for a portrait at his home in Washington, D.C., U.S., January 7, 2020. Picture taken January 7, 2020. REUTERS/Lucy Nicholson

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