
Para los amantes de los volcanes, los periodos de vacaciones son buenos momentos para sumergirse de ruta en ruta. El Estado español propone varias rutas naturales que atravesar, desde Cataluña a las Islas Canarias, pasando por la Región de Murcia. Destinos que, además, incluyen singularidades arquitectónicas a la par que senderos que atraviesan conos activos y bosques de pinos hasta rutas por antiguos cráteres modelados por la erosión.
En el interior de Cataluña, la comarca de La Garrotxa, en Girona, se presenta como uno de los principales destinos volcánicos de la península Ibérica. Cinco pueblos —Olot, Besalú, Castellfollit de la Roca, Sant Joan les Fonts y Santa Pau— conforman el eje de un itinerario que reúne cerca de 40 volcanes. Pero no es la única zona peninsular: la Región de Murcia es volcánica e incluye un santuario que merece ser visitado. Además, La Palma, en Canarias, también es parte de ese legado de vulcanismo en España.
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Cinco pueblos de La Garrotxa, en Girona, como el epicentro de las rutas volcánicas en la península Ibérica
La comarca de La Garrotxa, en Girona, concentra en una misma ruta 40 volcanes, pueblos medievales y patrimonio románico y modernista, un itinerario que se sitúa entre Olot, Besalú, Castellfollit de la Roca, Sant Joan les Fonts y Santa Pau y que permite recorrer cráteres, coladas de lava y edificios históricos sin salir del interior de Cataluña.
El enclave más singular de ese recorrido está en Olot: el volcán del Montsacopa, con un cráter de 120 metros de diámetro y 12 de profundidad, puede recorrerse a pie desde el centro urbano. La subida alcanza los 530 metros de altitud y culmina en un mirador de 360 grados abierto todo el año tras la rehabilitación de las Torres de Sant Francesc, en 1999.
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No obstante, la comarca catalana ya es, per se, atractiva. Esta se articula en torno al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, el mayor espacio de paisaje volcánico de la península Ibérica, con cerca de 40 conos y más de 20 coladas de lava. Según recoge National Geographic, ese origen geológico explica el contraste entre el norte abrupto de la Alta Garrotxa, con montañas escarpadas y bosques de pinos, encinas y robles; y el sur, donde Olot se asienta entre conos volcánicos, prados y lava petrificada.
Por su parte, Besalú concentra uno de los conjuntos históricos más reconocibles del recorrido. Su puente de piedra, levantado originalmente en el siglo XI y flanqueado por dos torres defensivas, sigue siendo la puerta de entrada al casco antiguo, donde se conservan calles empedradas y vestigios de la antigua comunidad judía. A unos 12 kilómetros de Besalú, Castellfollit de la Roca se levanta sobre una muralla basáltica formada por la superposición de dos coladas de lava de hace unos 200.000 años. Las viviendas, construidas con roca volcánica, se alinean al borde del precipicio y dibujan una de las siluetas más características de la comarca. Muy cerca, Sant Joan les Fonts reúne una parte sustancial del patrimonio medieval de la zona.
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Mientras que Santa Pau cierra la ruta con un núcleo medieval declarado Histórico-Artístico y una cocina vinculada a los productos de la comarca. Patatas, trufas, castañas, setas y los fesols de Santa Pau, pequeñas judías blancas de piel fina y sabor dulzón, forman parte de una gastronomía asociada tanto al suelo volcánico como al entorno natural que define todo el itinerario.
Una ruta de 23 kilómetros en La Palma: seis volcanes y una combinación de ceniza, coladas de lava y pinar
Si no estás cerca de la península Ibérica, la Ruta de los Volcanes de La Palma recorre hasta seis conos históricos a lo largo de 23 kilómetros y se ha consolidado como uno de los senderos más singulares de Canarias por poseer una combinación de ceniza, coladas de lava, cresterías y pinar. El tramo más habitual entre los visitantes mide 16 kilómetros y une el Refugio del Pilar con Los Canarios en unas cinco horas y media, mientras que el recorrido completo se alarga hasta el Faro de Fuencaliente, suma alrededor de ocho horas y presenta una dificultad media-alta por el firme de ceniza y un desnivel de bajada cercano a 2.000 metros.
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El sendero atraviesa el Parque Natural de Cumbre Vieja, donde el relieve volcánico se mezcla con cumbres que alcanzan los 2.000 metros y con el bosque de pino canario. El recorrido se desarrolla por la dorsal volcánica de Cumbre Vieja, en las cotas altas del sur de la isla. Ese trazado permite enlazar varios hitos geológicos de La Palma y observar de cerca algunos de los volcanes históricos más conocidos de su territorio.
Tras ese punto, la subida continúa hasta el Duraznero y culmina en el volcán de Las Deseadas, que con 1.945 metros es el más alto de toda Cumbre Vieja. Desde esa cota, el itinerario ofrece las vistas que el guía considera las mejores de toda la travesía. Desde Las Deseadas comienza el descenso por el Llano de Guanches, todavía entre paisaje volcánico y con presencia de nuevos conos a la vista. Más adelante, el sendero entra en el bosque de pino canario, que acompaña al caminante durante los últimos cuatro o cinco kilómetros antes de alcanzar Los Canarios.
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Un ligero pasado volcánico deja verse (y recorrerse) en la Región de Murcia: la ruta por el Cerro Negro de Calasparra
La Región de Murcia conserva el rastro de su pasado volcánico en varios paisajes, pero uno de los enclaves donde ese origen puede verse con mayor claridad es el Cerro Negro de Calasparra, un cono en el que todavía se distingue un cráter y cuya huella geológica ha sobrevivido a millones de años de erosión y a la explotación de una cantera. Este volcán de Calasparra mide unos 400 metros de largo y unos 225 de ancho, y su cráter alcanza 80 metros de diámetro. El enclave está acondicionado para llegar en coche y dispone de zonas de descanso, paneles interpretativos y un mirador.

Este cerro se encuentra dentro de un mapa volcánico mucho más amplio. El territorio murciano ha llegado a tener alrededor de 30 volcanes, aunque ninguno permanece activo en la actualidad, y buena parte de los suelos agrícolas de comarcas como el Campo de Cartagena o Mazarrón tiene ese mismo origen. Lo que desencadena en una enorme diversidad paisajística: de las playas de arena a las sierras. También incluye badlands como los barrancos de Gebas, ramblas rojizas y formaciones excavadas en piedra. En ese conjunto, los volcanes aparecen como uno de los elementos menos evidentes del relieve regional.
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La actividad volcánica que modeló estos relieves se produjo hace millones de años. Esa antigüedad explica que la erosión y la acción humana hayan suavizado gran parte de los restos hasta el punto de que, a ojos no expertos, puedan confundirse con simples cabezos. Aun así, en algunos puntos ese pasado sigue siendo reconocible por el color particular de las piedras o por la presencia de restos directos del antiguo volcán. En Calasparra, además, el visitante puede recorrer un entorno preparado para la visita pese a que la cantera ha destruido parcialmente la formación.
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