
Adamuz ha sido el lugar de encuentro elegido por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO) para su asamblea general. Desde allí, los representantes empresariales han dibujado un panorama sombrío: han criticado el desplome de los precios en origen del aceite de oliva y han alertado de que mantener el precio medio actual de 3,51 euros por kilogramo empuja a pérdidas a más del 75% del olivar español, con un impacto directo sobre la rentabilidad del cultivo, el empleo rural y la continuidad del olivar tradicional y de montaña.
El Estudio de Costes 2026 elaborado por AEMO sitúa ya en números rojos a todo el olivar tradicional, tanto de secano como de regadío, y también al intensivo de secano, después de una subida de costes cercana al 12% desde 2023, en apenas tres años. Según la asociación, la caída de cotizaciones de los últimos meses tiene una gravedad especial por su intensidad y por la ausencia de razones objetivas que, a su juicio, la justifiquen.
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Los datos del estudio reflejan una estructura de costes claramente superior al precio pool medio de, por ejemplo, el 23 de junio: producir un kilogramo de aceite cuesta 5,31 euros el kilo en el olivar tradicional no mecanizable de secano, identificado como olivar de montaña; 4,55 euros en el tradicional mecanizable de secano; y 4,18 euros en el tradicional mecanizable de regadío. Esta presión también alcanza a los sistemas más eficientes. El coste se eleva a 3,52 euros el kilo en el intensivo de secano, 3,19 euros en el intensivo de regadío, 3,29 euros en el seto de secano y 3,07 euros en el seto de regadío.
Esas cifras incluyen gastos de explotación, molturación, renta de la tierra y amortización de la inversión. A partir de esa comparación, la asociación concluye que la totalidad del olivar tradicional y el intensivo de secano se encuentran ya por encima del precio actual del aceite y, por tanto, en pérdidas. Solo el intensivo de regadío y el olivar en seto, tanto en secano como en regadío, conservan margen positivo, aunque se está estrechando. En su lectura, el mercado está trasladando al aceite de 2026 una referencia de precios propia de hace una década que ya no encaja con la estructura actual de costes.
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La referencia de 3 euros por kilo ya no sirve
La asociación sostiene que, hace 10 años, un precio de tres euros por kilogramo podía considerarse aceptable, pero que ese umbral ha quedado desfasado por el encarecimiento de la mano de obra, la energía, el agua, los fertilizantes, la maquinaria y los costes fiscales y laborales. Su conclusión es que, con la subida acumulada, los tres euros de entonces equivalen hoy a cinco euros para valorar el aceite.
En la ‘Declaración de Adamuz’, el colectivo añade que esta situación llega después de varias campañas marcadas por la escasez de producción y por precios elevados. Pero en la campaña actual, señalan, el aceite de oliva virgen extra se está moviendo en valores próximos a cuatro euros por kilogramo, niveles que comparan con costes medios por encima de los cuatro euros en amplias zonas de olivar tradicional y muy por encima de los cinco euros en numerosos olivares de montaña.
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La entidad también afirma que la demanda mundial del aceite de oliva mantiene una tendencia sólida y creciente, impulsada por el reconocimiento internacional de sus cualidades saludables, gastronómicas y medioambientales. Desde esa premisa, considera especialmente difícil de comprender la evolución reciente de los precios en origen. “No se puede consentir que el aceite de oliva y la aceituna de mesa vuelvan a pagarse como hace diez años, cuando producirlo cuesta hoy muchísimo más. Si el mercado banaliza otra vez los 3 euros/kg de aceite, estará empujando al abandono a una parte decisiva del olivar español”, indica la presidenta de AEMO, Lola Amo.
La asociación extiende además este problema de rentabilidad al sector de la aceituna de mesa. Sostiene que unos precios como los actuales no benefician ni al olivar tradicional, que entra de lleno en pérdidas, ni a los modelos más eficientes, cuya rentabilidad se deteriora, ni a almazaras y envasadores si el mercado erosiona el valor global del producto.
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Transparencia, ayudas y protección para el olivar tradicional
La declaración, aprobada por los municipios olivareros, pide una mayor transparencia en la cadena de valor del aceite de oliva y en la formación de los precios en origen y reclama que las administraciones autonómicas, nacionales y europeas reconozcan el carácter estratégico del olivar tradicional y de montaña y refuercen las medidas específicas de apoyo a estos sistemas productivos.
El texto solicita que la Política Agraria Común y otras políticas nacionales y regionales impulsen una retribución justa y sostenible para los agricultores, compatible con la continuidad de las explotaciones familiares y con una ayuda a la renta que permita mantener el cultivo. A ello suma una gestión óptima del agua como elemento clave y un trabajo conjunto del sector, tanto del aceite de oliva como de la aceituna de mesa, para reforzar su valor percibido y su posición en los mercados internacionales.
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La asociación vincula esta crisis a un riesgo más amplio que la mera pérdida de ingresos agrarios. Según ha expuesto la entidad, detrás de las cifras está la continuidad de un modelo que genera empleo, conserva paisajes de valor ambiental y sostiene la economía de muchas comarcas de sierra y montaña.
Presión a la baja del aceite importado
A la poca rentabilidad de los productores de aceite de oliva se suma la importación desde el extranjero, una situación denunciada recientemente por la asociación agrícola COAG. Según la coordinadora, los envasadores nacionales han decidido sustituir el producto de origen por el tunecino, manteniendo su cadena de suministro sin necesidad de comprar en origen a precios rentables para los productores.
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En el territorio hay más de 2,7 millones de hectáreas de olivar, con más de 350.000 agricultores dedicados a su cultivo. El más vulnerable a las maniobras de presión de los envasadores es el cultivo tradicional, en secano, pendiente y con mecanización limitada, ya que opera con márgenes estrechos dentro del mercado nacional. La realidad para estas explotaciones es cultivar a pérdidas. Según COAG, esta situación provoca que muchos productores se precipiten a la hora de vender, porque necesitan liquidez, vendiendo a precios cada vez más bajos y presionando así, a la baja, al conjunto del sector.
Según ha destacado COAG, en cuatro semanas, el aceite de oliva virgen extra ha perdido 30 céntimos por kilo en origen, mientras que el virgen ha caído casi 35 céntimos. Para el campo, teniendo en cuenta que esta campaña ha sido menor que la pasada, lo que genera una oferta menor, debería contar con unos precios más elevados en origen -siguiendo la lógica de oferta y demanda-. Pero el escenario actual sigue una lógica invertida.
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La respuesta a esta cuestión se encuentra, para la Coordinadora, en la estructura del mercado, que presenta una asimetría de poder negociador, con pocos compradores frente a miles de productores y cooperativas, lo que da el poder del mercado a los envasadores, que siguen un patrón reconocible: acopio anticipado, pausa estratégica en la compra y presión psicológica contra los productores. De esta manera, se pone en entredicho la continuidad de los olivares españoles, una marca España reconocible a nivel mundial que trabaja, en ocasiones, a pérdidas.
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