El destino más misterioso de Austria, el próximo rival de España en el Mundial: el lago donde los cazadores de leyendas afirman que en su fondo hay un tesoro nazi

El lago Toplitz atrae a los curiosos desde hace décadas. Incluso se han organizado expediciones oficiales, pero parte de sus aguas son inaccesibles

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Vista aérea del lago Toplitz. (Wikipedia)
Vista aérea del lago Toplitz. (Wikipedia)

Austria será el próximo rival de La Roja en el Mundial 2026, en el partido de dieciseisavos de final que se jugará el jueves a las 21 horas. La cuna de Adolf Hitler es conocida por sus castillos y palacios, sus abadías y monasterios, sus museos y galerías, la Ópera de Viena y los edificios de los Habsburgo, la dinastía que también gobernó España y que marcó la arquitectura de su capital, el hoy famoso ‘Madrid de los Austrias’. Pero lejos de las ciudades, por supuesto, el país destaca por su paisaje alpino, repleto de parques naturales, cascadas y lagos.

Entre estos últimos, hay numerosas recomendaciones. Como señala la página turística del Gobierno de este país, “el verano en Austria, con sus maravillosos lagos de baño, es el momento ideal para abrir las ventanas y puertas interiores y tomar el aire. Nadar en aguas limpias y cristalinas es posible gracias al compromiso de las regiones lacustres y a los estrictos requisitos legales que se aplican en Austria. Las aguas de baño se controlan a intervalos regulares. Como resultado, el 97,7% de los lagos de baño tienen una excelente calidad del agua”. Además, “hay innumerables posibilidades para toda la familia, desde nadar y remar hasta hacer surf y kitesurf, desde tumbarse perezosamente sobre la piel hasta simplemente mirar al aire”. El lago Weissensee, el Attersee, el Achensee y el Neusiedl figuran entre los más recomendados.

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Pero para los amantes del misterio y de la historia —o simplemente para los que “mirar el aire” o hacer kitesurf no les resulte tan atractivo—, hay otro destino posible: el lago Toplitz. Un lugar que arrastra desde el final de la Segunda Guerra Mundial la leyenda de un tesoro nazi hundido en sus aguas, alimentada por testigos que hablaron de cajas metálicas arrojadas al fondo y por hallazgos reales vinculados al final del Tercer Reich. Un mito que asegura que el oro saqueado a víctimas judías en bancos suizos se lanzó al fondo del agua para evitar que cayera en las manos de las tropas de Estados Unidos, cuando estas se acercaban al lugar y el régimen nazi se desmoronaba.

Esta laguna alpina se enclava en un entorno de gran belleza, pero esconde unas propiedades únicas y muy curiosas

Qué se ha encontrado de verdad en el lago Toplitz

Desde entonces, los cazadores de tesoros han rondado la zona. Casi siempre sin éxito, pero en escasas ocasiones han encontrado pistas que han seguido alimentando la leyenda. En 1959, un equipo financiado por la revista alemana Stern recuperó 72 millones de libras esterlinas falsificadas y una máquina de imprenta. Esos billetes formaban parte de un plan de falsificación autorizado personalmente por Adolf Hitler para debilitar la economía británica.

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Con el avance del Ejército soviético, las planchas, los troqueles y los trabajadores vinculados a esa operación fueron trasladados a cuevas junto al lago. Al término de la guerra, el material acabó en el agua, aunque no está claro si también se hundieron allí fardos de billetes, ya que la mayoría fueron cargados en camiones y los aliados los interceptaron después. Y en 1983, un biólogo alemán localizó de forma accidental más libras británicas falsificadas, además de cohetes y misiles de la era nazi que habían estallado en el lago.

El Toplitz se formó en el último periodo glacial europeo y está rodeado de acantilados y bosques en el distrito de Salzkammergut, dentro de las Montañas Muertas. Por debajo de los 20 metros, el agua no contiene oxígeno disuelto y además es salobre. Los peces solo sobreviven en los primeros 18 metros, mientras que a mayor profundidad apenas resisten bacterias y gusanos adaptados a un entorno anóxico. A ese obstáculo se suma una gruesa capa de troncos hundidos que sube desde el fondo hasta niveles intermedios del agua. Esa barrera hace que bucear más allá resulte peligroso o imposible y sostiene la idea de que cualquier caja que siga allí estaría oculta bajo la madera.

En 2005, el Gobierno austriaco autorizó a un equipo estadounidense una nueva inmersión después de que la compañía estatal Bundesforste AG, que controla el lago, firmara un contrato con el cazatesoros Norman Scott. Irwin Klissenbauer, director de esa empresa pública, declaró entonces: “Ignoro realmente si hay algo allí abajo, pero queremos resolver este misterio de una vez por todas”. Lo que encontraron: una caja llena de latas de cerveza.

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