
La calle de los Jueus, en Sarral, un pequeño pueblo de Tarragona de cerca de 1.600 habitantes, de casas y calles de piedra, reclama el ‘récord’ de ser la vía pública más estrecha de Cataluña, con solo 57 centímetros en su punto más angosto. Se encuentra entre la plaza de la Iglesia y la calle Mayor de Sarral, y se ha convertido en un foco de atracción para turistas que quieren hacerse fotos tocando los dos lados de la calle sin tener que estirarse. Sin embargo, más allá de la simple curiosidad, el lugar destaca por su historia.
Y es que el nombre de la calle de Sarral remite a la presencia judía medieval en el municipio, documentada desde el siglo XIII. La calle, de tipo portal, con arco y dinteles, data también de esa fecha, aunque parte de su trazado fue reconstruido en 1983 tras el derribo de una de las edificaciones que la rodeaban. La pequeña vía conecta dos puntos del casco histórico.
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Hay otra calle, sin embargo, que disputa este trofeo de ser la más estrecha de la región. Se trata de la calle de las Abraçades —llamada así, aparentemente, según la leyenda popular, porque en ella dos personas que se cruzan de frente no pueden pasar sin abrazarse—, en Vimbodí y Poblet, que tiene 94 centímetros de ancho. Sobre el papel, las cifras dejan poco margen para la discusión, pero el debate aparece debido a la forma de ambas calles: la de Sarral solo alcanza sus 57 tramos de anchura en un tramo de su recorrido, y luego se ensancha, mientras que la de Vimbodí i Poblet conserva unas dimensiones muy similares, más estrechas, en todo su recorrido.
El debate se termina si se amplía el territorio del análisis a toda España: en Zaragoza, el Callejón, en Urriés, tiene solo 41 centímetros de anchura. Su propio nombre resume su condición: no se trata de una calle convencional, sino de un paso mínimo entre paredes de piedra en el centro histórico. El lugar permaneció cerrado durante 25 años por motivos aparentemente sanitarios, pero las autoridades lo reabrieron en 1955 y desde entonces sigue siendo transitable para los vecinos, aunque resulta imposible cruzarse con otra persona en su interior. Urriés cuenta con apenas 40 habitantes y durante años el Callejón fue un lugar desconocido para el gran público.
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Qué más ver en Sarral
La estrechez de la calle se ha consolidado como uno de los reclamos del municipio, pero no es el único. En la localidad también destaca la tradición del alabastro, con talleres aún activos y un museo dedicado a esta actividad.
También sobresale la iglesia parroquial de Santa María y su tímpano románico de finales del siglo XIII en el patio rectoral. Y a un kilómetro del pueblo, se encuentra la ermita de los Santos Médicos, un santuario moderno de 1970 que aprovecha un ábside gótico del siglo XIV. En los alrededores, lo habitual es realizar rutas a pie o en bicicleta por un paisaje marcado por canteras y viñedos.
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