El monasterio de Aragón con una iglesia que tardó 250 años en construirse: refugio artístico de Bécquer y una joya en medio de la naturaleza

El complejo está rodeado por una muralla de un kilómetro, tras la cual los visitantes descubren patios, huertos y molinos

Guardar
Google icon
Monasterio de Veruela, en Vera de Moncayo, Zaragoza (Shutterstock).
Monasterio de Veruela, un enclave único de Zaragoza (Shutterstock).

En pleno valle del río Huecha, cerca de Vera de Moncayo en Zaragoza, se levanta uno de los monasterios más emblemáticos de Aragón. El Monasterio de Veruela, fundado en el siglo XII, es un ejemplo sobresaliente de arquitectura cisterciense y un lugar que ha sabido reinventarse a lo largo de los siglos. No solo fue refugio espiritual y centro de poder, sino también escenario de sanación y creatividad para figuras como Gustavo Adolfo Bécquer.

El complejo monástico está rodeado por una muralla de un kilómetro, tras la cual los visitantes descubren patios, huertos, molinos y dependencias históricas que remiten a una vida autosuficiente. El aire del Moncayo y la atmósfera serena de Veruela atrajeron a artistas y viajeros, especialmente a Bécquer y su hermano Valeriano, quienes hallaron aquí alivio para sus males y una fuente de inspiración única. Durante su estancia en el monasterio, el poeta escribió las célebres Cartas desde mi celda, mientras el pintor retrató los paisajes y costumbres de la zona.

PUBLICIDAD

La historia de Veruela es la de un lugar en constante transformación. Desde su fundación por Pedro Atarés en 1145, el monasterio atravesó episodios de esplendor y destrucción, como los daños sufridos durante la Guerra de los Dos Pedros. Tras la desamortización de 1835, el cenobio se convirtió en hospedería, abriendo sus puertas a quienes buscaban bienestar físico y espiritual, antes de acoger a los Bécquer y, más tarde, a la Compañía de Jesús. Actualmente, su legado está protegido como Bien de Interés Cultural y pertenece a la Diputación Provincial de Zaragoza.

El templo que tardó 250 años en construirse

Uno de los elementos más impresionantes del Monasterio de Veruela es su iglesia, cuya edificación se prolongó durante dos siglos y medio. La monumentalidad del templo se evidencia desde la entrada: una puerta de proporciones catedralicias da paso a una nave central elevada, acompañada por dos laterales y un transepto que confiere al conjunto un aire solemne y recogido. Este largo proceso constructivo, iniciado en el siglo XII y culminado en el XIV, dotó al espacio de una riqueza arquitectónica que combina elementos románicos y góticos.

PUBLICIDAD

El monasterio abandonado de 1.100 años que está considerado como la “cuna de Castilla”.

El claustro gótico destaca por sus capiteles decorados con motivos vegetales, una seña de identidad del arte cisterciense. En torno a este espacio giraba la vida diaria de los monjes: allí se ubicaban el lavatorio hexagonal y las principales dependencias, como la Sala Capitular. Esta última, datada a comienzos del siglo XIII, alberga sepulturas históricas como la de Lope Ximénez y la del abad Sancho Marcilla.

La monumentalidad y el simbolismo del templo se combinan con la funcionalidad de las instalaciones monásticas, diseñadas para la autosuficiencia y el recogimiento. El visitante actual puede recorrer estos espacios, admirar su arquitectura y sentir la huella de los siglos en cada piedra, comprendiendo por qué este lugar fue considerado refugio y fuente de inspiración para generaciones de viajeros y creadores.

Bécquer y el Moncayo: un lugar clave para la inspiración

La relación entre Gustavo Adolfo Bécquer y el Monasterio de Veruela va más allá de una simple estancia. Entre 1863 y 1864, el poeta y su hermano Valeriano, pintor, llegaron a este enclave buscando alivio para la tuberculosis. Lo que comenzó como un retiro por motivos de salud se transformó en una etapa fructífera en lo artístico y espiritual. Durante su tiempo en Veruela, Bécquer escribió las nueve Cartas desde mi celda, textos que reflexionan sobre la vida, la naturaleza y el aislamiento, mientras Valeriano llenaba cuadernos de dibujos con escenas del entorno.

Monasterio de Veruela, en Vera de Moncayo, Zaragoza (Shutterstock).
El monasterio donde descansaba Bécquer. (Shutterstock).

En la actualidad, las celdas que alojaron a los hermanos han sido convertidas en espacios expositivos que recuerdan su paso por el monasterio. Así, Veruela se consolidó como un lugar de encuentro entre la historia, el arte y la espiritualidad, abierto hoy a viajeros que buscan la misma inspiración que hallaron los célebres hermanos. El Monasterio de Veruela no solo es un testimonio de la arquitectura en Aragón, sino también un escenario vital en la biografía de uno de los grandes poetas españoles. Sus muros narran siglos de historia, recogimiento y creatividad.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD