
Se puede decir que Barcelona es la capital mundial del Modernismo. Así, a lo largo de sus calles se pueden encontrar infinidad de muestras de esta arquitectura que evidencian la gran importancia cultural e histórica que albergan. Algunos de los monumentos son reconocidos mundialmente gracias a su alto valor artístico, como es el caso de la Sagrada Familia o la Casa Batlló, pero no solo la Ciudad Condal cuenta con tesoros modernistas, sino que a lo largo de toda la provincia se pueden encontrar edificios y construcciones con este estilo.
Así, Gaudí es el artista por excelencia del Modernismo, pero no es el único que diseñó verdaderas obras de arte. Uno de ellos es Enric Sagnier, que con un amplio conjunto de monumentos bajo su tutela, cuenta con una auténtica joya a menos de una hora de Barcelona. Se trata de la Farineria de Vic, una construcción que a día de hoy acoge el Centre d’Arts Visuals La Farinera. Este espacio cultural y educativo cuenta con una fachada de lo más curiosa, ya que está decorada con cerdos esculpidos en la piedra.
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Una antigua fábrica
La construcción de la Farinera de Vic fue encargada por el industrial Joan Torra entre 1896 y 1897. Torra, que deseaba crear una fábrica de salchichones singular, eligió a Enric Sagnier, uno de los grandes arquitectos modernistas catalanes, para llevar a cabo el diseño. A pesar de no gozar de la misma fama que otros exponentes del modernismo como Domènech i Montaner o Puig i Cadafalch, la obra de Sagnier es una clara representación de su estilo, fusionando clasicismo con un modernismo contenido que le otorgó una gran presencia urbana.
El edificio se caracteriza por una ornamentación cargada de simbolismo, en la que los cerdos y jabalíes, más de cincuenta repartidos por sus fachadas, destacan como un homenaje al principal producto de la fábrica: el embutido. Esta decoración, lejos de resultar grotesca, se integra con elegancia gracias a la policromía rosada del estuco, aludiendo al color del animal. La fachada, bañada en un tono almagra, define la personalidad cromática de la edificación, otorgándole una presencia distintiva en el paisaje urbano de Vic.
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La evolución del uso y la iconografía del edificio

Aunque la estructura del edificio permaneció casi intacta durante sus primeras etapas como fábrica, la iconografía cambió en 1930, cuando el empresario Esteve Costa adquirió la propiedad y la reconvirtió en una harinera. Este cambio no solo trajo consigo un nuevo uso, sino también una nueva decoración, centrada en espigas de trigo y escenas agrícolas. Además, una escultura de Sant Jordi, realizada por Pere Puntí i Terra, se instaló en la fachada este, convirtiéndose en un símbolo del nuevo nombre de la fábrica: Farinera Sant Jordi.
A lo largo de los años, el edificio pasó a llamarse Farinera Catalana en 1956, nombre que mantuvo hasta el cierre de la actividad industrial en 2007. Durante este tiempo, la decoración del edificio evolucionó con nuevas representaciones visuales, reflejando los cambios en los productos que allí se fabricaban y, al mismo tiempo, en la propia industria catalana. A pesar de los cambios en el uso del edificio, ciertos elementos de su pasado industrial aún permanecen. El interior fue completamente renovado tras su cierre como fábrica, pero se conservaron detalles como los esgrafiados florales en las fachadas, las columnas de hierro fundido y otros elementos que evocan su origen industrial.
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Uno de los detalles más curiosos que aún puede observarse es el tobogán negro de hierro en forma de espiral, por donde se deslizaban los sacos de harina, un vestigio de la época en la que la harinera operaba a plena capacidad. La rehabilitación más reciente, llevada a cabo en 2009 por el equipo de arquitectos Garcés – de Seta – Bonet, respetó al máximo la envolvente original del edificio. El objetivo fue mantener la coherencia estética entre las distintas etapas del edificio, respetando su esencia modernista pero adaptándola a su nueva función cultural. Hoy en día, la Farinera de Vic alberga una oferta cultural y educativa, siendo un referente en la ciudad para actividades formativas, exposiciones y eventos.
Una construcción coherente y armónica
Adyacente a la fábrica, se encuentra la Casa dels Masovers, también conocida como la Casa del Director, una edificación más discreta, pero que sigue el mismo estilo arquitectónico que el edificio principal. Con una planta baja y un piso, su fachada destaca por una galería de grandes dimensiones con tejado propio. Al igual que en la fábrica, la decoración y los esgrafiados en los aleros mantienen una conexión estilística que une ambas construcciones, formando un conjunto coherente y armónico.
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En la calle Bisbe Morgades, la casa presenta una galería que da a la calle, mientras que en la calle Vilabella forma una terraza. La reja exterior y los detalles de la decoración mantienen la vinculación con la Farinera, reforzando la unidad estética del conjunto.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 1 hora por la carretera C-17. Por su parte, desde Girona el trayecto tiene la misma duración estimada por la carretera C-25.
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