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El abuelo tatuado de Felipe VI: los dos dragones orientales que lucía don Juan de Borbón de su época como marinero, hechos con aguja al estilo clásico

El padre de Juan Carlos I se hizo los tatuajes durante sus travesías al pasar por India y China

Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I (Grosby)
Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I (Grosby)
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Los dragones tatuados que lucía don Juan de Borbón en los antebrazos resumían una vida que empezó en el mar antes de quedar atravesada por la sucesión dinástica: el abuelo de Felipe VI se los hizo en Oriente en 1932, cuando tenía 19 años y se formaba como marino, mucho antes de que las renuncias de sus hermanos le colocaran en el centro de la línea sucesoria.

Cada dibujo ocupaba un antebrazo completo y respondía a un código naval preciso. Uno era de origen indio y el otro chino: el derecho identificaba su cargo de oficial y el izquierdo, el de marinero, de modo que el conde de Barcelona podía exhibir ambos rangos, según explicó Luis Mollá, capitán de navío de la Armada y autor del libro Eso no estaba escrito en mi libro de historia de la navegación, en una entrevista con ABC.

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La historia de esos tatuajes retrata también la distancia entre generaciones dentro de la Casa Real. Mientras Felipe VI nació ya marcado por su condición de heredero y cuenta con una imagen mucho más formal, don Juan no fue criado para reinar: era el sexto hijo de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y en los planes iniciales de la familia no entraba que accediera al trono. En 1933, cuando Alfonso renunció a sus derechos dinásticos y Alfonso XIII forzó a Jaime a hacer lo mismo, la atención se concentró en Juan. El problema era que el infante estaba entregado a otra vocación: la marina.

Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I (Grosby)
Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I (Grosby)

La entrevista de don Juan de Borbón

Como contó en una entrevista televisiva con Pilar Trenas recuperada años después, la afición náutica de don Juan nació en los veranos de Santander, cuando la familia pasaba temporadas en el Palacio de La Magdalena. “En los veranos en Santander comenzó mi afición marinera porque veíamos las regatas”, contó el conde de Barcelona a la periodista para el programa 30 Minuts.

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A los 18 años empezó su formación naval. Ingresó en la Escuela Naval Militar a finales de los años 20, pero la proclamación de la Segunda República en 1931 y la salida de la familia real de España le obligaron a continuarla en la Royal Navy británica. En esa etapa pasó dos años en un crucero inglés y recorrió el Atlántico, el océano Índico, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.

“El Atlántico ha sido el mar que más he navegado”, dijo en la entrevista emitida en los años 90 por el programa Los Reporteros, de Canal Sur, que retransmitió la charla con Trenas una vez el conde murió. “En un crucero inglés me pasé dos años por la India, así que también me hice el Índico entero, con el Golfo Pérsico y el Mar Rojo”, narró el padre del rey Juan Carlos.

Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I (Grosby)
Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I (Grosby)

Fue en una de esas paradas donde decidió tatuarse: “Mis tatuajes son todos navales. Uno indio y otro chino. Me los hice cuando estuve por ahí en el año 32”. La técnica era la tradicional, sin máquina que valiese: “Para hacer uno tardaron tres horas y aquello era sentir el pinchazo con la aguja”, le explicó a Trenas sobre los cerca de 6.000 pinchazos que tuvieron que hacerle.

Los tatuajes del padre de Juan Carlos I

Don Juan nunca se arrepintió de ellos. Los enseñaba con orgullo siempre que podía remangarse o vestir manga corta, pese a que no era una imagen habitual en un infante. La conversación en la que don Juan mostró sus brazos se grabó a comienzos de los años 80 para la primera temporada del histórico programa informativo de TV3. La cadena catalana nunca la emitió por razones desconocidas y el testimonio no vio la luz hasta 1993, cuando Canal Sur difundió en Los Reporteros la única entrevista televisiva existente del conde de Barcelona pocos días después de su muerte.

Trenas fue quien logró que abriera las puertas de su casa de Puerta de Hierro, bautizada Villa Giralda en recuerdo de su residencia del exilio en Estoril. Allí habló de una infancia solitaria en la corte de Alfonso XIII, de los veranos previos a la Guerra Civil en La Granja de San Ildefonso. El momento más llamativo llegó en el jardín, con la camisa de manga corta que dejaba ver los dibujos. “En aquella época era muy normal, muy de marino. El que pasaba por Oriente, se los hacía. Hoy en día es menos común”, dijo entonces.

El 2 de junio de 2014 marcó un antes y un después en la historia reciente de la monarquía española. Aquel día, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba la abdicación de Juan Carlos I tras casi cuatro décadas en el trono. El monarca que había sido una de las figuras clave de la Transición cedía el testigo a su hijo, Felipe VI, en un movimiento que buscaba garantizar la continuidad de la Corona en un momento especialmente delicado.

La tradición marinera incluía otras marcas que él no llegó a adoptar. Pudo haberse perforado el lóbulo izquierdo para llevar un pendiente como señal de haber cruzado el Cabo de Hornos, una de las travesías más arriesgadas, pero no quiso hacerlo. El mar siguió marcando su vida mucho después de asumir el peso dinástico, que acabaría recayendo en su hijo, el actual rey Juan Carlos. Navegó hasta el final de sus días y cada año recorría 5.700 millas marinas. “El mar no cansa al que le gusta”, solía decir.

A bordo del balandro Saltillo, botado en 1932, se reunió con Franco en 1948 en el yate Azor. En esa misma embarcación viajó a Inglaterra para asistir a la coronación de Isabel II en 1953, conoció a la entonces princesa Sofía de Grecia durante unas vacaciones reales por las islas griegas en 1954 y volvió a embarcar ocho años después para acudir en Atenas a la boda de su hijo Juan Carlos con Sofía.

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