
Es difícil imaginar cómo una charla de bar entre un chico y una chica, una fiesta de hermandad con modelos o una carrera de remo podrían integrarse en la misma película y conseguir decir de esta que fuese una adelantada a su tiempo, una crónica de toda una época y también una de las mejores obras de su tiempo, pero así fue. No es que no se supiera que se estaba ante una gran película, pero lo cierto es que el paso del tiempo ha tratado a La red social mejor que a pocas otras cintas en la historia reciente del cine. Con el estreno de su secuela no-oficial, El precio de la red, y el regreso tanto del guionista Aaron Sorkin como de la figura de Mark Zuckeberg, era el momento de repasar la increíble pero cierta historia de una de las mejores películas de la década pasada.
Antes de El precio de la red, que llega esta semana a cines sin el director David Fincher ni el actor Jesse Eisenberg pero con Aaron Sorkin y Jeremy Strong como Mark Zuckerberg en su lugar, estuvo una película que comenzó de forma algo improvisada, cuando ni siquiera la obra en la que se basa estaba publicada. Como reflejaría la propia historia, regata incluida, lo importante era ser el primero, y ahí Aaron Sorkin estuvo más ágil que nadie para comenzar a trabajar sobre el inacabado trabajo de Ben Mezrich que se transformaría en Multimillonarios por accidente: El nacimiento de Facebook. Una historia de sexo, talento, dinero y traición.
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“Lo estaba leyendo y, en algún momento de la página tres, dije que sí. Fue la vez que más rápido he dicho que sí a algo... Querían que empezara enseguida. Ben y yo estábamos investigando un poco al mismo tiempo, más o menos por caminos paralelos”, confesaría Sorkin, por entonces ya un guionista reputado por Algunos hombres buenos o El ala oeste de la Casa Blanca. Su investigación lo llevó incluso a montar un grupo dentro del propio Facebook, además de contactar con varias de las personas involucradas en la creación de la web, que prefirieron mantenerse en el anonimato. Todo ello mientras Mezrich se basaba en la versión del cocreador de Facebook, Eduardo Saverin, y sin pasarle a Sorkin los avances: “Nos reuníamos dos o tres veces. Yo iba a Boston, o quedábamos en Nueva York, y más o menos comparábamos notas e intercambiábamos información, pero no vi el libro hasta que él lo terminó. Para cuando vi el libro, probablemente ya llevaba hecho el 80% del guión”.

La ‘Ciudadano Kane’ de las películas de adolescentes
Algo que tenía claro Sorkin es que quería estructurar de una forma muy determinada la película para que se fueran entremezclando distintos tiempos entre las tres versiones de la historia: la de Eduardo Saverin (Andrew Garfield), cocreador de Facebook y encargado de darle el impulso económico inicial, los hermanos remeros Winklevoss (Armie Hammer), que reclamaban haber tenido la idea original; y Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), el chico que una noche decidió crear una web para comparar chicas del campus y que terminó pagando a los otros dos tras disputas legales por la propiedad, la idea original y la dilución de acciones de la mayor red social de todos los tiempos, Facebook.
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David Fincher, conocido por Seven y El club de la lucha y quien venía de realizar Zodiac y El curioso caso de Benjamin Button, aceptó adaptar bajo la producción de Sony el guion de Sorkin, el cual calificaría de “La Ciudadano Kane de las películas de John Hughes”, haciendo referencia al mítico director que popularizó el cine adolescente en los años 80 gracias a películas como El club de los cinco o Todo en un día (Ferris Bueller’s Day Off): “Es lo más parecido a una película de John Hughes que he podido hacer. Para mí, eso supuso salir de mi zona de confort al mostrar a los frikis en su hábitat natural. Pude decirle al estudio: ‘No hay estrellas de cine en esta película, solo chicos de entre 20 y 25 años’. Fue increíblemente divertido y liberador poder simplemente elegir a las mejores personas para esos papeles”.
De este modo, Fincher dio a parar con un Jesse Eisenberg que parecía la viva imagen de Mark Zuckeberg, el cantante Justin Timberlake —quien le ganó la partida a Jonah Hill en el papel por el fundador de Napster, Sean Parker— o Andrew Garfield en su primer gran papel antes de dar vida a Spider-Man. Con Armie Hammer fue por partida doble, pues interpretaba a los gemelos Tyler y Cameron Winklevoss, para lo que usó a un doble (Josh Pence) y luego en posproducción sustituía su rostro por el de Hammer, siendo casi imposible notar la diferencia. Si bien este último es persona non grata en Hollywood —del mismo modo que Kevin Spacey, quien por cierto es productor ejecutivo de la película—, lo cierto es que La red social impulsó sobremanera las carreras de Garfield y Eisenberg, aunque este último “ya no quiere ser asociado con ese personaje”.
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El falso Harvard y el mimo que iluminó el camino
Fincher tenía a los actores, a parte de su equipo habitual —con el director de fotografía Jeff Cronenweth a la cabeza— y un guion terminado y bien pulido, pero faltaba una cosa: el campus donde se ambientaba buena parte de la historia. Harvard se negó a que La red social se rodase dentro de sus instalaciones porque la historia de demandas legales, robos de propiedad intelectual y negligencias de su cuerpo de estudios le producía demasiada vergüenza, por lo que Fincher tuvo que rodar buena parte de las escenas en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Sin embargo, el cineasta encontró la forma más ingeniosa y extraña posible para poder rodar escenas exteriores de Harvard y así saltarse el veto con la ayuda de un inesperado aliado: un mimo.
“En Harvard no fueron de gran ayuda. Una película sobre las disputas entre estudiantes y las demandas judiciales que se derivaron de ellas no era un tema que les interesara mucho. A David se le ocurrió la idea de un carrito a batería con unas luces. Luego consiguió que un artista callejero llevara el carrito al campus, iluminara los arcos mientras hacía mímica, hasta que Jesse pasara corriendo. Entonces apagaba las luces y se marchaba”, recordaría el director de fotografía sobre la curiosa anécdota. ¿Pero, por qué un mimo? “Si el personal de seguridad lo detenía, el mimo no diría nada. Para cuando lo sacaran de allí, ya habríamos conseguido nuestra toma”.
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El resto, como suele decirse, es historia. La red social se convirtió en un clásico prácticamente desde su estreno, aunque en los Oscar solo obtuvo 3 premios: Sorkin por el guion, para Trent Reznor y Atticus Ross por la innovadora banda sonora en la primera de una exitosa y duradera asociación musical, y montaje. El galardón a Mejor Película fue a parar a El discurso del rey. El tiempo ha dado la razón a Fincher y Sorkin porque hoy día nadie se acuerda de aquella tierna pero endeble película sobre el discurso de Jorge VI, mientras que todo el mundo sabe la diferencia entre un apasionado y un gilipollas y que, si los hermanos Winklevoss hubieran inventado Facebook, “habrían inventado Facebook”. Todos menos quizá Mark Zuckerberg, quien dijo de ella que solo habían acertado en una cosa: “Solo acertaron en el vestuario, muchas de las prendas que salen en la película también lo están en mi armario. Pero aquellos que buscan una reflexión sobre las redes sociales y nuestro viaje hacia un mundo más conectado tendrán que esperar y, por el momento, seguir buscando”.
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