Una década después del debut de la primera serie en Netflix, el actor Charlie Cox ha retomado el papel de Matt Murdock, conocido como Daredevil, en una nueva etapa titulada Daredevil: Born Again. Esta continuación, distribuida por Disney+, ha sido recibida como una de las propuestas más intensas y oscuras dentro del universo televisivo de Marvel, con una segunda temporada que amplía la violencia y la tensión política que ya estaba presente en la primera parte.
El inicio de esta segunda tanda de episodios se caracteriza por una secuencia impactante en la que Matt Murdock asalta un barco mercante fuertemente armado en Nueva York. Frente a la amenaza de la banda de Wilson Fisk, conocido como Kingpin, el protagonista utiliza sus habilidades al máximo antes de que el carguero estalle, un hecho que pone de manifiesto la gravedad de los intereses que se disputan en la serie. Esta escena inicial marca el nuevo tono: más crudo, con la figura de Daredevil dominando la narrativa y enfatizando la brutalidad como elemento identitario de la etapa.
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La trama sitúa a Wilson Fisk como alcalde de Nueva York, consolidando su dominio mediante el uso de la fuerza y el terror, y rodeado por figuras que remiten a personajes históricos de la Revolución Francesa. Bullseye, interpretado por Wilson Bethel (presente en la reciente Mujeres imperfectas), destaca en esta entrega como ejecutor implacable, siendo responsable de algunas de las escenas más salvajes. La violencia se convierte en un rasgo omnipresente, alcanzando cotas inéditas para una producción de Marvel. Estos excesos no buscan únicamente el espectáculo, sino que configuran una atmósfera opresiva y una narrativa que explora los límites entre héroe y vigilante.
Ocho episodios de acción y reflexión política
La segunda entrega consta de ocho episodios que, a diferencia de sus predecesores, mantienen un ritmo frenético sin episodios de transición. Todos los capítulos contribuyen con fuerza a la progresión de la historia central, logrando que cada uno de ellos tenga un peso específico, y permitiendo que la dualidad entre Matt Murdock y Daredevil gane nuevos matices. Mientras que en la primera temporada el protagonista aparecía emocionalmente destruido, aquí el conflicto se extiende a todo su entorno; incluso personajes como Kingpin experimentan una pérdida de control que añade capas de complejidad al relato.
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Un dato ‘diferenciador’ de esta segunda temporada que vertebra la narrativa es el carácter político y casi insurreccional de la lucha de Daredevil contra el poder establecido. La presencia de Karen Page (Deborah Ann Woll) como aliada cobra nueva importancia en la estrategia del protagonista, mientras que la sombra de Foggy Nelson (Elden Henson) sigue influyendo en la dimensión moral y personal de Matt Murdock.

La serie, bajo la dirección de Dario Scardapane y con dirección destacada de Justin Benson y Aaron Moorhead en varios episodios, consigue juegos de cámara cerrados y movimientos nerviosos que transmiten la tensión directa al espectador.
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Al centrar muchas de sus escenas en Gracie Mansion (residencia oficial del alcalde de Nueva York), la serie ahonda en la corrupción política, la manipulación de la opinión pública y la construcción de un “task force” policial represivo; una trama que recuerda, en clave de ficción, a debates sociales vigentes.
La interacción entre Daredevil y Kingpin también se ve alterada por la aparición de nuevos personajes, como Heather Glenn (Margarita Levieva) y el papel de la reportera BB Urich (Genera Walton), que convierten a Nueva York en un personaje más dentro de la trama. El personaje de Bullseye, con ataques inesperados y coreografías impactantes, toma mayor protagonismo sobre otros como Punisher.
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Cómo se integra ‘Daredevil: Born Again’ en Marvel
En cuanto a su integración en el Universo Cinematográfico de Marvel, la segunda temporada de Daredevil: Born Again se desmarca como un microcosmos casi autosuficiente, centrado en el mundo urbano y alejado de la escala monumental de otros proyectos próximos, como Vengadores: Doomsday o Avengers: Secret Wars. Aun así, la serie no abandona las conexiones con el resto del universo Marvel, reservando referencias discretas para los seguidores más atentos.
La ejecución visual refuerza la carga emotiva en cada personaje con una cuidada paleta cromática y efectos de iluminación, especialmente cuando el “nuevo” traje negro de Daredevil se funde con los colores del entorno, generando imágenes que transmiten la crudeza y la tensión.
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El apartado actoral, con Vincent D’Onofrio como un Kingpin aún más impredecible y peligroso, o el regreso de Krysten Ritter como Jessica Jones, ha recibido reconocimientos unánimes en las críticas. Del mismo modo, la revista Variety incide en el tratamiento realista de los conflictos emocionales y políticos de los protagonistas, llevando la serie más allá del mero enfrentamiento físico.
Lo que no deja de resultar sorprendente es que un personaje que en su día se dio por perdido, se haya convertido en una de las grandes sorpresas de Marvel en la actualidad.
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El fracaso inicial de ‘Daredevil’
En 2003, Ben Affleck protagonizó la primera película en torno a este superhéroe ciego creado por Stan Lee, pero fue masacrada por la crítica. Tampoco tuvo mucha suerte el posterior spin-off Elektra (2005), con Jennifer Garner, de modo que parecía que esa línea se había terminado ahí.
Sin embargo, el director y guionista Drew Goddard (que acaba de firmar el guion de Proyecto Salvación) se encargó de darle una nueva vida al personaje para una serie de Netflix que alcanzó tres temporadas y que se encargaría de sentar las bases de lo que ahora es Daredevil: Born Again, (aunque haya cambiado de plataforma), ya que se mantiene la mayor parte de su reparto original. Un caso insólito que demuestra cómo los fracasos de las franquicias se pueden reconvertir en éxitos.
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