
Diez minutos después de que la prensa vea Aída y vuelta en la sede de su distribuidora en Madrid, su actor, director y guionista Paco León (Sevilla, 1974) y el también co-escritor Fer Pérez (Sevilla, 1983) se sientan con Infobae para hablar de la película, el filme que retoma (en parte) la ficción de casi el mismo nombre 12 años después. “¿Pero gustaba a la gente?”, quiere saber el cineasta tras comentar que la proyección ha terminado hace escasos minutos. Gustar, no sé, pero las risas desbordaban la sala.
León, quien da vida a Luismi y a él mismo, junto a Pérez —que ya escribió para la serie y desde entonces colaboran de manera frecuente—, realizan un ejercicio de comedia y autoficción en la vida de una semana de rodaje de Aída con un cambio temporal. “¿Qué hubiera pasado si la serie hubiera continuado cuatro años más y hubiera coincidido con, por ejemplo, el Me Too? El 2018 es el año en el que cambió todo. Y ahí empezamos a imaginar”, explica su director. Querían “hacer un examen de conciencia de la serie y de los tiempos”, como añade su compañero, también guionista en la cinta Kiki, el amor se hace o la serie Arde Madrid.
El cineasta y actor lleva semanas intensas de ‘promo’, asegurando que tenía claro que no iba a hacer un capítulo largo. Y eso tiene un poquito de mentira, pero también de verdad. El director confirmó este miércoles en El Hormiguero que, con el estreno del largometraje, que ve la luz este viernes 30 de enero, se incluye un QR postcréditos para ver un nuevo episodio de la ficción que durará unos 23 minutos, mucho menos que los originales, que rondan la hora. “No ha sido fácil desoír las pataletas del público sabiendo que podía decepcionar a parte de los fans. Pero confiamos en que los reales, como diría Bad Bunny, lo van a agradecer”, añade León a este medio.
En 98 minutos, Aída y vuelta encuentra un hueco para hablar de feminismo —con mención al caso que rodea a Carlos Vermut—, la cultura de cancelación, la corrección política o incluso el VIH que padece el actor y director Eduardo Casanova, y que anunció el pasado 18 de diciembre. Todo ello sin perder un ápice del humor burdo que ya rodeaba los 237 episodios que formaron la serie. “Cuando hacíamos Aída, el tono era tan cañero que era raro el capítulo sin una denuncia. Ahora el humor televisivo es más correcto, aunque convive con uno muy incorrecto en redes o en lo privado”, asegura León. “Chistes como: ‘Es que pareces más Monica Bellucci que Nevenka’ son muy fuertes, pero no queríamos traicionar el tono de la serie y ahora volvernos finos y correctos”.

Mucho de eso tiene la trama. La película arranca con un chiste que no le hace gracia a Miren Ibarguren. “Eso está basado en un hecho real. Se pone de manifiesto el pecado, pero no el pecador”, bromea Pérez, que se niega a dar más detalles del hecho en cuestión. ¿Y qué se hace cuando en una lectura de guion a alguien no le hace gracia un gag? “No se cambió, se obligó a esta persona a decir lo que estaba escrito”, apunta el director.
Pero el humor de la cinta llega en un momento marcado por el auge de la extrema derecha y discursos más reaccionaros que los que había cuando Aída estaba en prime time. “Es una comedia muy abierta, un vodevil. No pretende dar lecciones morales ni posicionarse. Se ríe de todo, como pasaba en la serie. Es verdad que yo siempre he sido muy inocente y nunca veo polémica en nada, y después pasa, o sea que a saber. Pero no me parece una película polémica para nada”, narra León. “Había gente que le caía muy simpático Mauricio Colmenero porque se veía reflejado y gente que le gustaba mucho porque le parecía un hijo de puta facha que había que reírse de él. Lo bueno que tiene el humor es que también depende de quién lo hace y quién lo escucha”.
La (A)ida y vuelta de Carmen Machi
La historia también pone el foco en el desgaste personal que supuso la serie, cuya idea de resucitarla fue de la misma persona —y protagonista— que la abandonó en julio de 2008: Carmen Machi. Tras cuatro temporadas, la ganadora de un Goya hizo que Aída entrara en prisión para retirarse de la ficción. Como explicó en una entrevista con El Mundo en 2019, se vio “superada” por la fama de una serie que hacía unas cifras de un 30% de share, entre tres y cinco millones de espectadores. Machi sufrió ansiedad y fobia al ser humano diagnosticadas, además de una severa dermatitis atópica. La serie pudo con ella y el filme se encarga ahora de tratar el desgaste que supone cargar con un éxito que nunca pensaban que rozarían. “Nunca pensamos que Aída llegaría tan lejos”, admite el co-guionista. “Éramos muy jóvenes, la televisión era otra. No teníamos ego ni conciencia del alcance real de lo que hacíamos. Sabíamos que hacíamos audiencia, pero estábamos a otra cosa: a juntarnos y pasarlo bien”.
“Lo de Carmen fue muy traumático, ella misma lo ha contado. Pero nosotros lo exageramos y lo ficcionamos. Partimos de algo real y lo mezclamos con metacine, algo que yo ya había hecho antes”, añade León, haciendo referencia a Carmina o revienta (2012) y Carmina y amén (2014). “También tiene que ver con el concepto de familia que era Aída. Terminamos siendo una familia y lo seguimos siendo hoy. Para contar eso tienes que irte a la trastienda, donde están las relaciones, los problemas, las bodas, las enfermedades… está la vida”, apunta Pérez. Aun así, la vuelta no ha sido para todo el mundo. Prácticamente, el cast al completo decidió regresar para el filme, con la excepción de Ana Polvorosa, quien interpretaba a Lore.
En todos estos años, también ha cambiado radicalmente la forma de hacer televisión. “Se escribía de una manera que ya no se hace: muchos guionistas para un capítulo, público en plató… Todo eso se ha perdido”, lamenta León. Por su parte, Pérez reinvindica la figura del guionista. “La profesión no estaba en la posición en la que está hoy, mejor vista y mejor valorada. Éramos números. No había diferencia entre un guionista y un administrativo”.
Replicar un éxito
¿Pueden replicarse fenómenos nacionales como Aída? “Cada cosa es fruto de su tiempo”, reflexiona León. “Hay una nostalgia de ese humor y de esa convivencia con una serie que se veía todos los domingos, pero ahora el consumo es otro”. “Aída ha sido como compañero del final de la semana, los domingos se acababan con unas risas. Y esto no es fácil ahora. El mundo ha cambiado y la tele ya no se ve igual. Todo el mundo ve contenido mucho más rápido, en los móviles”. Además, ahora la mayoría de series no pasan de una o dos temporadas. “Pero la gente sigue teniendo ganas de ese tipo de humor y también lo siguen consumiendo. Aída se sigue viendo ahora”.

Sin embargo, culturalmente, se tienden a alargar más los éxitos de lo que se debería. “Encontrar un éxito es muy complicado. Vivimos en un sistema capitalista donde se estira hasta que no se pueda más. Nosotros dos escribimos Arde Madrid y nos costó muchísimo no hacer una segunda parte, por ejemplo”, añade el director sobre la serie de la vida de la actriz Ava Gardner cuando vivió en Madrid entre 1961 y 1967.
Si Aída fue el retrato de una España concreta, Aída y vuelta dialoga con un presente que, para sus creadores, no es tan distinto. “Esto sigue siendo vigente”, sostiene León. “No sé, Julio Iglesias, un enano... Convivimos todo el tiempo con cosas que están en la película”. En un contexto de crispación, la cinta también propone “buscarle más humor a todo, ponerle un poco más de simpatía y de risa”, apunta el co-creador. “Algo muy sano es reírse de uno mismo. En vez de reírte de la gente, ríete de ti”, describe León. “España siempre ha sabido reírse de sí misma y quizá lo estamos perdiendo”. Aída y vuelta, concluyen, invita a recuperarlo.
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