
Aún son varias las incógnitas sobre el papel que ha jugado Marruecos en la crisis que el pasado 30 de julio llevó a unas 72.000 personas migrantes a cruzar desde territorio africano a la ciudad autónoma. Sin embargo, no hay duda de que este episodio ha expuesto las tensiones entre España, Marruecos y la Unión Europea, y ha reavivado el debate sobre el control fronterizo, la desinformación y el uso político de las imágenes de las llegadas masivas de migrantes.
Anna Terrón, investigadora principal en el Migration Policy Institute y exsecretaria de Estado de Inmigración, analiza en esta entrevista con Infobae las causas multifactoriales del fenómeno, el impacto de la narrativa mediática y la respuesta europea. La experta también critica la ausencia de una aplicación rigurosa de las reglas del acuerdo Schengen frente a la crisis.
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Pregunta: ¿Cómo se ha instrumentalizado políticamente la imagen de la entrada masiva a Ceuta desde Marruecos?
Respuesta: La imagen de personas saltando una frontera y evocando el descontrol siempre es muy vistosa. Pero creo que en este caso, además, se ha producido una descontextualización muy notable, porque la dificultad de comprender todos los detalles y marcos en los que hay que ubicar Ceuta ha facilitado mucho esta descontextualización. De repente surgió la idea de la extensión de esta crisis en el espacio Schengen, cuando es imposible que se extienda, porque hay un control fronterizo y, de hecho, España, en temas de control de fronteras y sobre todo en el sur, siempre ha estado en la línea dura. Es más, la seguridad en los ocho kilómetros de frontera de Ceuta ha sido absolutamente criticada por muchos actores. Por tanto, creo que la descontextualización del fenómeno en relación con Ceuta, lo ha hecho mucho más grande y ha dado mucha más capacidad de fabricar una imagen de absoluto descontrol en una frontera.
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P: ¿Considera entonces que España ejerce un buen control sobre sus fronteras?
R: Creo que Ceuta tiene una situación muy peculiar. Es [junto con Melilla] la única frontera terrestre europea con África y no está en el espacio Schengen. Y lo que ha ocurrido en esta crisis no puede adjudicarse a una sola causa y ahora estamos conociendo mejor la concatenación de causas, desde cómo se ha reinterpretado la sentencia del Supremo [que recientemente dictaminó que son ilegales las “devoluciones en caliente” de migrantes que llegan a nado a Ceuta y Melilla si no superan un elemento físico de contención fronteriza] a la desinformación que ha habido en las redes sociales. Es una crisis multifactorial.
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P: Todavía no está claro cuál ha sido el papel de Marruecos en la crisis de Ceuta, pero son muchas las voces expertas que apuntan a Rabat como responsable. ¿Cree que ha participado?
R: Yo no puedo probar que Marruecos ha participado, pero lo que sí es evidente es que, hasta un cierto momento, lo que hizo fue simplemente no hacer caso de la situación y no intervenir. Después empezó a cooperar con España, pero hasta ese momento, lo más que se puede decir es que ahí hubo una indiferencia. También se hace difícil pensar que un hecho de este volumen pasa por debajo de los radares de todo el mundo, pero bueno, estamos ante una crisis de nueva generación y, de momento, podemos decir que ha sido una crisis multifactorial y multiactor.
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P: ¿Cómo han influido la desinformación y los bulos, y qué papel juega el racismo?
R: Creo que el elemento de racismo está subyacente a la manipulación de estas imágenes. Pero ahí hay muchas cosas. Por un lado, la constatación de que los jóvenes marroquíes estén intentando salir de la manera que lo están haciendo, que es bastante duro de ver y aceptar. Por otro lado, están las redes sociales, que han funcionado de una forma que, por lo menos anteriormente, no habían funcionado en el sentido del resultado. Además, hay muchos actores a los que esa lectura de esa imagen les puede venir bien en este momento.
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Creo que los ciudadanos tienen todo el derecho a ver controlada su frontera y a no vivir escenas de caos, pero también creo que el racismo emergente en este momento se nutre de estas imágenes. Es un elemento de politización, es decir, de uso político, que no lo vemos ante otras cosas.
Un resumen cronológico de la crisis migratoria que sacudió la ciudad española de Ceuta, mostrando la llegada masiva de migrantes desde Marruecos, la declaración de emergencia nacional, el despliegue del ejército y las medidas adoptadas por el Gobierno.
P: Al inicio de esta crisis, varios países de la Unión Europea, especialmente Italia y Dinamarca, criticaron la gestión de España y su política migratoria, aunque días después, tras la reunión de los ministros del Interior del bloque, mostraron su apoyo y solidaridad con el Gobierno de Pedro Sánchez. ¿Ha echado en falta un liderazgo más fuerte de la Unión Europea?
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R: Más que liderazgo de la UE, porque la UE somos todos y desde luego las competencias migratorias están en muy buena medida en manos de los Estados miembros, lo que he echado en falta es acudir a las reglas que tiene Schengen. Schengen no es un acuerdo para que circulemos libremente, es un acuerdo muy sofisticado con un código de reglas que se debe cumplir y hemos visto más bien cómo los Estados, por su cuenta, tomaban medidas más dirigidas a un mensaje político hacia su propia nación que a medidas propias de las normas previstas ante una situación de este tipo. Friedrich Merz [canciller de Alemania] sí dijo que le habían asegurado que estas personas no llegaron al territorio Schengen, mientras que otros países decidieron actuaciones unilaterales, como en el caso de Italia, que también regulariza a personas migrantes, pero de otra manera. Por tanto, sí he echado de menos la comprobación por parte de la Comisión Europea de cómo están las cosas, lo que establece el código de fronteras exteriores, lo que establece el acuerdo de Schengen, que es muy claro en este sentido y no permite ese tipo de actuaciones unilaterales.
Hay una dimensión geopolítica de esta crisis y, en ambos lados, en la dimensión geopolítica y en lo que tiene de cuestión migratoria, la debilidad europea es una debilidad ante terceros y ante la posibilidad de resolver ese tipo de crisis en un futuro.
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P: ¿Cree que la inmigración es la mayor fractura en la Unión Europea en estos momentos?
R: Se me hace difícil valorar qué parte tiene que ver con la realidad y, en ese caso, sí que sería la migración, y qué parte tiene que ver con las narrativas distintas sobre esta cuestión. Es verdad que el Gobierno español ha usado una narrativa distinta, pero también es verdad que este Ministerio del Interior, como todos los que ha habido en España, independientemente del color que sea, ha tenido una línea dura de control fronterizo en el sur y acuerdos de expulsión con Marruecos, con Mauritania, con Senegal y con Gambia. Luego ha tenido una narrativa interior más orientada a la integración y que ha ido más de la mano de los empleadores, sindicatos y de los actores sociales. Pero eso no lo convierte en un país blando en relación a la política de fronteras. Es más, España ha invertido un capital político enorme en la aprobación del Pacto Europeo de Migración, que es un pacto de control fronterizo. Entonces, bueno, ¿es la inmigración o es la narrativa que se usa desde determinados puestos de poder hacia los ciudadanos en relación con la inmigración y con el otro? No es fácil qué parte se adjudica a una cosa y qué parte a la otra porque no estamos en una situación migratoria de emergencia como pudimos estar en 2015, cuando en realidad se trataba de una guerra en Oriente Medio y una crisis humanitaria y de refugio de millones de personas. Pero no estamos ahí. Las cifras en la Unión Europea, de acuerdo a los datos de Frontex, han estado bajando durante todo el año y han bajado especialmente en España [entre el 1 de enero y el 31 de julio de 2026 han llegado al país 17.097 personas por vía marítima y terrestre, un 15% menos que en el mismo periodo de 2025, según datos del Ministerio del Interior].
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P: ¿Cree que la crisis de Ceuta servirá para evitar otras futuras?
R: Por lo menos espero que aprendamos a cumplir las reglas de Schengen y del Pacto Europeo de Migración. Espero que por lo menos aprendamos que la solidaridad interna en la Unión Europea no debe darse en el minuto diez, sino en el minuto uno y, por lo menos, esa fase hacia la propia reivindicación, hacia el interior, no pueda más que la solidaridad dentro de las reglas internas.
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