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Las lecciones que deja la crisis de Ceuta: “La gestión migratoria de la UE no puede quedar reducida a una lógica de contención”

Rut Bermejo, investigadora del Real Instituto Elcano, advierte que Europa debe decidir si mantiene su dependencia de terceros países para frenar la migración irregular o si apuesta por estrategias más amplias

Migrantes hacen cola para recibir comida y bebida de Cruz Roja en Ceuta el 3 de agosto. (REUTERS/Violeta Santos Moura)
Migrantes hacen cola para recibir comida y bebida de Cruz Roja en Ceuta el 3 de agosto. (REUTERS/Violeta Santos Moura)
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La entrada irregular de unas 72.000 personas migrantes a Ceuta desde Marruecos el pasado 30 de julio, que ya ha dejado al menos 141 muertos y ha desbordado los servicios de emergencia y acogida de la ciudad autónoma, ha impulsado a la Unión Europea (UE) a mostrar un cierre de filas en apoyo a España, tras la reunión extraordinaria de los ministros del Interior celebrada el pasado martes. Un encuentro en el que, según explicó en rueda de prensa Fernando Grande-Marlaska, los socios europeos coincidieron en la necesidad de reforzar las fronteras exteriores, los retornos, la cooperación con terceros países y la capacidad de anticipación ante futuras crisis, al tiempo que trasladaron su “solidaridad” con España y elogiaron su “gestión eficaz”. Sin embargo, a pesar de ese respaldo de la UE, persisten diferencias profundas sobre la política migratoria entre los Estados del bloque y la sostenibilidad de esta unidad permanece en cuestión.

Según explica a Infobae Rut Bermejo, investigadora del Real Instituto Elcano, cuando se produce una crisis de gran magnitud en una frontera exterior de la UE, los Estados miembros tienden a priorizar la estabilidad del espacio Schengen y la solidaridad institucional, pero “eso no es lo que se vio en las primeras horas de la crisis”. “Más bien hubo una culpabilización a España y una falta de solidaridad en muchos Estados europeos con la ya famosa carta de los 22″, una misiva liderada por la primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, y Dinamarca en la que cuestionaron la política migratoria española y denunciaron medidas como la regularización de migrantes, al considerarla “un factor de atracción”. Debido a estas diferencias “profundas y estructurales” sobre migración entre los diferentes países, Bermejo considera que esta unidad de la UE “no será necesariamente sólida a largo plazo”.

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Rut Bermejo, investigadora senior no residente para Migraciones del Real Instituto Elcano. (Cedida a Infobae)
Rut Bermejo, investigadora senior no residente para Migraciones del Real Instituto Elcano. (Pablo Acosta)

“Lo más probable es que la UE mantenga una posición común mientras las crisis sean percibidas como episodios puntuales que afectan a una frontera exterior concreta. No obstante, si se repiten llegadas masivas o si surgen discrepancias sobre las causas de estos movimientos, los retornos, el asilo o la cooperación con terceros países, podrían reaparecer las fracturas entre los Estados más favorables al endurecimiento de las políticas migratorias y aquellos que apuestan por enfoques más equilibrados entre control y protección”, señala la especialista en migraciones.

Si bien la reunión de los ministros del Interior de la UE ha servido para rebajar tensiones y reconstruir el consenso europeo, “no ha eliminado las divergencias de fondo sobre migración”. “La unidad existe hoy, aunque sigue siendo una unidad condicionada por la evolución de futuras crisis y por la capacidad de la UE para ofrecer acercar posturas y dar respuestas comunes que satisfagan a sensibilidades políticas muy distintas”, añade Bermejo.

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Los “escasos resultados” del ‘modelo Albania’ que impulsa Italia

Tras la crisis en Ceuta, el Gobierno de Meloni suspendió temporalmente el acuerdo de libre circulación del espacio Schengen con España y, aunque ahora también ha rebajado la tensión con el Gobierno de Pedro Sánchez, Italia sigue presionando en Europa con su ‘modelo Albania’, un sistema que permite trasladar a territorio albanés a personas migrantes interceptadas en el Mediterráneo para tramitar allí sus solicitudes de asilo antes de que puedan entrar en la UE. A pesar de que este modelo ha sido presentado por Meloni como una herramienta innovadora para reducir la presión migratoria sobre las costas europeas, “sus resultados siguen siendo escasos y discutibles”, recuerda Bermejo, y su aplicación ha quedado condicionada por las resoluciones de los tribunales italianos y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

Un resumen cronológico de la crisis migratoria que sacudió la ciudad española de Ceuta, mostrando la llegada masiva de migrantes desde Marruecos, la declaración de emergencia nacional, el despliegue del ejército y las medidas adoptadas por el Gobierno.

“Más allá de su fuerte valor político y simbólico especialmente para los partidos de extrema derecha que proclaman un férreo control de las fronteras, el ‘modelo Albania’ ha encontrado importantes obstáculos jurídicos y operativos. Los tribunales han cuestionado en varias ocasiones aspectos de su aplicación, especialmente en relación con las garantías procesales y la consideración de los países de origen como ‘seguros’, lo que ha dificultado que el sistema funcione con la rapidez y la escala inicialmente prometidas”, explica la experta a este periódico.

Además, en términos de eficacia, aún no existe evidencia concluyente de que los centros externalizados fuera de la UE constituyan una solución estructural a los flujos migratorios, añade. “Pueden tener un efecto disuasorio sobre determinados perfiles migratorios, pero ni mucho menos abordan las causas profundas de la movilidad ni impiden que las rutas se desplacen hacia otros puntos de entrada”.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, durante la cumbre del G7 en Evian-les-Bains, Francia, el  pasado 16 de junio. (REUTERS/Isabel Infantes/Pool)
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, durante la cumbre del G7 en Evian-les-Bains, Francia, el pasado 16 de junio. (REUTERS/Isabel Infantes/Pool)

Derechos humanos

En cuanto al respeto de los derechos humanos, afirma Bermejo, el principal riesgo es que la externalización de procedimientos migratorios “genere zonas grises de responsabilidad jurídica” y, de hecho, organizaciones internacionales y entidades de defensa de los derechos fundamentales han advertido reiteradamente de que cualquier sistema de este tipo debe garantizar plenamente el respecto de esas personas, su acceso a asistencia legal, con procedimientos de asilo efectivos y con mecanismos de supervisión independientes.

“Desde la perspectiva europea, el problema es que no todos los Estados miembros comparten la misma visión. Algunos gobiernos consideran el modelo italiano una referencia para reforzar el control migratorio, mientras que otros temen que contribuya a fragmentar la política común de asilo y migración y que contribuyan a trasladar responsabilidades fuera del territorio de la Unión”, indica.

Varias personas migrantes en una playa de Ceuta. (Europa Press)
Varias personas migrantes en una playa de Ceuta. (Europa Press)

Dependencia de la cooperación con terceros países

La reciente crisis de Ceuta ha evidenciado, además, la fuerte dependencia europea de la cooperación con terceros países para el control migratorio. “La capacidad de Europa para gestionar sus fronteras exteriores no depende únicamente de sus propios recursos, sino también de la colaboración activa de países vecinos como Marruecos. Cuando esa cooperación se ve alterada o resulta insuficiente, incluso de forma temporal, las consecuencias pueden ser inmediatas y de gran magnitud”, añade. Por ello, el debate de fondo no es únicamente si el ‘modelo Albania’ funciona o no, sino “hasta qué punto Europa quiere seguir basando su estrategia migratoria en la externalización del control fronterizo” frente a décadas anteriores en que buscaba otros objetivos con esos países de origen como la ayuda al desarrollo.

Aunque la principal ventaja de la externalización de los controles migratorios es que permite reducir la presión sobre las fronteras europeas, sostiene Bermejo, también “aumenta la dependencia de terceros países y desplaza debates clave sobre soberanía, derechos y responsabilidad fuera de la UE”. En ese sentido, la crisis de Ceuta ha demostrado que la gestión migratoria europea depende en gran medida de la solidez de la cooperación con sus vecinos.

Medidas para prevenir futuras crisis

Para prevenir futuras crisis, la investigadora del Real Instituto Elcano considera que España debe reforzar su capacidad de análisis prospectivo y de coordinación entre administraciones, mejorar la preparación ante escenarios de llegadas masivas y disponer de protocolos más ágiles para movilizar recursos humanos, sanitarios y de protección civil en poco tiempo.

Un miembro de las fuerzas de seguridad españolas hace guardia mientras un menor migrante procedente de Marruecos permanece en el agua tras cruzar a Ceuta el 1 de agosto. (REUTERS/Violeta Santos Moura)
Un miembro de las fuerzas de seguridad españolas hace guardia mientras un menor migrante procedente de Marruecos permanece en el agua tras cruzar a Ceuta el 1 de agosto. (REUTERS/Violeta Santos Moura)

En el ámbito europeo, asegura, la principal lección es que “las fronteras exteriores son una responsabilidad compartida”, por lo que, además de reforzar los sistemas de alerta temprana, “la UE debería avanzar hacia una política migratoria más coherente y menos reactiva, combinando control fronterizo, cooperación con países de origen y tránsito y vías legales de migración que reduzcan la presión sobre las rutas irregulares”. De hecho, los ministros europeos han insistido precisamente en la necesidad de fortalecer la cooperación con terceros países y mejorar la capacidad de anticipación de futuras crisis.

Pero hay una lección adicional que deja Ceuta, insiste Bermejo, y es que Europa debe asumir que su política migratoria depende en gran medida de la colaboración de los países vecinos. Por eso, además de invertir en seguridad fronteriza, “la UE debería construir relaciones más estables, equilibradas y estratégicas con países como Marruecos, evitando que la gestión migratoria quede reducida exclusivamente a una lógica de contención”.

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