Silvia Severino, psicóloga: “Las personas que se adaptan a cualquier grupo suelen haber tenido una infancia donde se les rechazaba”

Los llamados “camaleones sociales” a menudo pueden preocuparse por la autenticidad de sus vínculos

Guardar
Google icon
La psicóloga Silvia Severino en sus redes sociales (@silviaseverinopsico)
La psicóloga Silvia Severino en sus redes sociales (@silviaseverinopsico)

Hay personas que parecen tener una habilidad extraordinaria para integrarse en cualquier entorno. En una reunión formal adoptan un tono serio y contenido; entre amigos extrovertidos se muestran espontáneas y desenfadadas; y con las personas más tímidas se calman y son capaces de hacerles sentir cómodos en grupo. Sin embargo, lo que para muchos parece una destacable capacidad social podría esconder un complejo mecanismo psicológico desarrollado a lo largo de los años.

La psicología ha estudiado durante décadas las estrategias de adaptación social y los procesos mediante los cuales las personas modifican su comportamiento para ajustarse a las expectativas de su entorno. Aunque cierto grado de adaptación es normal y necesario para la convivencia, algunos expertos advierten de que, en determinados casos, esta flexibilidad puede convertirse en una forma constante de autoanulación.

PUBLICIDAD

Sobre esta cuestión reflexiona la psicóloga Silvia Severino (conocida en redes sociales como @silviaseverinopsico), un fenómeno que denomina “camaleonismo social”, una conducta que lleva a algunas personas a modificar su manera de actuar casi de forma automática dependiendo de quién tengan delante.

“¿Conoces a alguien que encaja en cualquier grupo sin esfuerzo aparente? Con los serios es serio, con los espontáneos es espontáneo. Nadie nota el cambio porque lo hace de forma automática”, explica la especialista en el vídeo. Según Severino, detrás de esa aparente facilidad para relacionarse existe un proceso interno mucho más complejo de lo que suele percibirse desde fuera.

PUBLICIDAD

“A eso le llamamos camaleonismo social. Por dentro están constantemente leyendo el ambiente, ajustando y calculando”, señala. Esta vigilancia permanente del contexto puede generar un importante desgaste emocional, ya que la persona permanece alerta para detectar qué comportamiento será mejor aceptado en cada situación.

Así nace un “camaleón social”

La psicóloga vincula este patrón con experiencias tempranas de la infancia. “Muchos psicólogos lo asocian a una infancia donde ser ellos mismos generaba rechazo”, afirma. Cuando un niño percibe que determinadas características de su personalidad provocan críticas, desaprobación o falta de afecto, puede aprender a modificar su conducta para obtener aceptación y reducir el malestar emocional.

Con el paso del tiempo, esta estrategia puede consolidarse hasta convertirse en una respuesta automática. El problema aparece cuando la adaptación deja de ser una elección consciente y pasa a definir la manera habitual de relacionarse con los demás. En esos casos, la persona puede llegar a sentirse desconectada de sus propias preferencias, emociones e incluso de su identidad.

“Con el tiempo, ya no saben bien quiénes son cuando no hay nadie a quien adaptarse”, advierte Severino. Esta sensación de vacío o confusión es una de las consecuencias más frecuentes descritas por quienes experimentan este tipo de comportamiento. Al haber dedicado años a responder a las expectativas ajenas, resulta difícil identificar qué deseos, opiniones o necesidades son realmente propios.

¿Puede la genética determinar tu salud mental? Un gen define cómo respondemos ante el estrés.

El peligro de adaptar la propia identidad hasta desfigurarla

La situación también afecta a la forma en que se viven las relaciones personales. Aunque estas personas suelen ser percibidas como sociables y agradables, a menudo conviven con una duda persistente sobre la autenticidad de los vínculos que construyen. Si cada relación se desarrolla desde una versión adaptada de sí mismas, surge una pregunta difícil de responder.

“La pregunta que más les persigue no es cómo caer bien a las personas, sino si alguien alguna vez les quiso de verdad o solo quieren la versión que están mostrando”, concluye la psicóloga.

Los especialistas recuerdan que la capacidad de adaptación es una herramienta valiosa para desenvolverse en sociedad. No obstante, cuando la necesidad de agradar se convierte en una obligación permanente y la identidad personal queda relegada a un segundo plano, puede ser conveniente explorar las causas profundas de ese comportamiento.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD