El aburrimiento cuesta más a las empresas que el estrés: 4 de cada 10 trabajadores españoles sienten que su trabajo no importa

El problema que más absentismo genera en las empresas españolas no es el estrés, sino la desconexión silenciosa de quienes siguen en su puesto pero han dejado de estar presentes de forma real

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Personas sentadas trabajando en escritorios con computadoras en una oficina oscura con lámparas
Varios empleados frente a ordenadores en una oficina. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aburrimiento laboral acumula el doble de coste organizativo que el estrés en las empresas españolas, pero apenas figura en los sistemas de gestión de personal. Así lo revela el Informe sobre el Estado de las Personas en la Empresa, elaborado por Dathum a partir de 31.257 trabajadores, 15 sectores y cinco años de datos continuos entre 2021 y 2026, el mayor estudio de estas características realizado en España. Su conclusión más preocupante no es que las organizaciones gestionen mal el problema, sino que llevan años sin verlo.

El 12,6% de la fuerza laboral española lleva dos años consecutivos en zona de aburrimiento, un estado que los especialistas describen como déficit de reto, estímulo y sentido en el trabajo. Frente a ese porcentaje, solo el 4,6% se encuentra en zona de estrés, el problema que concentra la mayor parte de la inversión en bienestar corporativo. La persona en zona de aburrimiento sigue en su puesto, sigue cumpliendo y sigue apareciendo en las reuniones, pero ha dejado de estar presente de forma real.

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El reconocimiento profesional es la variable más deteriorada en las organizaciones españolas. El 40% de los trabajadores está en zona baja de reconocimiento, lo que significa que 4 de cada 10 personas han dejado de creer que su trabajo importa. Las consecuencias son medibles: quienes se encuentran en esa situación registran 16,4 veces más absentismo y 15,1 veces más casos de baja productividad que aquellos con reconocimiento alto. La correlación entre reconocimiento y compromiso es la más elevada de todas las variables del modelo.

Los trabajadores aburridos cogen más bajas

Ese estado de desconexión, cuando se prolonga sin intervención, deriva en apatía, y la apatía es el mejor predictor de absentismo que arroja el modelo de Dathum, con una correlación de 63,5 sobre 100. El contraste con el estrés es directo: la correlación entre estrés y absentismo es prácticamente nula. Las organizaciones españolas llevan años interviniendo sobre el factor que menos predice el problema y sin actuar sobre el que más lo anticipa.

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El segmento de la población trabajadora que más alimenta esa espiral es el de 35 a 44 años. El informe de Dathum los identifica como el núcleo productivo de las organizaciones españolas, pero también como el tramo con el compromiso más bajo de toda la curva activa: 63 sobre 100, frente a una media del modelo de 68,6. Este grupo concentra además el absentismo más alto y el menor reconocimiento percibido de cualquier franja de edad. El 15,3% trabaja bajo un estilo de liderazgo que no cuenta con ellos ni reconoce su contribución, el porcentaje más elevado de toda la serie.

El mal liderazgo acentúa el problema

Un 12,2% adicional de ese mismo tramo trabaja bajo lo que el estudio denomina liderazgo de utilización, un modelo en el que se extrae rendimiento de las personas sin considerar su criterio, sus necesidades ni su desarrollo. Se les pide resultado, pero no se les devuelve nada. Las tres dimensiones de la seguridad psicológica (sentirse reconocido, poder contribuir sin miedo y tener relaciones de apoyo) alcanzan su mínimo simultáneo exactamente en ese tramo de edad, no en los más jóvenes ni en los más próximos a la salida, sino en el centro de la organización.

El dato que cierra el retrato es también el que conecta el problema con su origen: con un manager de perfil inclusivo, el reconocimiento percibido por el equipo alcanza 68,5 sobre 100. Con un manager de exclusión, ese índice cae a 16,8. La distancia entre ambos perfiles de liderazgo explica, en gran medida, por qué el segmento que más aporta a las organizaciones españolas lleva dos años consecutivos al alza en zona de aburrimiento sin que casi ninguna haya intervenido.

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